Una de arena

Como ya se habrán dado cuenta, el nuevo número de la 24 Cuadros festeja al streaming vernáculo. Estamos aquí para señalar al espectador ocasional, cooptado por la “N” roja o por Amazon,que en Argentina tenemos un streaming gratuito y que pone a disposición contenido interesante.

La 24 Cuadros es una de las pocas revistas pensadas para el espectador, entre tantos blogs, webs y demás formatos pensados para el mundo del cine como se da cuenta en las peleas y entrecruces que se han vivido en los últimos meses, y que tuvieron como protagonistas a Mariano Llinás, Nicolás Prividera, Fernando Martín Peña, Roger Koza, Quintín y algunos más, que casi ninguno de los lectores de esta revista conoce y, sin embargo, siguen viviendo (y disfrutando del cine) sin mayores inconvenientes.

En ese orden, el de debernos a nuestro público, notamos que los streamings “tanque” dejan poco lugar para la exploración de Cine.ar Play, que es casi siempre gratuito, y cuando presenta contenidos pay per view, resulta bastante accesible.

Pero (nada de lo que se escribe antes de un pero tiene importancia) tampoco es que queramos ser los ingenuos buena onda de la fiesta. La realidad es que, si vamos a dedicarle tanto esfuerzo –que no solo es gratuito para el lector, sino que ni siquiera recibimos pauta (a pesar de los $25.679.160,04 gastados en el rubro en 2020 por el INCAA–[i] más vale también señalar los problemas que tiene tanto la plataforma como, por extensión, el mundo del cine nacional porque, en gran parte, son lo mismo. La bola negra tiene que caer en el director de la publicación.

Hoy por hoy, la cadena de financiación del INCAA es un mecanismo intrincado que, en los hechos, termina con la entrega de la copia A, porque en realidad no conviene ver qué hay más allá. Se respira en el aquí y ahora y el cineasta necesita que el escrutinio sobre muchos aspectos de la cuestión sea el mínimo. Por eso, se vive un estado de agitación controlado y los reclamos son los puntuales, que bastan para mantener lubricado el sistema.

Lo mejor que le puede pasar al cineasta nacional es el ataque más rabioso de los sectores liberales (de derecha) que, tergiversando todo, desde los medios de financiación y fomento hasta los propios contenidos, abogan por una actividad cinematográfica exclusivamente privada, es decir, inexistente. La mejor defensa al statu quo es Eduardo Feinmann, que fustiga desde las pantallas, porque nos aglutina a todos del otro lado, sin mirar filas adentro qué está ocurriendo y no debería pasar más.

El cine en casi todo el mundo tiene apoyo estatal. Pero en casi todo el mundo también, los cineastas son más pragmáticos y salen a defender su película; entienden que la distribución, promoción y exhibición son importantes. Hay una correlación entre el número de espectadores y el tamaño de los sueños. Es lógico que, si una película es popular (o exitosa en festivales) y atrae espectadores (o prensa especializada), luego su director logre que un inversor privado, en conjunción con financiación del Estado (que es casi insoslayable en Argentina), aporte dinero para hacer una película más grande. Es sentido común, ¿o no? Bueno, esas ideas no tienen lugar aquí y la concepción mercantilista del cine está muy mal vista, al punto que se ha llegado a la autoinhibición a la hora de plantearla.

La realidad es que hay cientos de cines posibles. Desde el hiperpopular, ya sea caro o no tanto, pasando por el cine autoral sin aspiraciones de popularidad, por los cineastas que alternan proyectos autorales con populares y otros, hasta llegar a los menos, que son los que tienen éxito de casualidad, sin siquiera planteárselo y no tienen intenciones de definirse. El mundo del cine es diverso y casi todos los cálculos salen mal, salvo “la media Darín”, nuestra cuenta del pequeño star system, que asegura cierta cantidad de espectadores, que ya ni sabemos si es cierta.

