Los ilusos #2: de vaquitas y recuerdos

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Hola, ¿cómo están? Sí, ya sé: esto cada vez se pone más complicado.

Miremos el lado positivo, una promesa por lo menos les pudimos cumplir en este tiempo. Dije que la columna era semanal y acá está la segunda entrega. No, yo tampoco lo puedo creer. Estoy más sorprendido que el intendente jujeño de El Carmen cuando se enteró de que le habían dado a leer un discurso de Independence Day para el 9 de julio.

Le mandamos desde este espacio un abrazo muy grande al chango al que se le ocurrió la idea de emular a Bill Pullman en el festejo patrio, ojalá que todavía tenga laburo. Se lo merece.

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Novedades: First Cow & Palm Springs

La semana pasada salieron dos películas bastante esperadas en estos meses de aislamiento, algo que no viene siendo tan habitual en los tiempos que corren.

Una es First Cow, lo nuevo de la cineasta norteamericana Kelly Reichardt. Para algún lector habitué del BAFICI el nombre de Reichardt le debe resultar conocido. La cineasta ha traído varias de sus películas a estas latitudes en los últimos años e incluso fue invitada del festival. Old Joy, Wendy and Lucy, Meek’s Cutoff, Night Moves y Certain Women son algunas de sus películas que se me vienen a la cabeza. De hecho, First Cow, al parecer, iba a estar dentro de la programación de la edición 2020 del BAFICI que fue suspendida.

El caso de Reichardt, en términos productivos es interesante. Su cine siempre ha estado emparentado al indie pero con un concepto estético visual muy cuidado y trabajado. Mucho más cercano al primer cine de Gus Van Sant que al movimiento mumblecore para ponerlo de forma gráfica. Al mismo tiempo, en los últimos años, luego del “éxito” de Wendy and Lucy, Reichardt ha trabajado cada vez más con varios actores y actrices provenientes de cierto star system estadounidense. A su recurrente colaboradora Michelle Williams se le sumaron muchos otros: Paul Dano, Bruce Greenwood, Dakota Fanning, Jesse Eisenberg, Peter Sarsgaard, Kristen Stewart y Laura Dern.

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Digamos, entonces, que Reichardt se ha convertido en una cineasta que otorga prestigio para los actores del medio. Si buscás que tu carrera despegue, darle alguna vueltita de tuerca y tener algo de prestigio en festivales europeos, pegarle un tubazo a Kelly garpa.

En First Cow, sacando alguna que otra participación, Toby Jones o Ewen Bremner, por ejemplo, la cosa es mucho más relajada.

La película viene de estrenarse en la competencia internacional de la Berlinale, quizá el único festival Clase A que llegue a realizarse en el año y de allí su expectativa. Tanto First Cow como Undine de Petzold, Le sel des larmes de Philippe Garrel o The Woman Who Ran de Hong Sang-soo, son algo de la papa fina que esperábamos llegar a ver aunque sea vía torrent este año luego de su paso por el festival alemán. Otra de esas películas, que por suerte ya se estrenó y se puede ver es Never Rarely Sometimes Alway, de Eliza Hittman, hay reseña en la web, por supuesto.

En resumen, quienes gusten del estilo visual de Reichardt van a disfrutar esta película que dialoga un poquito bastante con Meek’s Cutoff y, para mí, también con Zama de Lucrecia Martel.

La otra gran novedad es Palm Springs, ópera prima de Max Barbakow, protagonizada por Andy Samberg y Cristin Milioti. La película me gustó tanto que escribí una reseña en particular sobre ella que pueden leer acá. Es una suerte de Día de la marmota en plan rom-com muy fresca y divertida, y mejor escrita y actuada. Vale muchísimo la pena y les hará más llevadera la cuarentena ciento por cien garantizado.

Respecto de los estrenos nacionales, una de las películas que salió la semana que pasó fue Azul el mar, de Sabrina Moreno. No tengo mucho para decir sobre ella, hay una reseña de Benjamín que pueden leer en la web. Lo único muy breve que mencionaría es que me gustó muchísimo el tratamiento visual y sonoro de la película. Tiene un cuidado trabajo en la paleta de colores que es muy hermoso y no tan habitual en un cine nacional producido cada vez más a los golpes. En términos de relato, la verdad que se me hizo muy difícil de seguir o entender. Si la quieren ver está en las salas virtuales de PCI Cine.

Misceláneas atemporales

Como me enrosqué un poco con Palm Springs, eso me llevó a buscar y ver algunas películas con estructura similar. Si leen la nota, verán que muchas de esas películas están mencionadas ahí. Ahora bien, otra cosa que me pasó es toparme con algunas películas que tienen una premisa de loop o bucle temporal pero que no replican con exactitud la premisa de Groundhog Day. Una de esas películas es The Inifinite Man (2014), ópera prima y única película a la fecha del australiano Hugh Sullivan.

Las cosas que me llamaron mucho la atención de esta película son tres: lo muy bien escrita y dirigida que está; lo maravilloso del esquema de producción (realmente es una película muy, muy barata); y lo mucho que me hizo acordar a Je t’aime, je t’aime, mi película favorita de Alain Resnais.

