Análisis: 13 Reasons Why (solo para quienes terminaron de verla)

13rw

Tu amor abrió una herida
porque todo lo que te hace bien
siempre te hace mal
tu amor cambió mi vida como un rayo para siempre,
para lo que fue y será (lo que fue y será)
la bola sobre el piano
la mañana aquella que dejamos de cantar
llegó la muerte un día y arrasó con todo,
todo, todo un vendaval
y fue un fuerte vendaval
Algo de vos llega hasta mí,
cae la lluvia sobre París
pero me escapé hacia otra ciudad
y no sirvió de nada porque todo el tiempo estabas
dando vueltas y más vueltas que pegué en la vida
para tratar de reaccionar
Un tango al mango revoleando la cabeza
como un loco de aquí para allá, de aquí para allá
después vinieron días de misterio y frío casi como todos los demás
lo bueno que tenemos dentro es un brillante,
es una luz que no dejaré escapar jamás.
Algo de vos llega hasta mí,
cuando era un pibe tuve un jardín
pero me escapé hacia otra ciudad
y no sirvió de nada porque todo el tiempo estaba yo
en un mismo lugar, y bajo una misma piel
y en la misma ceremonia
yo te pido un favor,
que no me dejes caer
en las tumbas de la gloria,
gloria, gloria, gloria
Algo de vos llega hasta mí,
cuando era un pibe tuve un jardín
pero me escapé hacia otra ciudad
y no sirvió de nada porque todo el tiempo estaba yo
en un mismo lugar, y bajo una misma piel
y en la misma ceremonia
yo te pido un favor,
que no me dejes caer
en las tumbas de la gloria.

Spoilers, muchos. No es una reseña.

No me pasa muchas veces esto de tener la necesidad física y emocional de escribir sobre una película o una serie. La necesidad de sacarse un peso de encima.

La idea de ser un recomendador entusiasta, me pone en la ventanilla equivocada en el infame juego de las expectativas. De tanto de decir que algo es bueno, que algo es emocionalmente comprometedor, predispongo al otro a ponerse una coraza, a mirar con ojos extremadamente críticos y desechar rápidamente el material recomendado, ante el primer traspié, lentitud o simple detalle que no guste.

La serie 13 Reasons Why (13RW desde ahora) estrenada en Netflix hace sólo una semana, está levantando polvareda. Con Stranger Things era esperable. Con esta serie es una sorpresa. Drama en escuela secundaria de Estados Unidos, no parece, a priori, una propuesta sumamente atractiva en este rincón del cono sur.

Antecedentes de excelencia, como Friday Night Lights, no sirven de parámetro en el subgénero. Nada te prepara para la golpiza emocional a la que te somete la serie.

Basada en una novela para adolescentes, como dice la reseña spoilers free de Hernán Castaño que puede encontrarse aquí, tiene una funcionalidad social, al hablar sobre bullying y depresión adolescente, con salvedades, que ya veremos.

Los adolescentes en 13RW están sujetos a un sistema de ingreso a universidades prestigiosas, espantoso, que abruma a chicos y chicas de 16 y 17 años con presiones por las notas, el deporte y actividades extracurriculares, con las que no podemos identificarnos, ya que nos resulta casi incomprensible. Sumémosle a esto que en el interior de EE.UU, los equipos de la escuela secundaria, son los equipos del pueblo, convirtiendo a los deportistas de secundaria en miniestrellas locales – ver Friday Night Lights para un mejor ejemplo de esto – y todo se convierte en caldo de cultivo para el desastre. Este entorno, desde Argentina, nos es ajeno, pero no yace aquí el centro gravitacional de la acción.

Hay un doble juego en 13RW, que nos pone a empatizar, a ponernos en el lugar, que carajos, de Clay Jensen: el típico adolescente correcto, serio, buena conducta, perfil bajo y 60 kg (mojado), de estas historias.

Lo que no es típico de estas historias es que, si estamos empatizando con Clay, y nos ponemos en su lugar, y observamos con sus ojos, entonces se nos somete al proceso de enamoramiento de Hannah Baker. De Clay y nuestro. Así de bien dirigida está esta serie. Si no te enamoras de Hannah Baker, no tenés corazón, estás roto por dentro.