La lógica del Transatlántico

El fin ulterior del INCAA, su destino utópico, es dedicarse a fomentar lo que jamás fomentaría una productora privada: películas avant-garde que reflexionen sobre el lenguaje cinematográfico y exploren narrativas y modalidades de avanzada; films con compromiso y relevancia social, que hablen de la realidad de nuestro país y sirvan para la reflexión del espectador, al mismo tiempo que regula un mercado (que incluye distribución y exhibición) que se nutre de producciones privadas. También debe servir a todos –sin importar quién financie– como fuente de difusión externa y apoyar estrenos de ultramar, a través de los recursos que el Estado nacional tenga para ello, ya sean festivales internacionales, agregados culturales, convenios con organismos extranjeros y un larguísimo etcétera.

Como este destino utópico no puede alcanzarse, el INCAA está abocado, en el mejor de los casos, a la financiación mediante subsidios o créditos de casi toda la actividad cinematográfica nacional, dejando a las demás actividades (que son muy importantes) en puntos suspensivos. A eso sumémosle que en los últimos años la financiación entra en un estado “Schrödinger”, ya que existe y no existe al mismo tiempo. Los concursos y las cuotas destinadas a la producción tardan años en pagarse, a lo que se suma un país con inflación del 40% anual, costos de producción que no se actualizan en los concursos, suspensiones, demoras y tardanzas varias. Todo esto desemboca en que, una vez que se asume una conducción, se tardan años en ver modificaciones sustantivas, ya que, primero que nada, hay que cumplir los compromisos acordados por administraciones anteriores. Esa es la lógica del Transatlántico: cada movimiento debe calcularse con muchísima anticipación, puesto que tardará mucho en corregirse el rumbo.

Cuando en diciembre de 2019 asumió como director del organismo Luis Puenzo, el INCAA tenía un déficit de $800 millones de pesos y, además, debía pagar en 5 meses más de 500 millones de compromisos contraídos anteriormente. El resultado es la desfinanciación de la actividad en 2020 y parte de 2021.

A su vez, el sistema conformado por productoras, el mismo INCAA, directores y técnicos no hace demasiado para que se miren los estrenos nacionales, y como cualquier colectivo, ante un ataque externo –como los de Eduardo Feinmann o Jorge Lanata–, el mundo del cine nacional (no puedo llamarle industria) hace una defensa corporativa, no solo entendible, sino atendible. Pero ahora, que no están mirando, ¿podemos hablar en serio?

El concepto de producto

A un gran número de cineastas nacionales les hace ruido hablar de películas como productos. Hablan de su cine como una actividad artística y necesaria, generadora de fuentes de trabajo, como una contribución fundamental a la cultura nacional, enarbolando la bandera de la soberanía cultural y declamando contra los servicios de streaming. Este ejercicio de ego, seguramente necesario para mantenerse a flote en este país hostil, conlleva no actuar en consecuencia y evadir el pago de cargas sociales, armar cooperativas truchas, bancarse sin chistar que el INCAA haya desplomado el valor de las películas de “costo medio”, reduciendo los rodajes a tres semanas, comportarse con una ingenuidad sorprendente frente a la realidad política y ser “ligeramente de izquierda”, una suerte de militancia progresista con la consistencia (y las preocupaciones) de un centro de estudiantes. Cuando se habla de la creación de una industria, este conjunto de herramientas no es el más adecuado.

Es hora de que entendamos que las películas están hechas para verse. Que los estrenos escondidos en lotes, por pocos días para cumplir lo pautado y cobrar la última cuota del plan, no sirven. Necesitamos repensar todo el plan de distribución que hoy por hoy depende de un Hail Mary de un festival. Dicho sea de paso, la federación que los nuclea (RAFMA) también está en conflicto con el INCAA.[ii] Pero no solo necesitamos las pantallas: hay que vender esas entradas. Y aquí es donde entra el “especial Ciner.ar” y la responsabilidad de todos.

