Cómo se compone en cine

Cuando vemos un plano que nos gusta, es el resultado de la combinación de varios factores y en cómo se organizan los elementos en el encuadre. Esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de “composición”. Hay muchos elementos para tener en cuenta a la hora de componer un plano y varias formas en las que puede hacerse, por esto es que todo el contenido que veamos en este artículo va a estar referido a los términos de composición más convencionales, y además, si bien prácticamente todo lo que describamos es válido para pintura, fotografía fija y hasta cómics (ya que esto es una web de cine y series), vamos a hablar únicamente de los aspectos que se aplican al medio audiovisual.

La composición fotográfica es un arte, y como tal, su apreciación es subjetiva, pero basándonos en elementos y patrones comunes a través de los cuales los seres humanos percibimos las imágenes, hay algunas guías que es bueno conocer y tener en cuenta para conocer cómo se arma y equilibra un plano para transmitir una determinada idea o sensación.

Sin duda, uno de los métodos más empleados es el principio de la relación figura-fondo que estableció la psicología de la Gestalt. Este explica que, cuando se focaliza la atención en un elemento, se separa conceptualmente la imagen entre un fondo y una figura, siendo esto último lo que se desee destacar, el centro de interés, que puede ser un objeto una persona o una parte de la persona. Aunque si se invirtiera la situación y se pasara a prestar atención a lo que antes era fondo, este se torna figura, como de hecho puede suceder cuando hay, por ejemplo, un cambio de foco.

Por cierto, hay otra división parecida a la de figura y fondo que puede hacerse bajo el nombre de “espacio positivo” (para referirse al punto de interés) y “espacio negativo“ para hacer alusión a todo lo que se encuentra rodeando el punto de interés dentro del cuadro. El espacio negativo a veces se amplía para darle menos lugar en el cuadro al objeto de interés, para transmitir una sensación de soledad, aislamiento o calma a través de la imagen. Debido a que nuestros ojos occidentales están acostumbrados a leer y decodificar de izquierda a derecha, si el personaje está compuesto a la izquierda y a su derecha hay mucho espacio negativo, el encuadre puede sugerir que este tiene un gran camino por recorrer, como por el contrario, puede significar que ya lo ha recorrido si se sitúa a la derecha del encuadre mirando hacia la izquierda.

Así que, primero, antes de empezar a componer, es fundamental conocer cuál es el punto de interés de la imagen, hay que saber identificar el/los protagonista/s del plano. Algunos elementos con los que se puede jugar en la composición son:

  • El atraer la atención hacia un determinado centro de interés.
  • La textura y las sensaciones de tacto que puede evocar la imagen.
  • La forma y el volumen de los objetos, así como la sensación de profundidad de estos en la escena.
  • O el contraste, sea por tono, tamaño o tema.

Existen elementos de una imagen que ayudan a captar la atención o transmitir lo que se quiera. Se puede atraer la mirada del espectador a una zona específica del encuadre utilizando básicamente colores, tamaños y ubicaciones. Pero para comprender estos elementos, es necesario conocer a través de qué medios se pueden resaltar y cómo funcionan en relación con la percepción humana, para eso tenemos:

  • El enfoque
  • El encuadre
  • La ubicación de los objetos dentro del encuadre
  • Y la iluminación y colores de la escena

 

Enfoque

El enfoque es uno de los elementos más básicos y utilizados para dirigir la atención del espectador hacia donde se desea. Se puede dividir en dos grandes tipos: enfoque selectivo y enfoque total. En el enfoque selectivo, la figura se encuentra enfocada, mientras el fondo está fuera de foco. Esto permite resaltar y concentrar la atención en una parte específica de la imagen.

Y el enfoque total se refiere a cuando todo en la imagen se encuentra en foco, tanto figura como fondo. Si bien esto quita la posibilidad de atraer la atención mediante el foco, se suele utilizar para tomas abiertas, como en el caso de los paisajes, donde se busca captar todos los detalles con nitidez.

