Matchstick Men: el regador regado

Mi recuerdo de esta película está en los tráileres del cine y luego, los que acompañaban los lanzamientos de los DVD, por aquel entonces en pleno apogeo y popularización en Argentina. Los más jóvenes no lo recordarán, pero en aquella época casi no existían los estrenos simultáneos. Solo se daban en casos muy puntuales, para muy pocas películas. Los tiempos de ventana de exhibición eran mucho más amplios y una película tardaba meses, incluso años, en llegar a la televisión o a un formato de consumo hogareño. 

Mi recuerdo, quizá un poco deteriorado por el paso de los años y el aislamiento reciente, me hace pensar que este film de Ridley pasó bastante sin pena ni gloria por las salas. No es que le fuera “mal”, tampoco le fue “bien”, sencillamente pasó. Pagó los platos y quedó olvidada.

Sin embargo, para quien escribe, siempre me pareció una película increíble. Muy clásica, de guion de hierro, medida a más a no poder, pero muy, muy efectiva y sólida. La volví a ver para este especial de La 24 y confirmé mis sospechas: además de todas estas alabanzas, la película envejeció muy bien.

Un poco hecha al calor de un cine de los 90 que ya se estaba extinguiendo, en línea a lo que podía ser L.A. Confidential o Los sospechosos de siempre, Matchstick Men o “Los tramposos”, como fue conocida por estos lares, presenta a un protagonista masculino muy particular, inserto en un mundo ficticio similar al nuestro, pero con reglas diferentes, al que le irán pasando ciertas cosas que le harán replantearse la totalidad de su vida.

Roy (Nicolas Cage) es un estafador que sufre de agorafobia. Junto a su socio, Frank (Sam Rockwell), realizan algunas tretas de poca monta. Podríamos llamarlo el cuento del tío: cheques, pagos con tarjetas de crédito, ese tipo de cosas. Por un hecho fortuito, Roy pierde sus pastillas y termina en un nuevo psiquiatra que lo comienza a atender, y más que sacárselo de encima se convierte en una suerte de terapeuta. Algo que sabemos muy bien, los psiquiatras no suelen hacer mucho. Son más bien unas expendedoras de recetas y de chequeo de síntomas. 

De un momento a otro, la vida de Roy se modifica con la llegada de Angela (Alison Lohman), una joven adolescente que al parecer es el fruto de una relación abandonada del protagonista. Todo parece indicar que hace muchos años estuvo en pareja con una señorita a quien abandonó luego de enterarse que estaba embarazada.

De repente, Roy comienza a replantearse su vida. Tiene una hija, tiene un médico que lo escucha, y empieza a construir razones como para retirarse del negocio. Quizá por esto es por lo que termina accediendo al pedido de Frank de dar un golpe grande, no queda del todo claro, pero suponemos que está pensado en su psiquis como el último de su carrera.

De allí en más la película se asemeja a un clásico juego de narrativa noir donde el final es sorpresivo pero inevitable. Ridley, pero sobre todo Ted Griffin (que ya había participado de la escritura de Ocean’s Eleven) y su hermano Nicholas, los guionistas encargados de adaptar la novela homónima de Eric García, hacen un trabajo magistral, lo que se suele llamar “plantados” y “recuperaciones” de guion. Todos los detalles están puestos con mucha inteligencia para que la historia cierre de una manera brillante. Sí, por supuesto, no falta ese flashback innecesario, cuya ausencia en Nueve Reinas la eleva aún más en su categoría de obra maestra del género, pero así y todo la película funciona con muchísimo ritmo y solvencia. 

Al final, en el epílogo del film, Ridley también hace algo precioso al cambiar por completo el eje del relato. Mientras el espectador piensa que el protagonista fue engañado, él nos revela que en realidad toda la secuencia le dio el pie de salida que estaba necesitando para tener una vida mejor, diferente y sin miedo a las multitudes. La pregunta es entonces ¿hasta qué punto Frank no quería ser engañado? 

Muchísimas cosas podrían decirse de Matchstick Men. Por ejemplo, al igual que lo hace a lo largo de su carrera, Ridley trastoca el rol de la femme fatale en las películas de misterio y de enredos. La mujer aquí no es una fría y maquiavélica seductora, sino que encarna la representación del deseo parental del protagonista. La manipulación existe, pero es muchísimo más inteligente, porque no está motorizada por el deseo sexual, sino por un deseo de desarrollo personal de quien es engañado. Desde este punto de vista, la elección es hasta inteligente para suprimir las convenciones que el propio espectador tiene por sobre el género. En una película de engaños, uno supone que el personaje principal puede ser engañado por la mujer bella y débil, víctima de un enredo forzado del que debe salir. Lo que no suponemos es que esa mujer que engaña en realidad puede encarnar otro rol dentro de la estructura del film e incluso mostrarse como humana, gentil y genuina. El epílogo del film también sirve para condonar a ese personaje y volverlo mucho más complejo.

Nicolas Cage y Sam Rockwell están al tope de sus condiciones actorales. En el caso de Cage, sacando quizá esta última etapa más “meta”, esta interpretación se ubica en el mejor momento de su carrera. Luego del boom de los 90, The Family Man, Adaptation y Lord of War lo ubicaban haciendo roles más sobrios, sin perder sus mohines habituales. Matchstick Men confirma ese camino.

Intenté ser lo más suave posible y no revelar tantos detalles sobre la trama. No me salió muy bien, sepan disculpar. Les aseguro que el viaje vale la pena, aun sabiendo el punto de llegada y las paradas técnicas del camino. Imagino que muchos de ustedes no tenían ni idea de la existencia de esta película. Ojalá este breve texto sirva para que la descubran. Es una de las mejores películas de estafadores para ver y, por supuesto, un punto altísimo en la carrera de nuestro homenajeado Sir Ridley Scott.

Esta y más notas en el Nro. 36 de la Revista 24 Cuadros