La Red y la “literalidad temática”

Si de realizadores coreanos prolíficos queremos hablar, dos nombres deberíamos mencionar: Hong Sang-soo y Kim Ki-duk. Con el primero estoy empezando a familiarizarme, pero al segundo ya lo vengo siguiendo desde hace tiempo y me siento confiado en decir que puedo identificar su planteo de puesta en escena junto con lo que me parece bueno y lo que no.

Lamentablemente The net, o en su traducción literal La red, es una perpetuación de un aspecto que, si bien se encuentra en pequeñas dosis a lo largo de su filmografía, aquí se acentúa a un nivel tan grosero que distrae de forma constante de las numerosas virtudes que de otra manera podríamos rescatar. En un director que insiste con poner personajes mudos o extremadamente callados en sus relatos y expresar sus conflictos a través del cuerpo y las imágenes, suena paradójico decir que la literalidad temática es uno de sus problemas recurrentes. Pero lo es y en La Red está bastante presente.

Antes de adentrarse un poco en el concepto de literalidad temática, hagamos una rápida introducción de esta última historia que, como todas las anteriores, parte de un guion del mismísimo Kim. Nam Chul-woo (Ryoo Seung-bum) es un pescador norcoreano en la frontera marítima con Corea del Sur. Luego de una muy breve introducción a su vida de familia, vemos cómo el preciado bote del protagonista queda a la deriva después de sufrir una avería en el motor provocada por su red. La marea lo arrastrara hasta Corea del Sur, donde será acusado de espionaje y sometido a un proceso de conversión capitalista, el cual tratará de resistir para poder volver con su familia.

Entonces, ¿a qué me refiero con literalidad temática? Para poder explicarlo mejor, voy a mencionar primero otra forma de literalidad menos problemática, pero igualmente molesta en muchos casos. A la exposición constante e innecesaria de los hechos de la trama mediante el diálogo, por ejemplo, la explicación de una situación inicial o un conflicto, podríamos llamarla literalidad narrativa (aclaro que estoy inventando la nomenclatura de estos conceptos en este momento y no debe tomarse más que para entender mi razonamiento). Por otro lado, la literalidad temática se refiere a la exposición constante e innecesaria mediante el diálogo del tema de la película. En este esquema, si la cuestión fuese el peso de la culpa, el personaje diría: “¡cómo me pesa la culpa!”, haciendo hincapié y dejando en evidencia el mensaje que quiere transmitir la obra en su conjunto. Es posible que estas formas de literalidad subestimen al espectador, le quiten participación o dejen de lado cualquier otra interpretación posible.

El momento más claro de literalidad temática en La red es una conversación que tiene el protagonista con una prostituta luego de haberla ayudado, en la cual la mujer toma su profesión como ejemplo para desenmascarar las mentiras del capitalismo y menciona, literalmente, cómo por su pobreza se ve obligada a vender su cuerpo para poder sobrevivir, sin poder alcanzar los lujos que pueden llegar a existir en un sistema capitalista. Aquí se pone en clara evidencia uno de los temas principales: la ilusión de libertad en el capitalismo. Otro punto importante del relato es el de la yuxtaposición entre los procedimientos de tortura física y, sobre todo, psicológica de las dos Coreas y cómo estas pueden ser muy similares. El primer tema se nos comunica directamente mediante el diálogo ya comentado, el segundo es un poco más sutil y mejor llevado, abarca más que solo los procesos de tortura y deja en claro que Kim Ki-duk no tiene bando en esta lucha, en que la reunificación parece ser la única salida del eterno conflicto.

Los aspectos técnicos, la puesta en escena y las locaciones son simples y austeros. Esto va en sintonía con parte de su filmografía, aunque existe también un lado más vanguardista y, en mi opinión, interesante, en que las locaciones toman un rol más importante y los recursos cinematográficos que utiliza son más variados –en Pieta, por ejemplo, hay un extraño jugueteo con el zoom in / zoom out casi improvisado que se mantiene en todo el relato y brinda una inestabilidad extra que es bienvenida en la historia–. Por otro lado, se siente demasiado rápido el salto a Corea del Sur, dejando a la Corea comunista con menos desarrollo y, por lo tanto, pierde la oportunidad de lograr una comparación más efectiva (si bien Kim Ki-duk se las arregla para contar este aspecto del relato con algunas sutilezas). Cabe destacar que la famosa violencia que caracteriza parte de su filmografía se encuentra, en gran parte, fuera de cuadro, exceptuando un momento que involucra una lengua, dientes y bastante sangre que puede llegar a impresionar.

Más allá de los problemas que pueda tener con La red, debo admitir que me dejó pensando y tiene un punto de vista poco frecuente en lo que concierne al conflicto entre las Coreas. Las actuaciones como siempre están muy acertadas (no tanto los diálogos desde el guion) y el discurso es claro y contundente (a veces demasiado claro). Los fans del director siempre van a encontrar cosas que apreciar y los no fans tendrán un visionado aislado de su filmografía (si eso es bueno o malo no creo poder responder). La película se puede ver en varios cines comerciales, Village Recoleta, Cinemark Palermo, etc. o independientes como el BAMA. Aunque no llegó a cumplir mis expectativas, siempre vale la pena ver una de Kim Ki-duk en la pantalla grande.

 

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