 

Encuadre

En este apartado, vamos a hablar de las posibilidades y consideraciones que muchas veces es bueno tener en cuenta al momento de elegir dónde poner la cámara. Para que el objeto de interés sea el centro de atención, es muy común optar por que este ocupe la mayor parte de la composición, lo que se conoce como “rellenar el encuadre”. Esto sirve para eliminar posibles elementos que distraigan y evitar que, si se incluyen demasiados de estos en la composición, el objeto de interés pierda protagonismo.

Utilizar lo que se conoce como “cuadro dentro de cuadro” es otra forma de resaltar un punto de interés, recortándolo con algún marco, puede ser más pronunciado o más sutil, y en general, se utilizan puertas, ventanas o hasta elementos de la naturaleza, pero cualquier cosa que aísle al personaje del resto del cuadro servirá para destacarlo, llevar la atención del espectador hacia él y aumentar la sensación de profundidad de la imagen.

En casos en los que hay una composición visualmente muy estática, para evitar una toma plana y con una apariencia bidimensional no deseada, conviene reforzar la sensación de profundidad física de la escena, y esto se puede alcanzar añadiendo objetos en el frente, medio y fondo de la composición. Esta sensación de profundidad también se puede generar utilizando puntos de fuga marcados, para lo que vamos a necesitar las líneas de guía. Estas son las líneas dominantes que puede haber en una composición, las cuales pueden estar físicamente marcadas o sugeridas, que no estén definidas en forma tan clara. Son un poderoso aliado a la hora de dirigir la atención del espectador. Si las líneas se repiten, se refuerza el efecto pero a la vez se vuelve más evidente el recurso.

Las líneas horizontales transmiten sensaciones de estabilidad, de calma o de descanso, ya que tienen una posición de reposo al parecer apoyadas sobre una superficie. Las líneas verticales pueden transmitir fuerza, poder o crecimiento, y las líneas diagonales ayudan a conseguir una imagen dinámica y pueden dividirse en dos grandes tipos:

  • En dirección ascendente, que según el contexto puede dar, metafóricamente, una sensación de esfuerzo, de lentitud o de progreso.
  • O por el contrario, en dirección descendente, como si el personaje estuviera cayendo por una rampa, puede dar una sensación de velocidad o de hundimiento.

Las líneas diagonales también pueden ser ideales para crear profundidad en las composiciones, en especial si son convergentes, es decir que cuando por el efecto de la distancia, pareciera que van a acabar convergiendo hacia un mismo punto, como las vías de tren.

Las líneas curvas, sobre todo las que tienen forma de “S”, también resultan muy atractivas a la vista, porque tienen una estructura más errática e invitan a seguirlas con la mirada.

El caso más básico de línea dominante es la línea del horizonte. El mantenerla recta y horizontal, suele ser una referencia visual clave para obtener una imagen estable. Pero esto puede romperse con lo que se conoce como un plano escorzado (también llamado “plano holandés”, “dutch tilt” o “dutch angle”), concepto que se refiere a un encuadre inclinado. Dependiendo del contexto en el que se use, puede transmitir dinamismo, inquietud o a veces hasta usarse con fines simbólicos. Aunque conviene no abusar del recurso para evitar sobreexplotarlo y terminar con una película totalmente inclinada como Battlefield Earth.

 

Ubicación de los objetos

Retomando el horizonte, intuitivamente uno podría pensar que lo lógico sería ubicarlo en el centro de la imagen, sin embargo, lo que se aconseja es hacerlo en un tercio (ya sea inferior o superior) de la imagen, porque así se elige y prioriza el cielo o la tierra como fondo (o incluso tal vez como motivo de la imagen). En cambio, si se ubicara el horizonte en medio, no queda claro cuál de los dos interesa que se destaque, ya que tanto tierra como cielo ocupan el mismo espacio en el cuadro.

Esto está relacionado con que la opción más común para resaltar el punto de interés y guiar la mirada del espectador hacia este es hacer que ese punto de interés predomine en el encuadre, teniendo cuidado de que otros objetos no llamen más la atención que este. Por esto (y porque resultaría incómodo a la vista) normalmente también se busca evitar que un objeto de interés se superponga a otro y lo tape.

Hay que tener en cuenta que si bien lo principal es la ubicación de la parte más esencial del objeto, como en el caso de un personaje, en general, sería su rostro, también importan para la composición las demás direcciones que se puedan marcar con el resto del cuerpo u objetos, así como otros elementos o personajes que tengan cierta predominancia en la composición.

