Battlefield Earth: Otra más considerada como la peor película de la historia

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Luego de las reseñas sobre The Room y Freddy Got Fingered continuamos con más películas del listado de cintas que llegaron a ser calificadas como “la peor película jamás hecha”, porque éstas si bien muchas veces son difíciles de mirar, también suelen ser las más divertidas a la hora de escribir al respecto. La mencionada lista de hecho existe y está disponible en Wikipedia, si bien es más larga de lo que uno pensaría, sólo unos pocos nombres suelen conseguir resonar repetidas veces a lo largo de los años entre los cinéfilos y uno de esos infames nombres es el de Battlefield Earth.

Por supuesto que el dinero no es garantía de nada en lo que a la producción de una obra artística respecta, pero que una película que costó nada menos que 73 millones de dólares en el año 2000 derrape tan estrepitosamente como para obtener puntuaciones de 2.4 en IMDb, 3 % en Rotten Tomatoes y 9 % en Metacritic resulta difícil de comprender… hasta que vemos la película en cuestión y todo cobra sentido. Battlefield Earth es a menudo muy renombrada a la hora de hablar de “la peor película de la historia” y muchos consideran que entra dentro de la categoría de películas “tan malas que son buenas”, aunque esto último es algo cuestionable ya que el visionado de la película resulta eterno, verla de una sola sentada sin detenciones resulta verdaderamente una tarea titánica. No porque sea particularmente larga, sino mas bien porque así se siente, esto se da en gran parte ya que por momentos el espectador se siente más perdido que con las películas más desorientadoras de Lynch, pero no porque Battlefield Earth tenga una trama rebuscada o una narrativa visual que la vuelven de difícil lectura, sino porque el guion es tan catastrófico que muchas secuencias no tienen razón de ser y pobres de nosotros si intentáramos encontrarles explicación. Hay una secuencia que destaca particularmente en este departamento, pero para eso necesitamos un rápido repaso por la trama:

Es el año 3000, la Tierra fue invadida y conquistada hace 1000 años por los habitantes del planeta Psychlo, quienes llevaron al borde de la extinción a la raza humana, la cual, privada ya de su civilización tanto a nivel físico como intelectual, se esconde para no ser esclavizada, mientras que los Psychlos se dedican a explotar los recursos de la Tierra para enviarlos a su planeta natal. Jonnie Goodboy Tyler (interpretado por Barry Pepper) es un humano que vive junto a un grupo de personas que se esconde de los Psychlos, en una de sus excursiones, Jonnie se encuentra con dos humanos de otra tribu con quienes exploran las ruinas de un centro comercial, donde son interceptados y llevados como prisioneros por los Psychlos, cuya figura más presente es Terl (John Travolta). Así es que Jonnie ahora debe encontrar la forma de librarse y acabar con esta raza avanzada tecnológicamente que amenaza a su especie.

La cinta tuvo críticas extremadamente malas, tanto que las citaciones que aparecen en este poster armado por Entertainment Weekly son reales (destacando la cita más larga aquí presente que podría traducirse en algo así como: “Un millón de monos con un millón de crayones estarían en apuros para crear en un millón de años algo tan cretino como Battlefield Earth”):

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 El guion es un desastre

La historia tiene más agujeros que una coladera y ahora que la trama ya esta aclarada podemos adentrarnos en ellos y retomar la parte que probablemente más destaca en lo que a secuencias absurdas refiere, en la cual Terl decide liberar por voluntad propia a Jonnie y sus amigos sólo para saber cuál es la comida favorita de los humanos y luego de esto volver a capturarlos, pensando en usar esa comida como incentivo para que cooperen. Si el plan de por sí no suena lo suficientemente tirado de los pelos podemos aclarar un par de cosas para que lo haga, no sólo que los humanos (como todos los prisioneros en las películas) se encuentran encarcelados en condiciones aberrantes, las cuales serian más fáciles de mejorar en caso de buscar cooperación en lugar de liberarlos y seguirlos por 3 días, sino que incluso después se nos revela que los Psychlos tienen una maquina con la cual pueden hacer que en cuestión de segundos un humano aprenda su lenguaje, este método podría haberse empelado no sólo para preguntar cuál era su comida favorita sino que facilitaría la interacción en general con sus prisioneros. Eso por no mencionar la inverosimilitud de que 3 humanos sean capaces de sobrevivir sin comida ni abrigo durante 3 días en una nevada como se muestra

Más adelante en la historia, Terl envía a Jonnie y sus amigos a recoger oro de una mina, estos deciden engañarlo y traerle lingotes de oro de la bóveda Fort Knox (que por cierto está convenientemente intacta y por si fuera poco totalmente abierta), pero ni los humanos ni Terl piensan por un segundo lo ilógico de entregar oro en una perfecta forma de ladrillo cuando teóricamente ese oro fue extraído de una mina.

