End Game: humanizar la muerte

Tiene el mismo nombre que una película de superhéroes, pero no tiene nada que ver con el universo de los cómics y franquicias que venden secuelas, precuelas, spin-offs y demás opciones. End Game o Partida final (Rob Epstein, Jeffrey Friedman, 2018) en su traducción para nuestro país, es un documental original del gigante rojo, que dura apenas cuarenta minutos; los suficientes para exponer un pantallazo sobre una temática que, en general, en el lado occidental del mundo, nos asusta.

Si bien el documental está disponible desde hace tiempo, me animé a verla el 9 de octubre, en conmemoración del Día Mundial de los Cuidados Paliativos. La enfermedad y la muerte están tan escindidas de nuestra vida cotidiana y aprendizajes que nos resultan ajenas a la hora de hablar de ellas de manera orgánica. Según explica Darío Iván Radosta en su cuenta de Instagram @hablemosdemorir, en nuestra sociedad la muerte está medicalizada; es decir, está reservada a la medicina que, en nuestro caso, es científica y secular. En este sentido, la explicación de la muerte viene de la mano del método científico, que también ha modificado los criterios para declarar la muerte de una persona con el tiempo. Por ejemplo, hoy puede existir la llamada muerte cerebral mientras el resto de los órganos del cuerpo pueden mantenerse activos o vivos para, en ocasiones, permitir los trasplantes (que a su vez darán vida o prolongarán la de otras personas). En este plano, lo único que explica la muerte es el método científico, sacando de nuestro entendimiento o construcción de la experiencia de ese suceso al que nos vamos a enfrentar todos los seres humanos, los componentes subjetivos (cómo experimenta cada persona su cercanía a la muerte), las emociones y la explicación espiritual del fenómeno, sea cual sea su arraigo cultural. Entonces ¿cuándo morimos exactamente?, ¿qué sucede cuando morimos?, ¿cómo me preparo para ese momento?, ¿cuándo me despido de un ser querido?

Si bien los avances científicos han traído como resultado una mayor esperanza de vida (en especial en los países desarrollados) y mejoras en la salud, hoy nos enfrentamos al desafío de humanizar y retomar la valoración subjetiva, emocional y espiritual de la enfermedad crónica que aún no tiene tratamiento, así como el destino final de todas las personas, es decir, la muerte, liberándola del peso del fracaso a ese hecho inevitable.

End Game es un documental que expone de manera directa y cruda esta realidad y aquellas preguntas, acercándonos a las respuestas que algunas de las personas vinculadas a los cuidados paliativos van encontrando en el proceso de la enfermedad.

En términos de la OMS, los cuidados paliativos “son un modo de abordar la enfermedad avanzada e incurable que pretenden mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes que afrontan una enfermedad como de sus familias, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento a través de un diagnóstico precoz, una evaluación adecuada y el oportuno tratamiento del dolor, y de otros problemas tanto físicos como psicosociales y espirituales”.

Los ejemplos que se muestran en el documental no son perfectos, si bien están situados en un país con un profundo desarrollo de la medicina occidental, así como de dispositivos complementarios. Sin embargo, ningún servicio puede reemplazar las palabras cálidas de alguien que trabaja día a día con la temática, un abrazo contenedor o incluso el espacio para poder angustiarse y llorar sin interrupciones, y todo esto está presente en el documental en diferentes formatos.

Cuando escuchamos la palabra paliativos la asociamos inmediatamente a la idea de que ya no hay nada por hacer. Sin embargo, en boca de profesionales que se especializan en esta disciplina, siempre hay algo por hacer y eso es cuidar. Siempre se puede cuidar, y se puede hacer desde un lugar de respeto, empatía y teniendo en cuenta la voluntad de quien padece la enfermedad, por más apagada que esté su voz.

En End Game, una paciente joven, diagnosticada con cáncer de útero, no se resigna y quiere probar un tratamiento de quimioterapia a pesar de las consecuencias que ello podría traer a su calidad de vida, sin la garantía de que funcione. Otro paciente, ya mayor, decide pasar su final de vida en un hospice, un dispositivo creado especialmente para acompañar y cuidar de manera integral a las personas en la etapa final de una enfermedad. Una madre joven pasa el momento crítico de su enfermedad intervenida y asistida en un hospital; sin embargo, la institución permite a sus familiares acercarse y estar todo el tiempo que ella lo desee a su lado. Los debates sobre las posibilidades de pasar los últimos días en casa, así como la esperanza de un milagro, la idea de “amigarse con la muerte” o, en su defecto, al menos “tener una relación con ella”, en palabras de uno de los médicos, están presentes a lo largo del relato. No hay respuestas correctas ni incorrectas. La medicina y el método científico acá hacen lugar a las creencias y miradas de cada protagonista. Hay un método que se adapta a cada situación y eso ya es bastante.

End Game nos permite asomarnos a un tema que nos da temor a través de imágenes duras pero que tienen un trasfondo de esperanza en que la enfermedad se puede atravesar de manera humana y, sobre todo, acompañada.