Pero una vez que ya se tiene idea de cómo resaltar un objeto de interés, ¿cómo saber dónde ubicarlo? Para esto se suelen aplicar algunos conceptos como el de la “ley de la mirada”, la cual señala que si el personaje o incluso el objeto (porque los objetos también pueden aparentar estar mirando hacia una dirección) está ubicado en un extremo del cuadro y se encuentra mirando hacia ese mismo lado (digamos por ejemplo la izquierda), el espacio a la derecha pierde importancia y deja una composición desbalanceada, con demasiado peso a la izquierda y nulo a la derecha. Si por otro lado el personaje o el objeto estuviera a un lado del cuadro pero se encontrara mirando hacia el opuesto, el encuadre le estaría dando importancia al espacio frente al personaje, el cual es importante dado que es hacia donde este se encuentra observando y donde tiene focalizado su interés; por tanto, esta composición acentúa que está avanzando y transmite que tiene a dónde ir. Por esto resulta más relevante ver el espacio al frente que el vacío que hay detrás de él, y el resultado es una composición más balanceada.

Así, la ley de la mirada expresa que, dependiendo de hacia dónde apunte la dirección de mirada del personaje, en el encuadre debe haber un tercio del espacio del cuadro por detrás de él y dos tercios por delante. Y si hablamos de video, cabe aclarar que muchas veces se opta por seguir al personaje u objeto (incluso cuando gira o cambia de dirección) para mantener la composición.

Sin embargo, no es extraño encontrar planos donde el personaje se componga en el centro del cuadro. Esta opción se suele implementar en situaciones en las que la ley de la mirada no podría aplicarse, como cuando el personaje está de frente a cámara, cuando hay dos o más personajes mirando en diferentes direcciones o cuando el personaje está virando su mirada de un lado a otro del cuadro, ya que si hubiera que seguirlo empleando la ley de la mirada, quedaría un encuadre con un vaivén demasiado movido y desprolijo.

Pero comprender esto no es garantía de un buen encuadre y de poco sirve si no se sabe qué tan abajo o arriba poner el objeto de interés. Así como la ley de la mirada ayuda a balancear la imagen horizontalmente, el headroom es el método que se encarga de balancear la imagen en forma vertical.

Headroom es el espacio entre la parte superior del cuadro y la cabeza del personaje u objeto. La cantidad de espacio que se considera adecuada varía según el tamaño del plano y de la figura, pero la idea es no dejar ni mucho espacio ni muy poco, como referencia general, se suelen ubicar los ojos un tercio por debajo del límite del encuadre.

Con una composición equilibrada horizontal y verticalmente, se asegura tener una buena cantidad (y bien balanceada) de espacio negativo, a la vez que se le da a la imagen y al espectador lugar para respirar, evitando transmitir una sensación indeseada de encierro.

Puede que las indicaciones de dejar la cantidad de espacio adecuado arriba y a los costados de la imagen sean algo inexactas e intuitivas, pero para simplificar y organizar esto por suerte existe la que sin dudas es la técnica utilizada con mayor frecuencia para componer (especialmente en cine) que es la “regla de los tercios”. Y es el primero de los métodos de composición que vamos a ver.

La regla de los tercios es una técnica de composición visual pensada para crear una imagen balanceada y placentera, evitando que el centro de interés corte la imagen por la mitad o quede en centro de cuadro que daría una sensación de simetría que no se está buscando.

Esta técnica consiste en dividir el cuadro en tres tercios horizontales iguales y tres tercios verticales, lo que deja así nueve rectángulos iguales y genera cuatro puntos de intersección entre las líneas que dividen los tercios. Las líneas, y en especial, estos cuatro puntos, son los lugares donde se debería ubicar lo que se desea que figure como centro de interés de la imagen.

En caso de tener dos centros de interés, se suele ubicar cada uno en un punto de intersección, e idealmente en diagonal, para así distribuir de manera equilibrada el peso entre la mitad inferior y superior de la composición. Como también puede darse el caso de que sea posible agrupar dos o más centros de interés y tratarlos como uno solo a la hora de componer el cuadro.

