Los ilusos #27: caprichos varios

Hola, ¿cómo están? Espero que muy bien. La última columna dejé abierto el interrogante, así que me atajo por el hecho de que esto no haya salido la semana pasada. Hay más de 20k de casos diarios y un montón descerebrados diciendo que el hisopado tiene un cosito de metal que te inocula el positivo. Si te preocupa mucho la falta de regularidad de este espacio, la verdad es que te lo agradezco mucho, pero estás un poco mal del marote.

Los motivos de las inconstancias son variados, algunos vinculados con la revista y otros no tanto. En lo que les incumbe, la revista, estamos muy cerca de sacar un nuevo especial, dedicado íntegramente a Sir Ridley Scott. Un cineasta que consideramos que no es tan apreciado como debería. Como suele suceder, en las próximas semanas habrá una serie de medidas publicitarias para promocionar el número: adelantar la tapa, algún que otro trailercito y se irán adelantando en la web algunas de las notas que componen el número.

Pero no solo eso, ya está en marcha la organización del número 37, del que no quiero spoilear demasiado, pero estará dedicado a una plataforma en particular. Si todo marcha según lo previsto, para el último tramo del año también saldrá el especial 38 y terminaremos con tres nuevos ejemplares bajo el sol. Si hubiera elecciones en la junta directiva de esta revista pareciera que estoy en campaña, pero bueno, era necesario mejorar la performance de este editor.

Todo esto, sumado a la gestión diaria de la revista, tres trabajos y ahora el regreso a las aulas virtuales, dificultan encontrar el momento oportuno para escribir 2000 o 3000 palabras a la semana. Y tampoco me parece prudente despojar a este querido antro que hemos podido construir de su ethos originario. El resultado de la negociación no puede ser otro más que una pauta de flexibilidad: capaz que una semana no sale; capaz que una semana sale un miércoles, otra el jueves y otra el viernes. Pero salir va a seguir saliendo.

Luego de este prólogo, con el que ya les gané 318 palabras, les comento sobre qué vamos a charlar hoy:

Por un lado, en el presunto radar de novedades, armé un popurrí de cosas que me quedaron afuera y algunas que son efectivamente novedades: The Bee Gees: How Can You Mend a Broken Heart, Barb and Star Go to Vista Del Mar,  Godzilla vs. Kong y Freaky.

En las misceláneas atemporales tengo dos películas españolas no muy conocidas pero sí muy interesantes (Una vez más y Encallados), que tienen un vínculo muy directo con el realizador de un film que da nombre a este espacio: Jonás Trueba.

En cuanto a los libros, no tenía nada nuevo u original para traer, así que apelé a algo más clásico y una de mis compilaciones favoritas: El placer de la mirada, de François Truffaut.

Ahora sí. Sin más preámbulos, comencemos.

Radar de novedades: The Bee Gees: How Can You Mend a Broken Heart, Barb and Star Go to Vista Del MarGodzilla vs. Kong y Freaky

The Bee Gees: How Can You Mend a Broken Heart es un documental de Frank Marshall (Congo, Arachnophobia) que se estrenó hace unos meses vía HBO. Por si no se lo imaginaban con el título, cuenta y repasa la carrera de los Bee Gees. A los más jóvenes les cuento, los Bee Gees era un grupo de tres hermanos ingleses que fue furor en los 70, en los albores de la música disco.

Injustamente recordados y encasillados por la canción de Fiebre de sábado por la noche, los hermanos Gibb eran grandes cantantes. Algo creo que hablé sobre ellos cuando mencioné a Melody en esta columna, a raíz del fallecimiento de Alan Parker.

El documental de Marshall explora de una manera muy esquemática, pero efectiva, la vida de los tres hermanos desde los inicios del grupo hasta la actualidad. Su vida familiar, su ingreso en la música, la fama, el estrellato y el declive final. No es una historia trágica en sí misma, sino más bien triste. Los Bee Gees se fueron apagando lentamente, sin grandes escándalos, y la terminación del grupo tuvo que ver por los fallecimientos que fueron ocurriendo. El documental cuenta muy bien la unión entre los hermanos y la relación que tenían entre sí.

