Los ilusos #10: no miro cine nacional

Hola, ¿cómo están? Esto se está poniendo cada vez mejor, ¿no?

Bueno, está bien, ni para hacerme el gracioso está la cosa. La semana pasada se picó un poco con el asunto de Kaufman, la crítica y la mar en coche. Como la naturaleza es sabia y hablar giladas tiene su precio, la vida nos pagó con el estreno de Corazón loco, la última película de Marcos Carnevale y Adrián Suar, una asociación ilícita que debería ser juzgada y sancionada. Cuanto menos, deberían impedirles que compartan un mismo espacio y obligarlos a estar a 50 metros de cualquier dispositivo electrónico o analógico capaz de captar en imagen.

Y ustedes estaban enojados con el bueno de Charlie, mamadera.

Un dato de color, en inglés la película se llama So Much Love to Give. Estoy estallado de la risa.

A raíz de todo esto, se volvió a disparar la discusión en redes sociales. El cine argentino es una mierda y todas esas cosas. La verdad es que esta semana venía bastante flojo de ideas para la columna, así que esto que pasó me dio la pauta de charlar un poco sobre cine nacional o, en realidad, recomendar algunas de mis películas favoritas. No, no voy a hacer el gran trabajo que vienen haciendo Ale Tévez y Tomi Guarnaccia con su incipiente newsletter Las veredas, el cual les recomiendo mucho. Pero bueno, es un aporte al tema

No hay mucho que actualizar sobre la situación del INCAA. El organismo que preside Puenzo sigue sin aclarar nada respecto del cierre del Programa de Festivales Nacionales de Cine y la RAFMA sigue insistiendo en que alguien se haga cargo del asunto. Inexplicable, sí. Además, en las últimas horas, la Coordinadora Audiovisual Federal (CAF) presentó un proyecto para pedir que se derive el porcentaje de IVA de las OTT (over-the-top media services) al fondo de fomento, al igual que sucede con las entradas de cine.

Tanto amor no les entraba en el corazón

Bien, el elefante en la habitación es esta ¿película? de Marcos Carnevale, coescrita junto con Adrián Suar, llamada Corazón loco, que se estrenó directo en Netflix la semana pasada. No están muy en claro las razones del estreno en la plataforma. Sí es evidente que el monopolio rojo puso la plata para hacerse con los derechos de exhibición y distribución del film a nivel mundial, y que, dados los números que maneja la plataforma, a pesar de ser una película de las “caras” del cine nacional, para ellos es una moneda más o menos accesible.

Piensen esto, el presupuesto de una película de costo alto el año pasado, según la DAC, era de 56 millones de pesos aproximadamente. Supongamos que eso subió un poco y convengamos que los costos de la DAC suelen ser un poco más inflados y pensados para una industria mucho más robusta de la que tenemos, pero igual, imaginemos (busqué pero no pude encontrar los números oficiales) que, con toda la furia, Corazón loco costó entre 30 y 40 millones de pesos. Son entre 300 y 400 mil dólares, muchísimo menos de la mitad de lo que vale la película ¿industrial? estadounidense más barata del mercado. A lo que voy es que para Netflix pagarla por completo y distribuirla a nivel global no es un negocio tan malo, sobre todo en época de pandemia y con la necesidad de sumar variedad y novedades a su catálogo todas las semanas.

Algo divertido para preguntarse es ¿por qué la película no se estrenó en CineAr para cobrar el subsidio de estreno en salas? Si siguen un poco esta columna, recordarán que charlamos sobre el incidente Crímenes de familia y el lío que se armó cuando acusaron al vicepresidente del Instituto de alterar la lista de estrenos de la plataforma nacional, para poner la película producida por él más rápido, y cumplir así con los requerimientos de fechas de la N roja y estrenar en simultáneo el film, sin perder el subsidio nacional. Nada de esto se aclaró todavía y es raro que los productores de Corazón loco no hayan intentado una maniobra similar. Cuando anunciaron el estreno virtual algo se comentó, pero no hubo más detalles. No soy un experto y me puedo estar equivocando, pero entiendo que al ser una película de audiencia masiva, no recibió dinero del Instituto durante su producción, solo la declaración de interés, y que recién cobra los subsidios de recuperación industrial y medios electrónicos a contra entrega de la copia final junto con los libre deudas y todo el papelerío. De ser así, suena razonable que el monopolio rojo haya puesto toda la que había que poner para salvar los números y que ni hayan intentado ir por la vía del Instituto.