Aunque de todas formas cabe aclarar que estas líneas son guías y si bien es necesario que el personaje u objeto esté alineado relativamente cerca, no hace falta que esté perfectamente sobre la línea, porque, como el espectador no tiene una cuadrícula de tercios marcada de manera milimétrica en su retina, todo se vuelve una cuestión de percepción relativa.

Sin embargo, algunos consideran que la estructura de la regla de los tercios es demasiado estable y estática. Es por esto que en su lugar eligen emplear otro criterio de composición llamado “simetría dinámica”, el cual es muy utilizado en el anime. Primero se traza una línea entre las esquinas del encuadre y, a esta se la atraviesa con una línea perpendicular (es decir, a 90º) que se conecte con una esquina del cuadro, y el resultado (al igual que con la regla de los tercios) es un punto de interés en la intersección de ambas.

Al hacer lo mismo con la esquina restante, se obtiene un nuevo punto de interés, y luego es cuestión de repetir la misma operación con la diagonal principal opuesta, se obtiene así los cuatro puntos clave de la imagen. Los puntos de interés resultantes están ligeramente desplazados en relación con los puntos obtenidos a partir de la regla de los tercios.

Pero la mayor diferencia se presenta en las líneas, visto que no son tan perfectas y estables como lo son las de la regla de los tercios, y al apoyarse del todo en las direcciones diagonales, llaman más la atención, marcan mejor la perspectiva y resultan más dinámicas a la hora de señalar la dirección de los elementos de la composición.

Pasando muy brevemente por otros métodos compositivos, también está la composición áurea, creada a partir de un patrón de números y medidas basados en la espiral áurea o espiral de Fibonacci, la cual se asocia con una imagen bella y puede encontrarse en varios objetos de la naturaleza. Pero ya que la regla de los tercios se trata de una simplificación de la proporción áurea, a menos que se siga el patrón de la espiral de Fibonacci muy marcadamente, a grandes rasgos, la composición áurea no suele dar un resultado muy distinto o que no se pueda obtener mediante la regla de los tercios.

Otro método es el de la “regla de los impares”. Tener un único elemento en la imagen puede transmitir una sensación de soledad o aislamiento, y dos elementos pueden generar una composición demasiado equilibrada y estática, donde ambos tengan un peso casi idéntico y ninguno se destaque sobre el otro. Pero si hay tres elementos, se creará un centro entre ellos.

Una mayor cantidad de elementos pares puede resultar demasiado para distribuir, dado que siempre será un número divisible y entonces es probable que el cerebro forme patrones y establezca una segmentación, brindando una imagen dividida y organizada conceptualmente de una manera que tal vez no se desea. En cambio, si se mantiene la cantidad de elementos en un número impar (no importa que sean más de tres), esto no pasará y la imagen se verá un poco más orgánica.

Y ahora, pasemos al último criterio compositivo que vamos a ver: la simetría. Los métodos de composición pueden emplearse de distintas maneras, por ejemplo, mientras que Wes Anderson mantiene la simetría presente durante toda la película y la utiliza como un recurso estético y estilístico, Kubrick decide emplearla solo para ciertos planos que tienen preponderancia para la narración.

Uno de los estudios desarrollados por la psicología de la Gestalt habla del principio de simetría, el cual explica que la mente humana encuentra más atractiva y balanceada una imagen que sea simétrica. Esto se potencia si los motivos situados a ambos lados del eje de simetría tienen el mismo peso visual, y si además, la composición está conformada alrededor de un punto de fuga central, aún mejor.

Pero por más que no se esté empleando una composición simétrica, puede que se necesite ubicar el objeto de interés en el centro de todos modos. Esto se aplica especialmente en video porque, además de los motivos relacionados con la dirección de mirada que comentamos antes, puede que se precise que la mirada del espectador encuentre casi en forma instantánea el punto de interés sin tener que buscarlo por el cuadro, así, siempre tendrá lo que necesite ver justo delante de los ojos. Esto permite poder generar luego un montaje rápido y dinámico, que se entienda y donde la mirada del espectador no ande saltando de un lado para el otro siguiendo el punto de interés, porque este siempre estará justo en el centro. Ejemplos de esto son las secuencias de montaje de Edgar Wright, e incluso Mad Max: Fury Road lleva adelante este criterio durante prácticamente toda la película.

