Uno de los griales, sobre la aparición de Gugusse et l’automaton

Grial es el nombre que se le da tradicionalmente a la copa que utilizó Cristo en la última cena, que, de aceptar su existencia, se encuentra perdido. Por analogía, cuando en algún tipo de arte o disciplina se habla de objetos desaparecidos por diversos motivos, se los cataloga como griales. El cine no es una excepción, puesto que, debido a censuras, extravíos o poca valoración del impacto cultural en el futuro, existe gran cantidad de películas que fueron destruidas, se encuentran perdidas u ocultas por el polvo de los años en baúles, sótanos o colecciones privadas olvidadas por quienes las heredaron.
Por eso mismo, cuando una de ellas sale a la luz, es motivo de festejos. En el año 2008, el historiador cinematográfico Fernando Martín Peña encontró en una sala de archivos del Museo del Cine de Buenos Aires una copia que contenía el metraje perdido de Metrópolis (Fritz Lang, 1927), convirtiéndose este hallazgo en uno de los hitos más importantes de la historia del cine.
Este año 2026, en el mes de febrero se dio a conocer la recuperación y posterior restauración de uno de los filmes perdidos más buscados por los arqueólogos del séptimo arte; un descubrimiento comparable a la aparición antes mencionada debido a su importancia histórica. En el número 23 de La 24 Cuadros del año 2012, nuestro especial “Acero inolvidable” sobre robots en el cine, cuando recién llevábamos 5 años, salíamos en formato PDF y distribuíamos nuestro sueño por email, escribí sobre la importancia de esta película, para esa época aún perdida, dado que en ella aparecía el primer autómata de la historia del cine; me refiero nada menos que a Gugusse et l´automaton del año 1897 del incomparable maestro del cine y padre de los efectos especiales George Méliès.

En este cortometraje de tan sólo 45 segundos puede verse a Méliès interpretando a Gugusse, quien le da cuerda a su creación, el autómata Pierrot. Este muñeco crece de tamaño a medida que recibe la estimulación mecánica y evidencia el conflicto que regirá toda la ciencia ficción que trate el tema de la construcción de robots, super computadoras o las más actuales inteligencias artificiales; el nuevo ser se rebela y ataca a su creador. Ante esta acción violenta, a Gugusse no le queda otra opción que destruir su invención utilizando un enorme martillo.
Tan impresionante rescate del olvido se lo debemos a un profesor jubilado de 76 años, residente de Pensilvania, llamado Bill McFarland. Su bisabuelo y dueño original de la copia, William DeLyle Frisbee, era un proyeccionista itinerante que recorría el territorio norteamericano con su espectáculo de linterna mágica a fines del siglo XIX y comienzos del XX. A su muerte todas las copias de sus películas quedaron guardadas en un baúl que no volvió a abrirse en más de 100 años. En el año 2025, su bisnieto encontró el cofre y decidió abrirlo, descubriendo su contenido, una serie de latas que contenían rollos de nitrato de celulosa en su interior. Sin saber lo que tenía en sus manos intentó venderlas sin éxito, debido a la condición de altamente inflamable que presenta este material; en septiembre de ese año decidió donarlas al Centro Nacional de Conservación Audiovisual de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en Culpeper, estado de Virginia. En medio de varios cortometrajes conocidos, tanto de Méliès como de Edison, George Willeman, encargado de la sección de películas de nitrato del Centro, y sus colaboradores no podían creer el tesoro que habían encontrado. Como era de esperarse, una vez restaurado y digitalizado, el film fue declarado de dominio público y puesto en línea para que todos los amantes del cine podamos disfrutarlo.
Por todo esto, la alegría es inmensa, ha aparecido uno de los griales perdidos, este año el cine vuelve a estar de fiesta.



