Los niveles de representación cinematográfica desde una perspectiva histórica

Tradicionalmente, suele emparentarse a los tres niveles de representación cinematográfica –puesta en cuadro, puesta en serie y puesta en escena– desde un enfoque meramente analítico, despojado de cualquier desarrollo histórico del arte cinematográfico.

Mediante el presente artículo, se intentará plantear que esta categorización no es casual o caprichosa. Si se imagina el surgimiento de estos niveles de análisis desde una perspectiva histórica, puede observarse que existe un correlato marcado entre el desarrollo del cine como arte y el surgimiento de estos conceptos.

De este modo, el orden habitual de explicar estas categorías de analíticas se altera, permitiendo su comprensión de una forma más lógica y sintetizada.

Puesta en cuadro

El primer nivel de representación es el de la puesta en cuadro. Este concepto se corresponde inicialmente con las propias limitaciones del encuadre cinematográfico. En sus orígenes, el cine se caracterizaba por retratar situaciones concretas y monótonas como por ejemplo sucede con las primeras películas de los hermanos Lumiere. Estos filmes no tienen una intención narrativa o dramática sino más bien meramente descriptiva y experimental (en términos de formato, claro). Así, el nivel de representación cinematográfico primigenio aparece delimitado por los propios extremos del encuadre y sus respectivos componentes técnicos (profundidad de campo, iluminación, tipo de lente, angulación, altura, Etc.).

 

Puesta en serie

Con la evolución del cinematógrafo, comenzaron a gestarse nuevas formas de representación primitivas que, ya alejadas de un primer momento meramente descriptivo, impulsaron el desarrollo de un esbozo de lo que luego sería la narración cinematográfica. De este modo, los filmes de Edwin Porter, inspirados en los de Georges Méliès, quiebran el sentido con el que usa la cámara y el registro fílmico de imágenes, para introducir las primeras nociones de relato ficcional dentro de la historia del cine.

Así, el cine pasa del registro de una sola toma descriptiva, a construir un relato a partir de una sucesión de fragmentos que se concatenan entre sí.

Es entonces debido a esta yuxtaposición de fragmentos que surge la noción de montaje –edición– y, por ende, puesta en serie, como un nivel de representación a partir del cual reflexionar sobre los niveles de relación y nexos  existentes entre las diferentes tomas de una película.

Puesta en escena

Finalmente, el tercer nivel de representación, la puesta en escena, incluye todos los contenidos de la imagen cinematográfica (y, posteriormente, el sonido). Esto implica considerar desde las características de los personajes, el vestuario, todo lo que compone decorado, el espacio y el tiempo cinematográfico, hasta las propias acciones que se desarrollan en cada encuadre y las mismísimas cuestiones técnicas que aquellas acarrean, como por ejemplo los movimientos de cámara o las variaciones lumínicas en toma.

Lo anterior se entiende del modo que, si bien en un nivel inicial cualquier encuadre implícitamente lleva consigo una puesta en escena determinada -ya que en el propio marco de la cámara delimita sujetos u objetos en situaciones y acciones determinadas- la noción de puesta en escena sería más amplia que aquello. Siendo el resultado no sólo de pensar una imagen aislada, sino su conexión en un engranaje de imágenes más acabado.

El concepto de puesta en escena, en apretada síntesis, implicaría entonces considerar todos los elementos que componen ya no a la imagen cinematográfica -y el sonido- aislada en una determinada toma sino al relato cinematográfico en su totalidad, entendido este como un discurso que se explicita a través de la yuxtaposición de imágenes.

Este nivel de análisis, en los términos en los que fuera definido, aparece históricamente con el nacimiento de la narración audiovisual más tradicional, denominada generalmente como Modelo de Representación Institucional (M.R.I). Así, de la mano de cineastas como D. W. Griffith y Eisenstein comienza a fragmentarse la unidad de acción cinematográfica, rompiendo con la lógica imperante hasta el momento de una toma por escena.

 

Conclusión

A partir de lo dicho hasta aquí, hemos logrado observar que, lejos de ser una cuestión aleatoria o caprichosa, es posible analizar y estudiar el surgimiento de los niveles de representación cinematográfica desde una perspectiva temporal determinada, anclada en el híperdesarrollo que ha tenido el cine en sus orígenes.

Ahora bien, esta descripción no es más que un punto de partida para intentar comprender como aparecen estas nociones en un sentido histórico lo que no implica una jeraquización de las mismas, ya que los tres conceptos son completamente transversales e indisociables entre sí.

Por supuesto, este estudio no se detiene allí. Del mismo modo en el que es posible trazar estos vínculos, puede analizarse como ha cambiado, a través de la evolución progresiva de la noción de puesta en escena, el concepto de narración y de relato cinematográfico hasta nuestros días.

Bibliografía

  • Francesco Casetti, Federico Di Chio. (1991). Cómo analizar un film. Barcelona: Paidós Ibérica.
  • André Gaudreault, François Jost. (1995). El relato cinematográfico: cine y narratología. Barcelona: Paidós Ibérica.
  • Noël Burch. (1970). Praxis del cine. Madrid: Fundamentos.
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