Mientras recreamos la historia, tal como la cuenta Hannah y como se le resignifica a Clay, presenciamos el inicio de un amor, lleno de lugares comunes: pibe salame que no se da cuenta de nada, chica que coquetea con otros pretendientes, celos, tartamudeos, comentarios desafortunados, etc. Esto, que sería propio de una telenovela adolescente, ocurre siempre bajo una premisa que sabemos desde el primer momento: Hannah Baker se suicidó. Todo este amor, este preludio a la relación que hará felices a todos, se fue al demonio. Hannah se cortó las venas. Es inapelable. No hay final feliz. No estaba simulando su muerte. No va a volver. El problema es el devenir. Todo pasado es un thriller, decía Alfred H.

El “cómo” es el dulce de leche que envuelve la cicuta. 13RW es, además de un drama, un policial, un misterio. Hay que escuchar las cintas en orden para saber que pasó, quienes fueron responsables. Se planta la duda sobre los dichos de Hannah,  se realiza una pesquisa, hay interrogatorios, trampas, falsa evidencia. Estos elementos del policial son sutiles, no son una recreación, como en la enorme Brick ( Rian Johnson – 2006)

El estado emocional de Clay se vuelve el nuestro. A mediados del segundo capítulo ya estamos angustiados. A Clay le gusta Hannah, y por ende a nosotros también. Ya nos presentaron a los padres, devastados, y Clay, que estaba golpeado, desciende a los infiernos de la duda. Amaba a Hannah y ella lo puso, supuestamente, en la lista de gente responsable de su suicidio.

Este, tal vez, sea una de los pocos puntos flojos de la serie. Esta anticipación permanente a la cinta de Clay, que sospechamos terrible, de la que esperamos una revelación, es inapelable. Directa. La voz de ultratumba de Hannah absuelve a nuestro héroe. Respiramos aliviados, aunque segundos después, recordamos que Hannah sigue muerta. Algo terrible le pasó, y aún no sabemos qué es. No se entiende, entonces, porque el énfasis que ponen los demás protagonistas, en que Clay escuche su cinta: Hannah dice “Clay, no perteneces a esta lista. Eres distinto”. Es una falla clara, así como el personaje de Tony, que no parece tener la profundidad sobre el final, que se sugería al principio. Sigue siendo el guardián, pero ni él entiende su rol en la historia.

Los mecanismos del misterio, vehículo para 13RW, funcionan aceitadamente. En un principio, podía ser una decisión inteligente dejar a Bryce fuera del asunto. Era un villano obvio. Luego, cuando finalmente revelaron su papel en la historia, se cae en la cuenta de que cumple las condiciones esenciales en cualquier giro de guión: inesperado e inevitable.

Es muy inteligente también, y vale la pena mencionarlo, como se planta la muerte de Jeff, uno de los pocos pibes “agradables” en el entorno de Clay. Apenas una frase del director de la escuela, en el capítulo 2 o 3: “tuvimos dos muertes en pocos meses”. Frase que queda resonando. Cuando ocurre el accidente de Jeff ya no podemos soportar ver las cosas desde Clay. Este pibe esta jodido. Esta tronado. Su tristeza no tiene fin.

La violación, que presumíamos como catalizador del suicidio, tiene el mismo tratamiento que Bryce. Primero pensamos que Hannah fue violada. Luego, cuando ocurre la violación de Jessica, pensamos que el catalizador fue la culpa, la impotencia, por no haber reaccionado, que siente Hannah. Luego, de la nada, aparece la violación de Hannah. Nuevamente, inesperado, e inevitable. Si se quiere, una relectura a la dualidad suspenso / sorpresa. Usualmente, en relatos más cortos, se puede elegir una de las dos opciones. Un relato de 13 horas, se puede permitir cambiar ese binomio. Primero suspenso, anticipación, sorpresa porque lo que sucede no es lo que esperábamos, y luego sorpresa porque lo que esperábamos que sucediera, finalmente ocurre, pero en otro momento.

Lo que no era esperable era la crudeza con lo que todo es mostrado. Y esto tal vez aleje a 13RW del relato aleccionador sobre los peligros del bullying del que hablaba Hernán Castaño en su excelente reseña original.

Las violaciones, de por sí, siempre son difíciles, tanto de filmar, como de presenciar como espectadores. En 13RW se evita el regodeo “a la Gaspar Noé”, pero no se esquiva la brutalidad, ni en el caso de Jessica, ni en el de Hannah. Pero lo del suicidio está fuera de este mundo. El suicidio se muestra entero. No se sugiere nada. No evitan mostrar nada. Tuvieron, las conté, 5 ocasiones al menos de evitar los momentos más terribles. No lo hacen. La escena con el Sr. Porter, consejero de la escuela, montada en paralelo con sus diálogos con Hannah y Clay, le daban la oportunidad a los montajistas de omitir todo lo que quisieran. Alguien tomo la decisión de que debíamos ver esto. No podíamos imaginarlo. Debíamos verlo. El dolor tenía que estallar en nuestro pecho, como en el de Clay. Y volver a estallar cuando los padres la encuentran en la bañera.