Después de bregar durante años y de montones de discusiones bastante pavotas, principalmente por parte del complejo y acomplejado cineasta argentino, la pandemia aceleró los tiempos y catapultó Cine.ar Play –mediante la iniciativa Jueves Estreno– al centro de escena, para cerrar el 2020 con 1.800.000 suscriptores.[iii] Películas que no veía nadie, porque su estreno estaba pautado para un par de funciones en el Gaumont, literalmente entre gallos y medianoche (menos federal no se consigue), tuvieron entre 60 mil y hasta 100 mil visionados en sus estrenos.[iv]

No se puede discutir con esos números prepotentes. Por primera vez en mucho tiempo, el cine argentino en su totalidad, no solo productos populares o del star system, sino películas chicas y propuestas riesgosas, estaba encontrando un público. Pero estamos pescando en un mar repleto de peces inmóviles. Nunca fue tan cierta la expresión “público cautivo”. El paso 2 del plan, luego de 16 meses, sería lo que se llama consolidación de marca y fidelización. No está ocurriendo. Hoy, se está perdiendo momentum y se está dejando pasar esta oportunidad única.

Estos instrumentos complejos, como Cine.ar Play, cuentan con un departamento de prensa. Esa dependencia, muchas veces, tiene la responsabilidad ulterior de “ordenar el producto” y proponer, desde los lanzamientos hasta las estrategias de funcionamiento. El aparato de prensa de Cine.ar Play y el canal Cine.ar es, a primera vista muy correcto y profesional en sus publicaciones en las redes sociales, pero, siendo muy amables, debe estar desfinanciado y, como suele ocurrir en el Estado, bastante descoordinado. Toda película contrata un agente de prensa que manda a diferentes publicaciones y medios el “press kit” de la película. En tiempos prepandémicos esto incluía una invitación a la función de prensa. Las películas más grandes pueden ofrecer los famosos desayunos. En casos excepcionales, y a críticos selectos, se les ofrece merchandising (cosa que jamás nos tocó, ni de películas nacionales ni extranjeras, pero ese es otro cantar).

Ahora bien, uno puede suponer que una plataforma con casi 2 millones de suscriptores y financiada por el Estado nacional podría tener un poder de fuego, en cuanto a prensa, que los agentes de prensa que se contratan para una película en particular no podrían ni soñar. ¿Por qué no aunar esfuerzos? ¿Por qué los estrenos de la semana en Cine.ar y Cine.ar Play no se venden debidamente? ¿Por qué se continúa con esta suerte de “perfil bajo”? En base a su presupuesto de pauta, que debería crecer, los estrenos de la semana en Cine.ar Play podrían ser ubicuos. Radio, TV, youtubers y páginas web deberían estar muy al corriente de todo. Eso se soluciona, y no solo con pauta: con contenido claramente unificado. Que Cine.ar Play saque músculo marketinero y trate las películas como productos y que se imponga en la agenda de todos los medios, no solo de los especializados: el estreno de la semana debería ser un horizonte para la fidelización de la marca.

El cineasta argentino debe extender su reclamo más allá de fomento. Primero que nada, porque se nota mucho por dónde va el negocio. Y segundo, porque es esencial para llegar al público, algo que debería ser un fin superador, más allá de que seamos todos artistas y que “filmemos para nosotros mismos”. Una pavada, pero la he leído tanto que quería escribirla yo.

El peso de la ley

En cuanto se puso en funcionamiento HBO MAX (el streaming del grupo Warner), los críticos de Twitter Argentina pusieron el grito en el cielo, porque no habían previsto una categoría de clásicos, teniendo el catálogo de la Warner Brothers. Pero, extrañamente, a pesar de no estar categorizados, se incluyeron unos cuantos. Y es esperable que se sigan subiendo. Por su parte, Amazon se compró el catálogo de la Metro Goldwyn Mayer; Star (el streaming adulto –ponele– de Disney) hará lo propio con la Fox. ¿Y por casa?

Cine.ar Play debería ser la vidriera digital y federal de nuestra Cinemateca. No puede serlo porque la Cinemateca no existe. No existe porque no se cumple la ley. No se cumple la ley porque no le importa a nadie. Es muy difícil tolerar que aquí se haya hablado de la Isla Demarchi de la Fantasía (remember, remember…) y no de cumplir la ley.

Ya que estamos, y como no le hace mal a nadie, reproduzcámoslo aquí:[v] Ley de Fomento de la Actividad Cinematográfica Nacional Nº 17741 (actualizada en el año 1994).

Artículo 55. — Créase la CINEMATECA NACIONAL, que funcionará como dependencia del INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES.