También podemos mencionar otro ejemplo, (dudo que alguno quiera meterse en la masoquista tarea de ver esta película, pero la siguiente advertencia vale al menos como un formalismo) SPOILERS. Al final de la película, los humanos logran destruir el planeta natal de los Psychlo transportando una bomba hasta allí, pero la bomba no es tan poderosa como para volar el planeta entero por sí sola, sin embargo cuentan con la (nuevamente conveniente) ayuda de que toda la superficie del planeta Psychlo está cubierta por un gas toxico y volátil que va a esparcir la explosión de la bomba y destruir el planeta por completo. Por lo cual para que este mundo exista básicamente jamás en toda su historia tuvo que haber sufrido ni siquiera una mínima explosión o haber existido una llama, pero por si queda alguna duda recordemos que estamos hablando de un planeta donde hay una infinidad de maquinaria y armas de fuego, la opción de una bomba tan potente como para destruir un planeta hubiera sido aunque sea menos inverosímil.

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A lo largo de la película hay un esboce de desarrollo de la historia personal de Terl, es el único personaje que recibe algo de grosor, pero que de todas formas estas cuestiones tampoco desembocan en nada, ni sus problemas con el senador Psychlo o sus superiores, ni su confinamiento a la Tierra, ni su linaje familiar, ni su gran desempeño académico.

Continuando con las secuencias incoherentes de la película, en una secuencia Terl utiliza una maquina que transmite conocimiento al prisionero para que Jonnie aprenda el idioma Psychlo, resulta totalmente inexplicable cómo la tontería de Terl llega al extremo tal de dejar a Jonnie expuesto durante tanto tiempo y sin supervisión a la maquina que brinda conocimiento, incluso en un momento sus amigos tratan de rescatarlo y el mismo Jonnie les pide que lo dejen ahí para obtener más saberes, como consecuencia de esto en la siguiente escena vemos a Jonnie enseñándole biología molecular a sus compañeros de celda (si, biología molecular). Obviamente sus compañeros no pueden desarrollar su inteligencia tan rápidamente como lo hizo su amigo con la ayuda de la maquina, pero aun así, por un motivo inexistente pero más cercano a lo mágico que a lo razonable, sobre el final de la película todos aprenden a usar armas e incluso hasta aprenden a volar aviones de combate en solo una semana.

SPOILER: Finalmente los humanos dejan encerrado a Terl en la bóveda de Fort Knox donde se encuentran guardados todos los lingotes de oro, pero no porque enjaular a Terl en esta ubicación sea algo inteligente de hacer, sino meramente por la ironía misma que presenta el personaje al estar rodeado y tener tan cerca lo que desea y a la vez no poder alcanzarlo, en un lamentable intento de hacerle creer a la audiencia que el final es algo que pretende ser más profundo o simbólico de lo que realmente es.

Una considerablemente grande cantidad de ideas parecen haber sido descartadas a medida que fue avanzando el guion, ya que sólo en los primeros 5 minutos de comenzada la película se plantan varias cosas que a lo largo de las próximas casi 2 horas jamás se vuelven a retomar, como el conflicto cliché entre la novia de Jonnie y un hombre mayor que no está de acuerdo en que estén juntos, la muerte del padre de Jonnie, a quien jamás conocimos y de quien nunca supimos absolutamente nada pero sin embargo la dirección decide hacer un planteamiento en el que pareciera que esto debería representar algo de peso para el espectador y además un amuleto de su también difunta madre, el cual tiene un peso prácticamente inexistente, todo en pos de un pobre intento por darle a los personajes una dimensionalidad que jamas llega. Estos son sólo algunas de las decenas de huecos que tiene el libreto de esta cinta, pero no crean las palabras de este articulo si no lo desean, remitámonos a los hechos: uno de sus guionistas, J.D. Shapiro, escribió voluntariamente una carta para disculparse del desastroso resultado final, excusándose de que éste terminó siendo muy distinto a lo que en un principio tenía en su borrador.

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La dirección y el montaje también son un desastre

De todas formas el guion no es lo único que resulta vapuleado en esta cinta, de hecho prácticamente todos sus elementos sufren el mismo destino, comenzando por la dirección de Roger Christian, la cual hace un uso exagerado y totalmente vulgar de los recursos cinematográficos, donde el director parece no conocer otra forma de utilizar una herramienta cinematográfica si no es estereotipándola, como acentuar una frase haciendo que ésta resuene en la cabeza de un personaje y principalmente con abusos del slow motion y de las tomas danesas, la cantidad de planos NO escorzados en Battlefield Earth ronda entre la nada y la insignificancia, incluso peor que la adaptación cinematográfica de Thor (2011). El director debería ser excomulgado de la Motion Picture Association of America, pocas veces en la historia se ha visto una falta de criterio tan absoluta a la hora de dirigir un película como en Battlefield Earth, si el director de esta película logró seguir dirigiendo después de esto, la redención es posible para cualquiera.

