Paranorías: Los archivos perdidos del Dr. Romanoski

Teorías conspiranoicas en Esquel

En una época en la que la cultura general de nuestro país y la cinematográfica en particular están tan golpeadas, aún quedan realizadores que apuestan por seguir creándola; es el caso de Matías Carelli, guionista y director argentino, a quien conocí allá por el año 2013, cuando presentó su ópera prima titulada Sr. Blanc, en el 9° Festival de Cine Inusual de Buenos Aires, organizado por Silvia G. Romero y Fabián Sancho, durante el cual su protagonista, Fabián Terrone, se llevó el galardón al mejor actor; en tanto su segunda película, El rastro de los 5, fue distinguida con una mención especial en la 12° edición del mismo festival en el año 2016.

Su tercer largometraje, producido bajo el sello Proyecto Q, data del año 2025. Paranorías: los archivos perdidos del Dr. Romanoski se trata de un film híbrido, que mezcla el género de falso documental y found footage (metraje encontrado) con flashbacks que proponen mayor contexto a la historia mostrados en narrativa tradicional que comienza con un texto y voces en coreano anticipando que este video pertenece al Gobierno de Corea y fue encontrado en un granero de la Patagonia Argentina; a partir de ese instante, todo lo que veremos serán distintos pasos de comedia que en algunos momentos utilizan el absurdo y en otros el humor cándido muy propio de las décadas del 50 o 60 para la diversión de los espectadores.

La película está protagonizada por la dupla formada por Fabián Terrone en el papel del Dr. Romanoski y Javier Sança como Rómulo, objeto de la investigación del psiquiatra. Ambos actores muestran una química en pantalla que nos hace acordar a la dinámica que tenían los entrañables Alberto Olmedo, en el papel del Capitán Piluso, y Humberto Ortíz como Coquito, que hicieran las alegrías de miles de niños en su programa infantil. El argumento es simple: Rómulo es un fanático de las teorías conspirativas y Romanoski decide estudiarlo para escribir su obra cumbre; pero el “loquito” llevará al psiquiatra por caminos que pondrán a prueba su razón, sus creencias y sus conocimientos. Los personajes secundarios, supuestamente entrevistados por un documentalista, añaden mayor encarnadura a la trama, representando a distintas personas del pasado de Romanoski, su ex mujer, antiguos colegas, la maestra de primaria, su mentor, un vecino, un ex paciente y su abogado permiten ir reconstruyendo la vida del doctor y presuponer qué ha ocurrido finalmente con él; otro aspecto que profundiza en los motivos y la psicología del personaje es el reportaje realizado en los estudios de TV del “Esquel Night Show”, que muestra al Dr. Romanoski como alguien poco ortodoxo y dispuesto a romper todas las reglas necesarias para alcanzar sus objetivos. Los fragmentos de narrativa tradicional presentan el marco espacial mostrando la ciudad de Esquel y los paisajes de sus alrededores, mientras los protagonistas se embarcan en distintas aventuras extrañas y divertidas con resultados no muy beneficiosos para Romanoski, quien no puede hacer comprender a Rómulo la realidad conspirativa que los atraviesa.

En definitiva, Paranorías: los archivos perdidos del Dr. Romanoski, se trata de una película muy entretenida que rompe con el humor caótico y falto de sentido propio de esta época y propone un regreso a las fuentes, demostrando que la inocencia todavía puede hacernos reír.

Especial Flora y Fauna (Conversando con Matías Carelli)

La virtualidad nos permite conectarnos a cualquier hora y desde la comodidad de nuestros hogares. Esta conversación con Matías Carelli nos pide un encuentro en persona con un café de por medio, espero que pronto podamos cumplirlo. Mientras tanto disfruten la entrevista y conozcan más sobre el proyecto que se lleva adelante en Esquel.

  1. Las películas anteriores las produjeron bajo el sello Cine con Vecinos Esquel. ¿En qué se diferencia de Proyecto Q?

Cine con Vecinos fue la idea inicial y buscaba como su nombre lo señala hacer cine con vecinos y vecinas de la ciudad. Se generaron confusiones con Cine con Vecinos de Saladillo, y se decidió el cambio de nombre, especialmente porque uno podría reconocer en ellos la línea “inspiradora” y de alguna manera era una especie de acto de justicia. Siempre les aclaré a Fabio y Julio[i] que el nombre original lejos estaba de intentar ser una copia sino más bien de extender la espectacular idea que ellos tuvieron. Pasar a Proyecto Q fue de alguna manera ir hacia una mayor especificidad, buscar evolucionar y tener identidad propia. Esto hizo que se realizaran cortos y este largometraje con esa nueva denominación.

  • Con Fabián y Javier trabajaste en tus dos primeros filmes. ¿Qué relación te une con ellos?

Hay ante todo una relación de afecto y amistad, de entendimiento artístico. Particularmente, Fabián y Javier tienen una “química” actoral propia. Estos espacios artísticos autogestivos requieren e insumen tiempo y mucho esfuerzo. Es por eso que uno de los requisitos principales es formar grupos armónicos de trabajo, de disfrute y en donde –a contrapelo de lo que muchas veces sucede en la sociedad actual– se vea al vecino como un aliado y no como un enemigo, se registre a que hay un “otro”, se socialice y se comparta de manera constructiva.

  • ¿Cómo llevan adelante el proceso creativo?

Es bastante ecléctico. A veces son charlas que derivan en ideas y esas ideas, o algunas de ellas intento transformarlas en guiones filmables. Diría que es una de las etapas más fascinantes. En el caso de Paranorías, la premisa era jugar con el humor al tiempo de hacer una crítica social profunda. De hecho, me gusta describir a Paranorías como una obra en donde usando capas de humor absurdo podemos digerir una crítica social bastante ácida que habla de varios temas candentes, tales como la salud mental, los valores imperantes de la sociedad y la construcción de la verdad.

  • Una vez terminada la película, ¿cómo la muestran al público?

Eso depende. Originalmente lo hacemos en los cines de Esquel y de Trevelin, y luego intentamos participar en algunos festivales. Lo cierto es que está cambiando un poco eso. No hay muchos espacios en Argentina para largometrajes independientes y la gente va menos al cine. Paranorías surgió originalmente como un material para ser visto en redes. Luego transmutó en un largometraje. Y diría que ganó mucho en ese proceso.

  • En los anteriores Festivales de Cine Inusual de Buenos Aires les fue muy bien. ¿Piensan presentarse en el Festival de este año?

¡Si nos aceptan, claro que sí! Es un Festival estupendo y al cual le tenemos mucho afecto.

  • ¿Qué proyectos tienen para el futuro?

Hay 2 documentales que están en fase de gestación y hay ganas de experimentar con otros formatos narrativos, de pronto más cortos. Pero aún nada demasiado en concreto.

  • ¿Cómo puede hacer la gente que no es de Esquel para ver sus películas?

Estamos explorando la forma de que puedan verse online. Hay gente que está lejos que ha manifestado sus ganas de ver Paranorías. No es sencillo por ahora.

Le doy un gran agradecimiento a Matías por su tiempo y buena onda, quedando a la espera de poder compartir ese café.


[i] Fabio Junco y Julio Midú son los directores de Cine con Vecinos de Saladillo.