“TENGO UN BOTÓN DE AUTODESTRUCCIÓN Y SIEMPRE LO APRIETO”, DICE JACK Y SE VA, AUNQUE NO DEL TODO.

paul_schraderPaul Schrader dudaba de caracterizar al film noir como un género en sí mismo. En su ensayo Notes on film noir (1971), sostenía que a diferencia del western o la comedia, el noir se define más en términos de atmósfera y estilo que de géneros. No obstante, vaticinaba, para el cine negro, que mantendría su identidad a lo largo de décadas, aunque aclaraba, que solo podría exhibirse en plenitud en épocas en las que la exacerbación de la angustia urbana pusiera la simiente de las condiciones, necesarias y suficientes, para que brotaran historias de fastidiados antihéroes.

En este orden de ideas, estos relatos plenos, cargados de distintos tipos y modalidades de violencia, se manifestarían, en algún momento, como un movimiento de fuerza capaz de trastornar conductas o circunstancias que terminarían provocando o amenazando con dañar o someter, con gravedad, a individuos o comunidades. Constituyéndose, en estos contextos, en narraciones que incluyen unívocas referencias a una violencia directa, estructural y cultural que acepta la muerte de personas por motivos que no se sustenten ni en la enfermedad ni en la vejez, sino como una opción contra natura de la vida.

Este pensamiento del guionista, director de cine y crítico estadounidense al que me refiero en los párrafos anteriores, me generó en la actualidad una inquietud:

¿Esa época ha llegado?

La serie: Jack Taylor (actualmente disponible en la plataforma de Netflix) parece aportar evidencia en ese sentido. He tenido la suerte de encontrarme con ella y me ha surgido el deseo de compartir algunos de los resultados de esa experiencia con los lectores de la R24C, tratando de desentrañar el intríngulis planteado.

Para empezar, les propongo que tengamos en cuenta las características del género (con perdón del pensamiento de Schrader) desde la perspectiva de esta serie, obviamente, limitado al material desarrollado en sus primeras dos temporadas, que es cuanto pude ver hasta el momento, aunque de acuerdo con lo que he leído, no creo que quedemos muy lejos de lo que sería una opinión general sobre toda la serie:

  • Ese espacio está asentado en la ciudad de Galway, una localidad portuaria delQuayStreet.jpg oeste de Irlanda, en la provincia de Connacht. Una urbe gobernada localmente por un ayuntamiento y un alcalde. Con el río Corrib que corre entre Lough Corrib y la bahía de Galway, rodeada por el condado de Galway, esa zona urbana, una de las más pobladas de la República de Irlanda, queda particularmente caracterizada por cicatrices para esterilizar en beneficio del tono que el relato reclama. Y además, con una comunidad en la que se siente una fuerte presencia religiosa que se filtra incontenible por cada grieta, para bien o para mal.El espacio funciona allí como el escenario donde se desarrollan las acciones, pero también sirve para la construcción del universo sórdido, violento y marginal, que le es funcional al relato en clave de film noir.
    Bien trabajados por el equipo de realización, el lugar y sus más diferenciados componentes se transforman, en conjunto, en un ámbito amenazante y peligroso, adecuado para retratar la particular vida en los suburbios, en los barrios medios o bajos y en la zona portuaria y ribereña.
    Un abordaje acompañado, en buena medida, de una mirada enfocada en sectores abiertos, desprotegidos, un poco marginales de la cuidad, donde la gente se vuelve más vulnerable, o sobre espacios cerrados, como pueden ser casas, cuartos, bares, galpones, salones ocultos en castillos abandonados; sitios de los que se siente que es difícil escapar.
  • La utilización de la voz en off (típico recurso del policial negro) es parte del relato de la serie Jack Taylor; y lo es expresando el más íntimo pensamiento reflexivo del protagonista, además de aportar una exposición básica de sus sentimientos, vivencias o convicciones. También contribuye a los efectos de: aclarar las acciones, ofrecer información sobre la psicología del personaje, aumentar el tono íntimo e, incluso, introducir convenientes cuotas de ironía. Además, puede terminar reconociéndose como un recurso eficaz para conseguir que el espectador tenga esa especie de confianza con el protagonista que le haga sentir que el relato es en primera persona.
  • Hay en la diégesis una población marginal en número (interesadamente seleccionada de la realidad, que es mucho más numerosa), con integrantes de condición social media a baja, solo como una muestra caracterizada del total de los 79.504 habitantes censados en 2016, pero en un quantum y con una calidad suficientes para contener y representar aquello que se quiere narrar.
  • En el universo creado para la serie, las personas no cuentan por sus valores personales, sino que funcionan como piezas de fácil recambio en la maquinaria social que sostiene un sistema local de espurio equilibrio de poder. La gente encuentra condicionada su vida social en el marco de una estructura de relaciones interpersonales, entre individuos o grupos de referencia, por el riesgo sistémico de llegar a recibir una severa condena si es que son sospechados de constituirse en un factor de peligro para ese status quo. En este contexto, el relato suele prescindir de planteos morales más o menos explícitos y protagónicos.
  • El clima (atmosférico) real en Galway es suave, húmedo, templado y cambiante durante todo el año y esto, según se informa, se debe a la influencia de los vientos predominantes de la corriente del Atlántico Norte. No obstante, también se afirma que la ciudad no se caracteriza por experimentar temperaturas extremas y recibe un promedio de 1156 mm de precipitación anual que se distribuye uniformemente a lo largo de los doce meses del año.
    En la práctica, esto significa que en Galway, como en la mayor parte de Irlanda, hay un clima templado marítimo, con regímenes de lluvia con marcas medias, en promedio, respecto de los parámetros mundiales, pero dicen que, ocasionalmente, puede experimentar fuertes tormentas de viento que según sus analistas se dan entre finales del otoño y principios de la primavera y son el resultado de depresiones atlánticas, con significativa incidencia sobre el territorio insular.
    Ahora bien, cabe aclarar que en el mundo ficcional de Jack Taylor predominan los días de mal tiempo, o directamente lluviosos; también la nocturnidad, cuestiones que favorecen tanto la ambientación como el clima que necesita el relato (para expresarse dentro del género de policial negro) y esto no es casualidad, sino que constituye, sin dudas, una decisión elocuente de sus creadores y creativos.