El principio de simetría nos demuestra que la mente siempre desea encontrar un equilibrio visual, sirve sobre todo para comprender lo importante que es el balance y la proporción de cómo se distribuyen los elementos en la composición.

Hay distintos factores que influyen en que un elemento tenga más o menos peso y fuerza en la composición. Si un punto de interés queda muy aislado de otros elementos en el cuadro, puede dejar un vacío en la escena. En ese caso una opción es balancear la imagen con otros objetos, “rellenando” el espacio o aire que esté creando esa sensación de vacío indeseada. Por otro lado, también puede suceder que un elemento de la imagen esté llamando más atención de la necesaria, opacando un poco a lo que se quiera destacar. Es allí cuando se debería equilibrar el peso de la composición, para que el punto de interés deseado tenga la fuerza y presencia que necesita para destacarse en el cuadro.

Balancear el peso de una imagen tiene que ver con la atención que atrae cada elemento de la composición, si bien hay que recordar que el equilibrio compositivo es algo relativo, estos son algunos de los factores que influyen en el peso visual de un objeto:

  • El tamaño, esto es simple, a mayor tamaño, mayor peso tendrá el objeto en la imagen y, consecuentemente, atraerá más la atención. Y como extra, el tamaño también puede demostrar una relación de poder entre dos personajes:

 

  • Los colores cálidos (rojo, naranja o amarillo) pesan más que los fríos (azul, celeste o cian):

 

  • Los elementos claros en un fondo oscuro pesan más que los elementos oscuros sobre un fondo claro:

 

  • Ante un fondo igual, resultará más pesado el tono que más contraste con el color del fondo:

Pero sin embargo, no todos los esquemas de equilibrio se basan en plantear figura y fondo. El psicólogo Rudolph Arnheim distingue cuatro esquemas principales: centrales, binarios, jerárquicos y atonales.

  • Los esquemas centrales son los que poseen un único punto fuerte, este es el esquema más parecido al de figura y fondo y puede referirse a algo tan sencillo como un retrato:

 

  • Los esquemas binarios presentan un dúo de figuras o grupos, y son típicos de las composiciones fuertemente simétricas:

 

 

  • En los esquemas atonales, podemos encontrar muchos elementos de igual peso, que se homogeneizan creando una unidad centrada en la textura:

 

 

  • Y por último, los esquemas jerárquicos están constituidos por acentos que van de fuerte a débil, relacionados de manera subordinada:

Como ya mencionamos, los psicólogos de la Gestalt estudiaron de forma minuciosa los estímulos que forman las sensaciones y percepciones en la mente, creando así las llamadas “Leyes de la percepción”. Y sumado a los principios de figura-fondo y de simetría que comentamos con anterioridad, algunas de las otras leyes de la Gestalt son:

  • Principio de proximidad: expresa que la mente agrupa en forma perceptual los elementos que permanecen cerca unos de otros.

 

  • Principio de continuidad: los elementos que se agrupan de forma continua (sea en líneas rectas o curvas) tienden a percibirse también como una unidad.

 

  • Principio de identidad o semejanza: los elementos se agrupan por características análogas, es decir, por ejemplo en base al color, tamaño, forma u otros elementos visuales.

Y vale recalcar que en todos estos casos la repetición es un elemento unificador fundamental y que resulta atractivo a la vista, ya que nuestro cerebro muchas veces tiende a querer agrupar mediante patrones.

 

Iluminación y color

Para abordar la iluminación y los colores desde el aspecto de la composición, es menester saber que estos se pueden utilizar para resaltar un punto de interés. El color se utiliza para lograr una imagen armoniosa, y para ello es conveniente simplificar la composición, buscar fondos uniformes y no utilizar demasiados colores muy marcados para evitar los fondos llenos de detalles que puedan distraer la atención. En general, resulta más impactante una imagen con pocos elementos y pocos colores muy contrastados que una fotografía con muchos elementos en los que ninguno resalta sobre el resto.