Me gustó mucho y lo recomiendo para quienes quieran conocer más y hacer una puesta en valor del grupo.

Barb and Star Go to Vista Del Mar es uno de esos delirios que aparece cada tanto, aunque cada vez menos. Josh Greenbaum es un director con bastante experiencia en la comedia y el absurdo, que hace con esta su primera película de ficción (creo, no estoy seguro), en la que demuestra muchísima frescura para mezclar los géneros y los tonos de las situaciones que relata.

Uno podría pensar en Barb and Star Go to Vista Del Mar como una buddy movie, casi como una sátira de lo que podría ser Thelma & Louise, pero es mucho más que eso. Hay algo en el tono que es muy particular; una estética medio kistch, parecido a lo que podrían ser las películas de Austin Powers, con mayores tintes escatológicos. Es realmente bastante complejo de descifrar porque la película tiene una mecánica muy propia para interpretar todas las referencias.

En lo personal, creo que ese humor funciona muy bien. Greenbaum entiende a la perfección la estructura dramática del chiste y el gag, y trabaja todavía mejor el código del verosímil con los actores. Kristen Wiig (Star), Annie Mumolo (Barb) y Jamie Dorman (Edgar), hacen un trabajo notable en personajes que están muy bien escritos.

Volví después de todos estos meses al cine y fui a ver Godzilla vs. Kong, la última de estos monstruos gigantes golpeándose entre sí y rompiendo todo a su paso. Hace algunos meses, cuando salió el especial 34, dedicado al Nuevo Hollywood, escribí una nota sobre el mumblecore y cómo fue un género que dotó de muchísimos nombres frescos a la nueva industria cinematográfica norteamericana. El caso de Adam Wingard, director de este último tanque, viene por ahí.

Wingard está dentro de ese grupete de directores asociados al mumblegore, la vertiente de terror, casi siempre más tirando al thriller, del mumblecore. Hizo cine de bajo presupuesto y luego fue escalando a producciones más grandes. Algunas con peores resultados que otras, en 2017 dirigió la espantosa versión live-action de Death Note.

En resumen, es un mercenario, pero de los buenos. Uno de esos artesanos que tiene todas las herramientas y el oficio para contar algo de una forma decente si los papeles están más o menos ordenados y eso es lo que pasa en Godzilla vs. Kong. La película sabe qué intenciones tiene, qué busca y en ningún momento se toma demasiado en serio. Cuando abraza por completo la ciencia ficción es donde mejor funciona.

Freaky es uno de los estrenos semanales pero que ya venía disponible en el videoclub amigo desde hace unos meses. La última película de Christopher Landon (el de la saga Happy Death Day), también es producida por Blumhouse y repite un poco la estructura de algunos de sus films anteriores: tomar el “concepto” de un clásico y reversionarlo. Al estilo Save the Cat.

Así como había hecho con Groundhog Day, acá Landon toma el concepto de las comedias donde un protagonista joven cambia el cuerpo con un adulto (Freaky Friday o 18 again!) y lo adapta a una suerte de película de terror en clave de comedia teen.

Que no se oculten las referencias, que la cosa no se tome demasiado en serio, que se construyan muy bien los personajes y que las interpretaciones sean muy sólidas es lo que hace que la película funcione muy bien y logre cierta identidad propia que la separa a Landon de ser un mero carterista profesional. No es que sea una maravilla, tampoco que quiera que vayan al cine cuando todo está estallado, pero si lo hacen, creo que es de las mejores opciones en la cartelera.  

Misceláneas atemporales: dos españolas que se parecen a las de Trueba

Mi amor incondicional por el cine de Jonás Trueba no es ningún secreto. Está declarado por completo. Hay algo de mi historia personal, pasada y reciente, que me interpela por como elige retratar a España (por lo general a Madrid) y que produce una serie de emociones y sensaciones que son difíciles de explicar con palabras. Algo así como saudade de lo desconocido.

Hay en Trueba Jr. otras cuestiones que lo hacen ser un cineasta muy particular. Creo que es de los pocos realizadores de su generación que ha logrado trazar una suerte de línea directa con la nuevas olas europeas, pero no con ese cine, sino más bien con las referencias y cineastas a los que las nuevas olas intentaban revalorizar.