Sobre la película, no hay mucho para decir. Como les comentaba, lo de Carnevale es delincuencial. No hay ideas, no hay relato, no hay estética. Ofende a todes por igual. Podríamos llamarlo un cine testimonial. No tiene un público al que esté destinado, no tiene razón de ser. Es pura inercia para cobrar el cheque. Si sirve para ponerle un plato de comida a algunos técnicos y al querido Chango Monti (que pobre ya está en piloto automático), bienvenido sea. Mi abrazo para Alan Sabbagh, que es el único que estaba haciendo una película de verdad ahí. Y por supuesto, también para nuestro amigo Ignacio Suárez Rubio, el mejor artista de VFX del país, totalmente desaprovechado, pero que igual hizo su magia.

Misceláneas atemporales: algunas películas nacionales

Para reivindicar un poco nuestro cine nacional se me ocurrió hacer algunas breves recomendaciones de películas que me gustan mucho. Por supuesto, elegí las que se pueden ver por ahí y con mucha facilidad.

  • Tiempo de revancha (1981), de Adolfo Aristarain

Esta película es mi película favorita del cine nacional. Lo dije creo que en varias oportunidades, junto con Últimos días de la víctima son una suerte de reversión de La conversación de Coppola. Un exsindicalista anarquista que oculta su pasado consigue trabajo para una empresa en una mina, se reencuentra con un viejo amigo y planean un falso accidente para cobrar el seguro y no trabajar más. Por supuesto, la cosa sale mal.

  • Juan Moreira (1973), de Leonardo Favio

También es mi película favorita de Leonardo Favio y cuenta la historia de Juan Moreira, un gaucho y caudillo nacional, que sirve para ilustrar las diferentes discusiones nacionales que se vivían en el país a poco de “terminarse” el conflicto entre unitarios y federales.

  • Apenas un delincuente (1949), de Hugo Fregonese

Fregonese es uno de los directores argentinos más llamativos. Nunca fue demasiado reconocido en el país, pero trabajó muchos años en Hollywood haciendo películas B, muchas de ellas (Black Tuesday o The Raid) más que interesantes. Apenas un delincuente cuenta la historia de un tipo con el deseo de hacer plata y salir de una vida monótona de la manera más rápida posible. Para ello, decide estafar a la empresa en la que trabaja, pensando en esconder el dinero y recuperarlo una vez que cumpla la condena cuando lo descubran. Obvio que sale mal.

  • Historias extraordinarias (2008), de Mariano Llinás

Llinás es para mí un error en la Matrix de la FUC. Representa casi todo lo contrario a lo que se instaló de la visión del Nuevo Cine Argentino (NCA) de mediados de los 90. Su cine es eminentemente narrativo y de relato, a diferencia de la visión más contemplativa de muchos de sus correligionarios. Junto con El Pampero Cine, han hecho además un activismo cinematográfico que demuestra que es posible hacer películas muy logradas desde los márgenes, sin producir dentro de los esquemas que impone el INCAA. Historias extraordinarias es un film, valga la redundancia, extraordinario, cuyas 4 horas de duración la hacen parecer un corto, en comparación a las 14 de La flor.

  • La antena (2007), de Esteban Sapir

También es una de mis películas favoritas del cine nacional. Sapir es de esos directores que es una lástima que no hayan filmado más. Su formación como director de fotografía hace que tanto La antena como Picado fino sean dos de las películas que mejor han trabajado la estética y la imagen en el cine nacional de las últimas décadas. La película es una suerte de distopía que sirve como alegoría para discutir el lugar de los medios de comunicación en nuestra sociedad y la libertad de expresión. Un film maravilloso y único. La ven en CineAr.

Y sí, podría seguir, pero esto no se terminaría más. Dejemos acá por hoy y lo retomamos en alguna próxima entrega. Me quedaron afuera un montón.

Recuerden que al inicio de toda esta locura grabé un podcast especial de la 24 con todas películas que están para ver en CineAr. Vayan ahí.

¿Qué estoy leyendo? Un diccionario de films argentinos

Raúl Manrupe y María Alejandra Portela han hecho un trabajo titánico a lo largo de muchos años y tres volúmenes, recopilando todas –o por lo menos, casi todas– las películas nacionales producidas entre 1930 y 2009.

Un diccionario de films argentinos es un material de consulta único para cualquier cinéfilo argentino que quiera conocer la ficha técnica de alguna película producida en ese intervalo de tiempo, además de un libro que sí o sí hay que tener en la biblioteca. El primer volumen tiene películas de 1930 a 1995, el segundo de 1996 a 2002 y el tercero de 2003 a 2009.

Si buscan por ahí se consigue con bastante facilidad, es un poco salado, pero tampoco la pavada. Insisto, vale la pena tenerlo en la biblioteca.