Artículo 56. — Todo titular de una película de largometraje al que se le otorgue el subsidio previsto por la presente ley cederá la copia presentada al INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES para ser incorporada en propiedad a la CINEMATECA NACIONAL. Además, deberá entregar otra copia al ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, cuando la película sea clasificada de interés especial y dicho organismo la considere de utilidad para el cumplimiento de su misión. Los titulares de cortometrajes producidos conforme a lo establecido en los artículos 43 y 44 de la presente ley deberán ceder una copia para integrar el patrimonio de la CINEMATECA NACIONAL y otra al ARCHIVO GENERAL DE LA NACION.

El productor de un cortometraje no previsto en los artículos 43 y 44 de la presente ley, que se acoja a los beneficios de cuota pantalla, se obliga a permitir en forma irrevocable y permanente el tiraje de copias a cargo del INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES y del ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, respectivamente.

Asimismo, este último organismo tendrá acceso al copiado, por su cuenta, de las ediciones de prensa filmada que juzgue de interés para el mismo.

Las películas nacionales pertenecientes a la CINEMATECA NACIONAL serán utilizadas en acciones de promoción con fines de fomento y difusión de la cinematografía argentina en festivales, muestras y exhibición en el país o en el extranjero y las incorporadas al ARCHIVO GENERAL DE LA NACION en proyecciones acordes con los fines didácticos y culturales del mismo.

Todos los titulares de películas que reciban beneficios establecidos en la presente ley están obligados a autorizar la obtención de copias a cargo del INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES y del ARCHIVO GENERAL DE LA NACION que pudieren necesitar para el cumplimiento de los fines mencionados precedentemente.

La exhibición de películas de carácter reservado o secreto depositadas en la CINEMATECA NACIONAL o ARCHIVO GENERAL DE LA NACION deberá ser autorizada por la autoridad del organismo productor.

A su vez, la Ley 25119, del año 1999, promulga la creación de la Cinemateca y Archivo de la Imagen Nacional (CINAIN) y dice así:[vi]

Artículo 3º — Son deberes y funciones de la CINAIN:

a) Recuperar, restaurar, mantener, preservar y difundir el acervo audiovisual nacional y universal;

b) Mantener un centro de documentación y estudios audiovisuales, así como una biblioteca especializada y publicar un boletín mensual;

c) Mantener por sí, mediante acuerdos con terceros, salas de exhibición cinematográfica y videográfica y de experimentación audiovisual, que deberán tener un funcionamiento regular en diferentes regiones culturales del país;

d) Asesorar al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y demás órganos públicos, en la formulación de políticas culturales en materia audiovisual, en la celebración de convenios y en los llamados a concursos destinados a promocionar la producción audiovisual nacional;

e) Promover la formación e intercambio de estudiantes y profesionales del ámbito de la investigación y preservación de las películas con instituciones análoga del país y del exterior;

f) Promover la difusión del acervo audiovisual en el interior del país, así como la realización de actividades destinadas a fomentar la creación audiovisual;

g) Mantener el acceso al acervo audiovisual nacional a los investigadores, estudiantes o interesados que lo requieran;

h) Publicar anualmente el catálogo actualizado del acervo audiovisual nacional, así como los estudios relevantes que se hubieran producido sobre la materia;

i) Publicar semestralmente el estado de ejecución de su presupuesto en forma detallada;

j) Organizar el Museo Nacional del Cine Argentino;

k) Organizar y mantener un archivo fotográfico digital del cine argentino;

l) Intercambiar películas y muestras con otras cinematecas.

Artículo 4º — Declarar el estado de emergencia del patrimonio fílmico nacional y realizar una campaña de información pública sobre la preservación del patrimonio audiovisual.

Hemos dejado prácticamente solo en esta cruzada al realizador, historiador, analista y divulgador cinematográfico más importante que tenemos, que es Fernando Martín Peña. Es el único que se para en un banquito con un megáfono y grita a los cuatro vientos sobre el tema.

