The Vast of Night: Vuelta a la pequeña gran obra maestra de ciencia ficción

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El sueño adorado de cualquier estudiante de cine es la pequeña obra maestra. Una película chiquita, sencilla, fácil de producir y muy efectiva. A lo largo de la historia del cine ha habido muchas. En los últimos veinte años, con la irrupción del cine digital y ciertos formatos amigables, muchas, muchas más.

La ciencia ficción es un género que tiene cierto interés para el operaprimista. Es razonable esto. Hay ciertas cuestiones de puesta en escena que se pueden probar, relaciones entre los personajes, climas visuales y sonoros, etc. Pienso Primer de Shane Carruth, en Another Earth de Mike Cahill o en Coherence de James Ward Byrkit. Sería injusto dejar afuera The Man From Earth de Richard Schenkman de esta lista, pero bueno, no es una ópera prima.

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Hace algunos años, en los albores de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el INCAA había sacado unos concursos digitales que tenían por objetivo fomentar la producción de contenidos para las nuevas señales. Esos concursos preveían la realización de telefilmes y cortometrajes. Se hicieron solo uno o dos llamados y luego todo quedó en el olvido, pero eso era una idea interesante. Hay mucha presión y fantasía sobre el hecho de hacer una película, más que nada con relación a la primera. Mucha gente se olvida que grandes cineastas hicieron películas muy menores durante varios años hasta que dieron el gran salto (Coppola, De Palma, Kubrick, por ejemplo). La idea de una producción para “televisión” o plataformas –el nuevo sistema hogareño– aliviana esa carga. Permite practicar, sin necesidad de pensar en el desarrollo de una carrera exitosa. A medida que pasan los años, quienes hacemos esto practicamos una suerte de ejercicio para alivianar la carga de las expectativas personales. Cannes y todo eso, es para pocos. Muchas veces no depende de tu talento sino de un circuito bastante humillante de lobby y chupamedismo con un crítico-programador importante. La idea del Festival de Cine de Calamuchita con amigos y cada tanto divertirte filmando se va volviendo más atractiva con el correr de los años. Para la mayoría de los mortales el cine es un oficio que se aprende y se intenta perfeccionar, no es un talento innato. En lo personal me parece más honesto que andar haciendo amigos por conveniencia. Pero bueno, hay que reconocer que esto último también funciona.

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Volviendo de la digresión, si una película se piensa para una tele es diferente que si se piensa para una pantalla grande. Desde la fotografía, cómo se escucha hasta ciertas cuestiones estéticas pueden abordarse de otra manera. Al mismo tiempo, la forma de trabajar es más relajada. Para quien empieza en esto, este esquema de rodaje puede resultar virtuoso y menos limitante. Menos plata, pero más creatividad.

The Vast of Night pareciera ser uno de estos casos. Por lo menos a medias tintas. Es una película muy chiquita, quizá pensada para su exhibición en algunos festivales, pero –intuyo– con el horizonte claro de tener una distribución hogareña, sin pretensiones de ser exhibida dentro del circuito industrial habitual. Castaño me marcaba algo interesante sobre este punto: la fotografía. El grano y la textura de la imagen es muy radical. No hay películas que se animen a estallar así la imagen digital y tener ese grano en una pantalla grande. En este sentido, el filme emula el 16 MM, formato habitual de las producciones menores e independientes.

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En línea con las películas que mencionaba más arriba, The Vast of Night trabaja el género con mucha efectividad, a partir de premisas muy sencillas de puesta en escena y un montaje virtuoso. Todo está puesto en el guion y en las interpretaciones, y la cámara se apoya sobre eso, recurriendo a ideas muy interesantes de edición para hacer dinámica la estructura de la película. No, no es una película de 2 pesos, pero sí podría serlo. El dinero que está puesto de más en la película, tranquilamente podría no estar. Las partes más ampulosas están en los decorados y en algunas tomas largas. Por supuesto, esto ayuda a hacer más grande y bella la película, pero también había un relato posible, menos ampuloso e igual de efectivo.

La película narra la historia de dos jóvenes, Fay Crocker (Sierra McCormick) y Everett Sloan (Jake Horowitz), que trabajan en una radio local en Nuevo México, en el sur de los Estados Unidos. Una noche, mientras todo el pueblo está congregado en el partido de básquet del equipo de la secundaria local, los chicos reciben un extraño llamado a la estación. Ese será el detonante de un misterio oculto y una serie de cosas que ocurrirán en las horas subsiguientes. No quiero spoilear, pero digamos que el lugar en el que ocurren los hechos de por sí conlleva un adelanto del desarrollo de la trama.

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No lo dije antes, pero si hiciera falta, The Vast of Night es una ópera prima. Su director, Andrew Patterson, no es ningún joven estudiante, está cerca de pisar los 40, dirige publicidad en Oklahoma y se financió el berretín con ahorros y sus equipos. Por supuesto, muchos ahorros. O por lo menos los que le permitieron contratar al chileno Miguel Ioann Littin Menz, uno de los mejores directores de fotografía de la región. Según Patterson, la mayoría de los festivales le rechazaron la película y recién Sundance en 2019 se la programó. Le fue muy bien, Soderbergh la vio, quedó encantado. La gente de Amazon la compró y ahora la estrenó como producción original. El sueño del pibe. Entrando en el terreno de hablando sin saber (porque sabiendo habla cualquiera), juego plata que con este hecho consumado se hicieron algunos retoques a la película (arriesgaría que todo ese efecto de televisor y el juego con hacerla pasar como capítulo más de un serial de ciencia ficción, o no estaba, o si estaba se incentivó mucho más).

No se la pierdan, es de esas que aparecen cada tanto y hay que ver.