Reseña: 13 Reasons Why

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Hace poco menos de un año, en las pantallas de Netflix se estrenaba un bombazo que absolutamente nadie tenía en la agenda. Una joya de culto que había pasado bajo el radar. Esa sortija escondida se llamó “Stranger Things”, y si nos queda una crítica para con ella es la misma que le cabe al hit de esta temporada y que será detallada mas adelante.

Menos de trece razones

“13 Reasons Why” es un alegato. Un fuerte alegato sobre una situación ya a estas alturas normalizada y que nadie desconoce. El bullying existe, es un hecho grave, hay que detenerlo. Es hasta probable que el “Comité Anti-bullying Americano” (supongamos que existe algo así) hubiera financiado la creación de Jay Asher, autor de la novela YA (Young Adults) del 2007 que adapta la serie.  Porque a la fecha, autores como Stephen King –y tantos otros de la literatura YA-  se han ocupado de señalar el flagelo de bullying infantil y adolescente, pero nunca en el pasado se había visualizado de manera tan cruda, contundente y realista como en esta nueva serie. Quizás ya en un tono evidente de lo que se desea revelar.

Hannah Baker (Katherine Langford) se suicida. Es una chica que tiene todo para ser popular en el doloroso ambiente de secundaria suburbana norteamericana (que en “13 Reasons Why” es notablemente inclusiva y progre), y sin embargo, no lo es. No es totalmente antipopular tampoco. Esta… ahí. Su mejor amiga, Kat, se muda y la deja sola contra un mundo que conoce y de alguna manera no. Hannah tiene 17 años y es falible. ¿Por qué que adolescente no falla? Y entonces, las palabras de los “jocks”, esa subclase de estudiante norteamericano que sobrevive gracias a su proficiencia deportiva, la enamoran pasionalmente. Por supuesto, el otro protagonista de la historia, Clay Jensen (Dylan Minette), compañero de escuela y de trabajo en el cine barrial, también la ama, y el es un chico bueno que no rompe un plato. Por supuesto también, es un boludo tímido bárbaro señalado como nerd, hecho que no vemos jamás en la serie materializarse de ninguna manera. No tiene tiempo, porque él es la razón número 11 y se pasa la serie entera escuchando dolorosamente las cintas que Hannah dejó como testimonio final.

Siete cassettes –todo muy retro- secretos pasados de “Razón en Razón” donde explica las situaciones específicas que la llevaron a suicidarse. Clay, que tiene todos los gestos del pibe protagonista de “Perks of Being a Wallflower” parece ser la única persona en toda la ciudad, descontando a Tony, su mejor amigo (Christian Navarro) y los padres de Hannah, que quiere sacar todo a la luz.

Y no lo hace por… razones

13 REASONS WHY

Pocas Razones

La dinámica de la serie es evidente. Como otras series de Netflix (la otrora nombrada Stranger Things), “13 Reasons Why” es insoltable. Es, en términos, “droguita”. Quien escribe hizo una maratón de diez capítulos seguidos para terminarla a las 3 de la mañana del Paro Nacional (se podría decir que es un carnero de alguna clase), honestamente, porque no la podía abandonar. Cada episodio, sin ser revelaciones ni plot twists muy tremendos, nos muestra algo mas que nos termina afectando, a veces incluso de manera personal. No escatima en escenas muy fuertes –con disclaimer antes de que empiece el capítulo, aplausos- y muy jodidas que pegan muy cerca de la diana.

Se insiste, “13 Reasons Why” funciona como alegato. Como video propaganda. No es de extrañar que en algún momento pase a formar parte de la cinematografiá regular de las High Schools norteamericanas. Quien nació acá no puede entender ese submundo que es la Norteamérica escolar. Todo lo que podemos conocer es a través de justamente, series y películas, algunas muy cercanas a esta serie. “Ciudades de Papel”, “Las Ventajas de ser Invisible” y el videojuego “Life is Strange” son primeras referencias. Es gracioso cuando alguien que sí asistió a secundarias yankees te dice que es exactamente como se ve. Con matices por supuesto. El microuniverso dominado por una suerte de castas que luego se repetirán en el mundo adulto con mas o menos las mismas dinámicas. Reyes y Reinas de la secundaria. Líderes deportivos que salen con la Cheerleader y tienen sus entourages con la cual dominan la vida escolar donde, siempre, de alguna manera hay alguna víctima que –como en el mundo adulto una vez mas- termina siendo culpabilizada, porque “que hizo”.

Conclusión

“13 Reasons Why” con el boca a boca va a explotar en las próximas semanas. Estaba claro que iba a ser asi. Dirigida con sutileza, fotografiada con honra en los métodos clásicos (el pasado anaranjado, el presente, azul depresivo, oscuro, con una paleta sombría), actuada magníficamente por todo el largo cast, con créditos para Kate Walsh como madre de Hannah que nos logra transmitir toda el dolor y desesperación que solo puede sentir una madre que perdió a una hija. Incluso la banda sonora, que agita algún parche común, esta muy bien. Indie, hits de los 80´s. Lo lógico. “13 Reasons Why” toca teclas que suenan como una melodía clara, pero a veces, la armonía se quiebra y nos quedamos escuchando algo hermoso pero todo lleno de tonos menores.

Si hay una crítica que hacerle, como a “Stranger Things” es que el final demasiado abierto, con varias puntas por resolver, determina la existencia de una innecesaria segunda temporada.

Como con el éxito de los Duffer, no tiene sentido. La potencia del alegato va a terminar aguada.

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