Tan surrealista es la batalla que, con un color político afín a la actividad artística en general, plenamente apoyado por los artistas de cualquier índole, al punto que en medio de la crisis tremenda en la que nos encontramos, se prestan para videos militantes por causas que, en este contexto parecen ínfimas, como la defensa de los terrenos del Tiro Federal,[vii] pero nada se habla, ya no solo de la Cinemateca, sino tampoco de la Filmoteca, el histórico programa de cine que conducía Peña, y que hace casi un año y medio dejaba de salir al aire por Canal 7, y fue rescatado medio de casualidad como podcast de Radio Nacional en el marco de Sonido Cultura.[viii]

En la misma lógica de “no hacerle el juego a la derecha siendo criticones”, hemos dejado solo a Peña, y no chillamos porque, al fin y al cabo, le dieron un podcast, y el asunto es bien complejo, como dice un tuitero famoso. Filmoteca sobrevivió al macrismo enemigo pero sucumbió ante el albertismo amigo. Recién hace unas semanas se anunció su regreso para finales de agosto. Hay abrazos que vienen con puñales.

La página web de CINAIN no se actualiza desde diciembre de 2019. Se han borrado sus perfiles en redes sociales, y su accionar, si es que está teniendo, no se hace público desde ese momento.[ix] Su noticia más relevante en un lustro se publicó en octubre de 2019. Hace casi dos años se titulaba “CINAIN tendrá su laboratorio de Preservación Fílmica”.[x]

Nuevamente, Cine.ar sería un motor propalador de una Cinemateca. Restauremos un clásico por mes. Pongámoslo disponible con una curaduría: un documental bien hecho, entrevistas. Hagamos algo parecido a lo que Netflix otrora intentó con Orson Welles y The Other Side of the Wind y They’ll Love Me When I´m Dead (2018).Generemos un evento. Sembremos interés. Consigamos financiación. Hagamos primero lo obvio, y luego lo no tan obvio.

La organización vence el tiempo

Ustedes no me van a creer, o tal vez sí, pero no solo existe Cine.ar Play, sino que tenemos una segunda plataforma de contenidos, que es Cont.ar (www.cont.ar). Su bajada de prensa dice que Cont.ar es la plataforma pública de contenidos audiovisuales, (en donde) podrás visualizar todos los contenidos de las señales Televisión Pública Argentina, Radio Nacional, Encuentro, Pakapaka, Deportv, CCK y Tecnópolis, en vivo y bajo demanda.[xi]

Por supuesto, es materia opinable, pero ¿no sería conveniente tener una sola plataforma vigorosa? ¿No resulta extraño que Cont.ar tenga largometrajes en su oferta de contenidos?[xii] ¿Tan difícil es articular esto? Y aun siendo más preguntón, ¿no es un despilfarro de recursos?

En un purismo digno de 2010, podríamos decir que Cont.ar es contenido para TV y que Cine.ar Play es estreno cinematográfico. Esa lógica no existe en 2021, más aún con el streaming y sus estrenos de largometrajes. Y para peor, en Cont.ar se estrenó hace solo unos días Ensayo para Güemes (Daniel Rosenfeld, 2021), protagonizado por Leonardo Sbaraglia y Mercedes Morán y guion de Mariano Llinás, que por más que se venda como un programa de TV de un episodio, es un largometraje (apenas) o si se quiere un mediometraje.

No solo ello, el largometraje documental Los Corroboradores, de Luis Bernardez, es material de estreno en Cont.ar. Series impresionantes (documentales y ficciones) como La huella de la imagen, El loco de los huesos, Broder o Isla de los Estados se encuentran aquí.

El contenido de ambas plataformas, curado y organizado, podría conformar una propuesta única a nivel regional, y compitiendo a nivel mundial con los streamings de calidad del mundo. No se pueden adivinar los motivos de la “diáspora”, pero se huele interna política, cuidado de quintas y presupuestos; un problema cuya solución recae en tomar una decisión política, ya que todos pertenecen al mismo Poder Ejecutivo, y bien podría decirse “si no te gusta, ahí está la puerta”, ya que conlleva un beneficio evidente para todo un sector y no debería tardar demasiado en llevarse adelante.