Escenas que duran muy pocos segundos y cortan apenas termina la acción principal, no vemos la consecuencia inmediata de lo que acaba de suceder, le sacan respiro a una escena que justamente necesita que se lo saquen, es como si el montajista dijera: “OK, acá ya termino lo importante, el resto es relleno, siguiente escena”. Es difícil (o al menos debatible) si la falta de dinamismo e impacto que muchas escenas pretenden tener en la cinta es culpa del director o del montajista, ya que las secuencias de acción muchas veces resultan toscas. Hasta la edición se inclina por la salida fácil e insípida marcando las elipsis con barridos que van desde el centro a los costados del cuadro, una variación pobre de los barridos característicos de Star Wars. La película ni siquiera se pone de acuerdo con los distintos idiomas que aparecen, a veces escuchamos el idioma Psychlo original (es decir, inentendible al oído humano) pero con subtítulos, otras veces oímos el mismo idioma inentendible pero sin subtítulos y otras veces oímos el idioma Psychlo pero adaptado a nuestro idioma para facilidad del espectador (ya que esta raza no habla ningún idioma humano), el problema es que esta facilidad va y viene cuando quiere, sobre todo en los primeros momentos de la película, para recién luego estandarizarse.

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Y básicamente todo lo demás es igualmente un desastre

Las interpretaciones sólo podrían haber sido más sobreactuadas si hubieran hecho participar a Nicholas Cage en la película. La construcción de los antagonistas es casi risible, estereotipados a más no poder y con una inutilidad digna de un villano de un dibujo infantil, cargados con sus constantes risas malvadas esparcidas del primer al último minuto de la cinta.

No hay química entre ninguno de los personajes, el protagonista no tiene química ni con el antagonista, ni con sus compañeros, ni su novia (con quien por cierto comparte sólo 3 escenas y se demuestran algo de afecto en sólo una).

El director de fotografía (Giles Nuttgens) brinda una imagen absolutamente plana en todo sentido, tanto por la iluminación como por la paleta de colores totalmente homogénea dentro de cada escena, muy difícilmente encontremos una secuencia en la cual podamos ver dos o más colores distanciados en el circulo de Newton, eso podría ser aceptable para algunas escenas, pero no para aplicar en toda la película de principio a fin.

Ni siquiera el departamento de sonido se salva, en un intento por ponerle sabor a las situaciones utiliza una música tan exagerada que desentona con lo que sucede en la pantalla, además de que por momentos en la banda sonora la música y algunos efectos de sonido aparecen a un volumen tan alto que resulta molesto, tan así que lleva a uno a apresurarse a bajar el volumen, sólo para volver a subirlo unos segundos después porque si no nos perdemos los diálogos, por no mencionar la secuencia en la que secuestran a Jonnie, en la cual el oído pide unos efectos de disparo que jamás llegan. Es esta misma secuencia la cual además de estos problemas sonoros tiene unos disparos laser hechos con unos efectos visuales de calidad paupérrima, que (si bien se nota mejor en movimiento porque hasta la física del disparo es horrenda) puede apreciarse al menos parcialmente en esta imagen:

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La cinta tiene tantos problemas que realmente es muy difícil pasar por todos sin dejar alguno afuera. El mayor pecado es que todos los errores que tiene la película ni siquiera son tan groseros como para que resulte particularmente graciosa o entretenida, sino que resulta más bien una experiencia insulsa, pobre y tediosa. Para gustos están los colores, pero la película parece no haber tenido criterio para casi nada, la frutilla del postre es que lleva un subtitulo que reza “A Saga of the Year 3000”, es decir que esta gente pensaba poder hacer toda una saga luego de este desvergonzado gasto de material fílmico, y “reza” es la única palabra que cabe, ya que sería un verdadero milagro que hubieran conseguido al menos una secuela.

Todo lo que se podría haber hecho mal, se hizo mal. Lo único que generalmente se le puede adjudicar a estas películas es el (dudoso) mérito de enriquecer el mundo del cine con lo anecdótico de su mera existencia, pero esta es una muestra cabal no sólo de que las incursiones y experimentaciones artísticas generalmente conviene que sean hechas a conciencia (aunque no necesariamente siempre), sino también de que en una manifestación artística, el dinero no sirve de nada si no hay al menos una idea creativa o un criterio mínimamente orientado que la lidere.

 

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