Los distintos tipos de luz y colores pueden producir diversas sombras y matices que afectan a la percepción:

  • La luz de la mañana, por ejemplo, ilumina con tonos frescos apastelados y difumina normalmente los detalles lejanos.
  • La luz del mediodía es una iluminación dura, intensa y que elimina las sombras, lo cual afecta de manera negativa a la percepción del volumen y a los matices de la superficie de los objetos.
  • Y la luz del atardecer ilumina lateralmente, con tonos dorados y cálidos, produciendo sombras tenues y sutiles que resaltan la textura de los objetos y su volumen.
  • La imagen en blanco y negro ayuda a resaltar mejor los contrastes y contribuye a que el color no distraiga de otros elementos, como la forma o la textura.
  • Los colores saturados evocan intensidad y los tonos suaves, tranquilidad. La cantidad de colores y su gama afectan también a la percepción y sensaciones del espectador. Porque cada color puede evocar sentimientos determinados en base a la psicología del color, pero eso ya es otro extenso tema que tal vez tenga su propio artículo más adelante.

Para destacar una figura, es importante utilizar el contraste. Partiendo de la base de que una mayor diferencia entre los colores denota agresividad y una menor implica tranquilidad, podemos distinguir diversos tipos de contrastes, algunos de estos son:

  • Contraste de tono, en el cual se combinan colores saturados o intensos, donde el contraste aumenta cuanto más alejados están los colores entre sí en el círculo cromático, lo que produce así un efecto llamativo y enérgico.

 

  • Como un desprendimiento del contraste de tono, está el contraste de colores complementarios, donde esto se vuelve más específico, y consta en yuxtaponer dos colores diametralmente opuestos en el círculo cromático.

 

  • Contraste de temperatura, que resulta cuando se junta un color cálido con un color frío.

 

  • Y si bien para los tipos de contrastes recién mencionados una mayor saturación de los colores maximizan el efecto del contraste, también se puede optar por el llamado contraste de saturación, en el que se enfrentan colores vivos y colores apagados.

 

  • Y por último, está el contraste de luminosidad o de claro-oscuro, que ocurre cuando enfrentamos un color oscuro con uno claro. En estas ocasiones solemos decir que la imagen presenta un contraste alto, guiando así la atención a través de la contraposición de zonas oscuras y zonas iluminadas. Cabe aclarar que este tipo de contraste es independiente del color, por lo que funciona incluso en imágenes en blanco y negro.

Estos son los principios básicos (y algunos no tanto) de la composición aplicados al medio audiovisual. Como pueden ver, hay muchas cosas para tener en cuenta, y en el mejor de los casos, es posible combinar una gran cantidad de estos elementos en pos de lograr una composición rica en varios niveles.

Y como último detalle, si tenemos en cuenta que en video existe la posibilidad de variar la posición de la cámara, esto le da una nueva posibilidad a la composición, porque, a diferencia de otras artes, en el cine el encuadre puede evolucionar en el tiempo.

De ese modo se genera el montaje dentro del plano mismo, denominado montaje interno. Desde cosas muy pequeñas como un leve movimiento de cámara, hasta planos secuencia en los que generalmente la cámara se mueve en forma constante, el encuadre se modifica. Incluso puede suceder que al desarrollarse un plano se deba o prefiera (dentro de la misma toma) cambiar el criterio de composición. Un ejemplo de esto son los planos secuencia de Spielberg, los que cada uno suele incluir tres composiciones claramente diferenciadas.

Conociendo estos conceptos, buscarlos y observarlos es una gran manera de volver a mirar una película, así pueden prestar atención a estos detalles y entrenar la vista. Aunque si bien muchos de los conceptos planteados se presentan como leyes o reglas, no es obligatorio obedecerlas y, de hecho, algunos de los mejores directores de fotografía de la historia muchas veces eligen no seguirlas, sobre todo porque la experimentación es fundamental para descubrir nuevas posibilidades. Y además, porque todo esto se aplica cuando se quiere encontrar una composición balanceada y que resulte placentera de ver, pero hay casos en los que se busca, a través de la composición, un efecto diferente o más inquietante para el espectador y que se aleje de la tranquilidad que transmite una imagen balanceada. Pero como eso ya es otro tema, para ver cómo se pueden romper estos patrones, los invitamos a pasar por nuestro análisis de las composiciones de la serie Mr. Robot.

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