No menos dolorosa es la escena mencionada con el Sr. Porter, el consejero escolar. El teléfono que no deja de sonar, mientras Hannah está al borde del abismo, es absolutamente aleccionador. No recuerdo un relato realista más efectivo como publicidad en contra de los celulares y la conexión a todo momento. Nada bueno sale de estos aparatos. Desde la viralización de la foto de Hannah, la reiteración con la foto “lésbica”, pasando por la falta de batería cuando realmente era necesario, hasta el repiqueteo molesto del teléfono de Porter, todo indica que, tal vez, esto de estar conectado en todo momento, sea una muy mala idea.

Ahora bien, entrando en el terreno de lo personal, ¿por qué me resulta tan terrible la escena de Porter? Por la empatía. Me encantaría decirles que puedo interpretar exactamente que pasa por la cabeza de Clay, pero en realidad para eso tengo que tratar de hacer un viaje en el tiempo emocional, es decir, tratar de recordar cómo era a los 16 años.  La escena con Porter, me trae de un solo golpe a mi presente, treintaylargos años, trabajando en la docencia, tratando con adolescentes a diario, con las presiones de la vida, que compiten con la atención a las problemáticas que ellos tienen. Es mucho más fácil para mí empatizar con Porter. Puedo ser él. Pudo haberme pasado. Puede pasarme mañana.

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Los adultos, al menos en esta primera temporada, contemplan todo desde una vidriera invisible. Ven, pero no pueden tocar, ni hacer nada para cambiar lo que está pasando. Y en muchos casos, como si hubiera un cartel al fondo con letras chicas, saben que algo dice, pero no pueden leer qué.

Es notable, cómo se han esforzado para poner a pocos adultos indeseables. Los hay más o menos desorientados, más o menos estúpidos, pero en realidad, salvo la madre de Justin y su novio, no hay mayores problemas. Estamos en un pueblo del norte de EEUU, una suerte de páramo de paz y clase media. Los adultos abarcan casi todos los estratos. Tenemos a los profesionales intelectuales (padres de Clay), a los pequeños comerciantes (padres de Hannah), al militar (Padre de Jessica), al policía (padre de Alex), los acomodados económicamente (madre de Zach), los millonarios (padres de Bryce – estos últimos ausentes).  El personal de la escuela, tiene también un trato cuidadoso. Es difícil decir qué sensación causa el Director. Gary Bolan es interpretado por Steven Weber, a quien vimos en todos lados, pero que empezó en la sitcom Wings, una cosa rara que ocurría en un aeropuerto en Nantucket, y que duró 7 temporadas. Afianzado como comediante, ha hecho de todo. Otrora galán, su phisique du rol a los 50 años es un poco más filoso. En muchos casos interpreta villanos despreciables. Aquí, en una ambiguedad siempre presente en la serie, es un correcto director de escuela, tal vez un tanto más abrumado por la demanda judicial, que por la muerte de sus estudiantes.

El final de la ¿temporada? es tal vez el único posible. La redención para Clay será notar lo que no notó antes en Hannah, en otra persona cercana. Y la justicia para Hannah, será fruto del esfuerzo de Clay, y la decisión de Tony de entregar los audios.

No hay nada más que decir que esta temporada. Es una miniserie. No queda más que el fondo de la olla que rascar. Los argumentos del futuro no tienen la potencia de estos que ya vimos. Una próxima temporada que esté más cerca del juicio, del mundo adulto, que de la angustia adolescente, es una pésima idea. Dejen esto acá. Cerrado. Que sea el ejemplo de cómo se puede hacer cambiar el punto de vista, de tal vez millones de personas. De como un producto masivo, puede pasarse en las aulas y darle un brío renovado al relato aleccionador. Estas trece horas pueden cambiarle la vida a mucha gente. Es el ejemplo perfecto del potencial transformador del arte. No lo rompan.

Hannah Baker, siempre te voy a recordar. Junto a Jo March, Alejandra Vidal, Holly Golightly, Annie Hall, Samantha Baker y Summer. Estás con nosotros, para siempre.

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