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  • Es necesario señalar que en la serie, como en el policial negro en general, los relatos no se centran en los crímenes en sí, sino en su contexto, en la sociedad corrupta donde se producen. En Jack Taylor la historia desplegada trata de las andanzas de un ex policía en una etapa decadente de su vida; con una trama en la que las acciones y decisiones en las que se involucra terminan confundidas en una maraña de engaños, dominios y egoístas capitales. Los relatos no se centran en algún enigma por desentrañar, sino en la sociedad corrompida donde los delitos e inconductas se cometen con notable impunidad y naturalidad, en el marco de espurias componendas de intereses, de poder y de dinero; como fruto de un complot tácito pero eficaz que se permite utilizar la violación de la ley y el crimen para el logro de sus propósitos.
    En este ambiente, el personaje de Jack Taylor, ex oficial de la Garda Síochána (policía nacional irlandesa), con problemas de alcohol y devenido en una especie de detective privado, no intenta restablecer el orden perdido, sino simplemente hacer su trabajo.
    El lugar que utiliza como oficina es el bar en el que suele pasar un buen tiempo de su vida, bebiendo su whisky y sus pintas de cerveza. Realiza desde allí investigaciones para conseguir pruebas, a pedido de deudos o interesados, sobre hechos y conductas criminales que están o han quedado fuera del alcance de la ley y la justicia institucional.
    Intenta hacerlo lo mejor que puede: muertes sospechosas y desapariciones de jóvenes mujeres que no han sido resueltas por la policía nacional, ni por la Garda y sus distintos integrantes –“Los guardias”– ni por la justicia, quedando en el olvido de la mayoría. Grupos de “justicia por mano propia” con ritos medievales, “The Pikemen”, convencidos de emparchar los agujeros del sistema judicial. Monjas sádicas que arruinaron la vida de mujeres jóvenes en situación de vulnerabilidad social –“Los Mártires de la Magdalena”– y se transformaron en almas sufrientes que se marchitaron en el tiempo sin superar el trauma. Asesinos profesionales contratados por variopintos personajes para tomar venganza. Suicidios sospechados de jóvenes mujeres con el “Dramaturgo” detrás, quien en vena teatral está tomando una personal y sádica venganza. Un “Sacerdote” decapitado que esconde bajo su hábito un pecado mortal y es cruelmente ajusticiado por un pobre y doliente joven, que pasa de víctima a victimario sin solución de continuidad. El sufrimiento de sus colaboradores que llegan al borde de la muerte por lo que él cree su culpa y un vulnerable momento de Jack, cuando se siente “Derribado” por el fortuito encuentro con una niña cubierta de sangre, que termina metiéndolo en medio de una feroz pelea entre dos familias.
    Un montón de hechos y situaciones que revuelven en la basura y reabren heridas latentes y son afrontados por Taylor con la ayuda de una joven mujer que está iniciando su carrera en la Garda (Kate Noonan / Nora Jane Noone) y tiene con él un vínculo sentimental que no termina de definirse, y de un discípulo que lo admira y que va aprendiendo a su lado desde la mismísima práctica (Cody Farraher / Killian Scott).

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  • En definitiva, puede decirse que la historia de Jack Taylor puede considerarse sucia como una forma identitaria de su naturaleza, aunque no pasa mucho sin que se constate un toque poético por parte del ex garda, quien, para grata sorpresa de los que seguimos sus pasos a través de la pantalla, además de su desilusión, su depresión y su alcoholismo, carga en la mochila una gran afición por el arte y por las citas literarias y musicales.
  • En una ciudad poblada de seres anónimos de quienes no se sabe demasiado bien qué hacen, cuáles son sus ambiciones y sus relaciones con el poder de turno, Jack trata de dejar su huella.

Como conclusión quiero contarles que he consumido, en pocos días, las dos primeras temporadas (de tres capítulos cada una, disponible en Netflix) de Jack Taylor.

Supe que hay una tercera, también de tres capítulos, pero todavía no la hallé disponible.

Me gustó la adaptación de las novelas de Ken Bruen, que son su fuente; me impactó la manera en que se transmite el mundo irlandés, a través de una visión de encantamiento; me interesó su estilo aplicado y que adscriba tan eficientemente al género de cine negro; me sedujo su controvertido personaje principal: un ser decepcionado, borrachín y fumador, eficazmente protagonizado por Iain Glen (Ser Jorah Mormont en Juego de tronos); y me resultaron simpáticas las referencias musicales y literarias que, surgiendo en forma natural del personaje de Jack, invitan a estar atentos en la expectación.

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