Vayamos por partes entonces.

Respecto a la trama, la premisa es muy sencilla. Dean (Josh McConville) quiere revivir un fin de semana de aniversario ideal con su novia Lana (Hannah Marshall). Entretanto ha desarrollado una máquina del tiempo para poder volver a ese día siempre que sea necesario y recordar la felicidad que, por lo menos él cree, sintieron. La cosa sale mal y el día se va a la mierda, entonces Dean empieza a viajar en el tiempo para ver si puede arreglar todo. Esto que parece tan sencillo se hace cada vez más complejo, al punto que, al igual que en Primer, cualquiera que les haya dicho que entendió todo lo que está pasando todo el tiempo de seguro miente. De hecho, es muy probable que yo me esté equivocando ahora con lo que les estoy contando.

Lo interesante está en el desarrollo de los personajes, en cómo Dean va buscando arreglar el fin de semana todo el tiempo y en lo bella que está filmada la película. Hay por supuesto toda una línea discursiva sobre la toxicidad masculina en las relaciones, no sé si de forma consciente o inconsciente, pero que también es interesante para reflexionar.

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Yendo al segundo punto, el esquema de producción, bueno digamos que es una película que transcurre en una suerte de desierto con salida al mar australiano y que tiene como principal locación un hotel abandonado. Solo tres actores son quienes aparecen y es justamente la idea de viaje temporal y de loop la que hace que todo parezca más grande y ampuloso de lo que es en verdad. La película se apoya en el guion y todo fluye de manera hermosa. Realmente es un muy lindo ejercicio de cómo con una muy buena premisa se puede pensar una película muy pequeña pero efectiva.

Por último, la excusa para hablar de Resnais y Je t’aime, je t’aime, una joya de la ciencia ficción del cine francés de finales de los 60. En The Inifinite Man ocurre algo, que a mí me parece muy divertido, que es la noción de apelar de lleno al género y sus convenciones, sin perderse demasiado en las explicaciones y tecnicismos sobre ciertos procedimientos. El protagonista tiene unos cables pegados a un casquito y a un holter y dice que es una máquina para viajar en el tiempo, y funciona. Dentro de la ciencia ficción, la idea del mecanismo y que importe saber más qué hace el artefacto que cómo lo hace es un recurso al que por lo general apelan ciertos cineastas que están más enfocados en hablar de los personajes en un contexto determinado que de la ciencia y sus procedimientos en sí mismos. Miles de películas espantosas explican con maestría técnicas científicas complejas, olvidándose, para mí, de qué es lo más relevante: los personajes y lo que les ocurre.

No es casual que esta forma de pensar la ciencia ficción encuentre muchos ejemplos entre los 60 y 70. Está muy vinculado al existencialismo y a las reflexiones del ser sartrianas. También, por qué no, a ciertas formas de pensamiento posestructuralistas. Y por supuesto, tiene bastante que ver con la nueva novela francesa y los cineastas influenciados por ella: Marker y Resnais, entre ellos.

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En Te amo, te amo, Resnais trabajó con el escritor de ciencia ficción Jacques Sternberg. La película cuenta la historia de un hombre que luego de un intento de suicidio decide participar en un experimento y probar una máquina del tiempo. Gracias a esa máquina puede revivir micro bucles temporales de un minuto en diversos momentos de su vida.

Lo más interesante de la película es la noción del valor de los recuerdos, la propia memoria y la construcción del futuro a partir de la visión del pasado. La narración, el montaje y la interpretación estaban articulados para trabajar esa idea.

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Les parecerá un delirio, pero Richard Linklater y James Benning tienen una conversación así en ese maravilloso documental que es Double Play:

All of life is just memory. The present if you have a timeline and you look it, the present its a point, and everything on this side of it is the future and that side is the past, and a point does not have dimension. So the present doesn’t have any time.

Solo un dato para cerrar: The Infinite Man tiene un remake hecha en coproducción entre República Dominicana y España. La película se llama Melocotones y al parecer es de 2017. No la pude ver, la sigo buscando y les cuento. El tráiler tiene pinta.

 

¿Qué estoy leyendo?

Sigo con el libro de Kracauer que les comenté la entrega pasada, pero esta vez les recomiendo Mi último suspiro, de Luis Buñuel. No me canso de decirlo, no solo es un gran libro para saber más sobre la vida de uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, sino que también es importantísimo para entender la historia española, la caída de la Segunda República y la guerra civil.

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Acá está en PDF.

Si lo leen y les gusta, les diría que vayan sin escalas a mirar El silencio de otros, un gran documental sobre los crímenes de lesa humanidad del franquismo que ahora se puede ver en Netflix.

Bueno, eso fue todo. No, esta semana no hay polémica. La que viene, si es que cumplimos, C-PIK un poquito más.

Cuídense y lean La 24 que, todavía no lo dijo Pedro Cahn, pero parece que ayuda más contra el corona que la hidroxicloroquina.

Un abrazo.