Si bien son films “políticos”, en la medida en la que expresan visiones muy puntuales sobre lo humano y la forma de vivir en una sociedad. Esas definiciones aparecen como atemporales. En las películas de Jonás los contextos son ambiguos y muy poco directos. No son relatos situados.

En esa línea tropecé con dos películas que podrían haber formado parte del corpus de obras del director, por cómo están hechas y pensadas, pero que a la vez tienen la inteligencia suficiente como para alejarse y generar un relato mucho más situado de su contexto sociohistórico, convirtiéndose en films que revisten un mayor interés al momento de querer analizar el momento de su producción.

La más nueva es Una vez más, film de 2019 de Guillermo Rojas, que relata el regreso de Abril a Sevilla para el funeral de su abuela. Una vez en la ciudad, Abril se reencuentra con Daniel, su expareja a quien dejó hace cinco años cuando ella se fue a trabajar a Londres. Durante un día ambos recorren la ciudad y conversan sobre su pasado, presente y futuro.

La referencia a La reconquista de Trueba es directa, lineal y no se esconde. Tan explícita es, que en un momento ambos personajes la van a ver al cine. Sin embargo, Rojas encuentra una línea argumental para su película que no está presente en la obra homenajeada: la realidad del trabajo basura en Europa. Esto se menciona a lo largo de todo el film, pero es en el último acto donde cobra mayor fuerza y donde el director se permite reflexionar sobre cómo la migración interna por la falta de oportunidades para los jóvenes en los países europeos ha cambiado por completo a su forma de vivir y relacionarse.

Algo similar podría decirse de Encallados (2013) de Alfonso Zarauza, que cuenta como un grupo de amigos quiere realizar una película sobre la catástrofe del Prestige, ocurrida en 2002, en Galicia. El desastre del Prestige tuvo lugar cuando un buque petrolero se hundió con 77000 toneladas de combustible a 250 km de la costa gallega. Es considerada como una de las catástrofes medioambientales más relevantes de la historia de la navegación.

El planteo de Alfonso Zarauza en su película, podría estar muy en línea a lo que ocurre en Los Ilusos, gente tratando de hacer una película y lo difícil del cine independiente, pero hay un cambio fundamental que aparece en el hecho de que la película esté situada en un tiempo y espacio determinado. Es, en definitiva, una película sobre la comunidad, donde la Xunta de Galicia, el galego y sus callecitas ocupan un protagonismo central.

Si les interesa la historia reciente de España y si les gustan las películas de Jonás Trueba, Una vez más y Encallados son exponentes muy bellos de un cine español independiente y muy situado.  

Qué estoy leyendo: El placer de la mirada, de François Truffaut

Si hablo de Jonás, por qué no hacerlo de François, el otro capricho permitido de este pasquín.

En este caso se trata de una compilación póstuma de textos, junto con Las películas de mi vida la más famosa de su carrera. Si bien Truffaut comenzó a planear la publicación a inicios de los 80, nunca llegó a verlo concluido. Falleció en 1984, a los 52 años, a causa de un tumor cerebral. El libro se publicaría tres años más tarde.

El libro se divide en 5 “capítulos” o bloques temáticos: El cine en primera persona donde el cineasta habla de su experiencia como realizador (destaco dos textos hermosos: El realizador no puede quejarse y Rodando para Spielberg); Homenajes y retratos, donde hay loas y alabanzas para sus referencias más importantes en el cine (Chaplin, Sacha Guitry, Renoir, Cocteau, entre otros); Literatura y cine; ¡Viva la estrella!, dedicada a los interpretes; y Un poco de polémica no hace daño (¿les suena?), un bloque es recupera varios de sus escritos de su época de crítico polemista de la Cahiers (entre esos textos se encuentra el célebre Una cierta tendencia del cine francés).

Como siempre digo, Truffaut es básicamente lo que cualquier amante del cine debería ser: un apasionado por las películas, sus realizadores (en sentido amplio), y su estudio y divulgación.

Y bueno, eso fue todo por esta semana. Veremos que nos depara la que viene o la próxima. A cuidarse mucho que la gripezinha está desatada.