Taxman

Las voces se alzan para gravar a las plataformas con más impuestos. Parece lógico: el fomento depende en parte de un porcentaje de la venta de entradas. Si no se venden más entradas, y todo pasa por el streaming, el gravamen es justo. El problema es que, si logramos sacarles ese dinero (que provendrá de los bolsillos de los propios usuarios), y producimos mediante esos impuestos, aún nos quedará resolver el tema de estrenar esos contenidos debidamente tanto en salas como en Cine.ar Play.

A su vez, si queremos una industria verdadera, tenemos dos pasos posibles: obligar a las compañías a destinar a productos nacionales cuota de pantalla, o que las plataformas se pongan a producir en el país contenidos por decisión propia. Esto último está ocurriendo. Es bien sabido que las series que Disney está filmando en el país han movido el amperímetro durante la pandemia. Netflix, a pesar de los chascos que se llevó en el pasado (Edha, Puerta 7), sigue con el plan de producir en el país y está con dos proyectos ambiciosos como El Reino y El Eternauta.

Deben ponerse en pantalla múltiples contenidos nacionales, ya sea en Cine.ar Play, como en Netflix, Amazon, Disney, HBO MAX y las que vengan. Tiene que haber múltiples ventanillas en las que ofrecer proyectos y lo recaudado por las suscripciones debe aportar un porcentaje al desarrollo de la actividad en el país a través del INCAA, algo que, volvamos a la ley del cine, no está ocurriendo:[xiii]

Artículo 4º — La Asamblea Federal tendrá las siguientes funciones y atribuciones:

h) promover y fomentar la producción cinematográfica regionalmente estableciendo, mediante convenios con universidades u organismos educativos especializados vinculados a la enseñanza de la producción audiovisual, agencias regionales para brindar asesoramiento, recibir y tramitar pedidos de créditos, subsidios y toda otra acción de competencia del INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES.

Es sorprendente leer todo lo que el INCAA no hace. Y muy revelador también ver cómo y por qué hace lo que hace. Cualquier desarrollo industrial tiene como eje fundamental la formación. El INCAA entiende que esto es solo viable si lo controla directamente (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, ENERC, dependiente del INCAA, cuyos docentes están de paro desde hace unos días) o lo hacen los primos ricos (Fundación Universidad del Cine o FUC). Todos los demás están fuera de esto y por ende se hace de cuenta que no existen. A pesar de no ser el tema central de este artículo, es fundamental, para el desarrollo industrial, que esta lógica cambie.

Las plataformas van a estar muy inclinadas a producir aquí, pagando todos los impuestos, ya que tenemos variedad y capacidad de producción de múltiples contenidos. La fórmula de dólar barato, directores, guionistas e intérpretes talentosos, técnicos de primer nivel, diversidad de locaciones y estudios instalados y con capacidad ociosa, combinada con el número de estudiantes de carreras afines a esta industria, nos debería poner en un lugar privilegiado para esto. Pasó en la India con la industria tecnológica. Puede pasar en Argentina con el audiovisual. El rol del INCAA en la instrumentación es obvio, pero su trabajo actual es inescrutable. No se puede saber a ciencia cierta qué está ocurriendo; no hay un plan de acción claro y las entidades federadas parecen estar en un enfrentamiento con el ente madre, que no tiene solución.

Cine.ar Play y Cont.ar nos obligan a pensar en soluciones más allá de la lógica imperante que es la del fomento como fin, sin otro destino que el de producir una masa de películas sin un plan para hacerlas llegar al público. Tenemos la oportunidad de generar una industria fuerte y pujante, en un país en lo que esto es raro como encontrar un caldero al final del arcoíris. Un resultado positivo en esta puja no va a depender de un solo actor, pero un buen principio es evitar hacer exactamente lo mismo que antes, esperando otro resultado, algo que, dicho sea de paso, es una de las definiciones de locura.

A veces, el funcionamiento del mundillo del cine nacional me recuerda al argumento central de Los productores, aquella comedia clásica de Mel Brooks, en la que un productor de Broadway y un contador se confabulan para armar un musical tan revulsivo que no sea visto por nadie, ya que descubren que haciendo trampa en la financiación de un fracaso se hace más dinero que trabajando honestamente en un éxito. Los dejo con esa imagen.


Notas

[i] http://www.incaa.gov.ar/wp-content/uploads/2021/01/ejecucion_-presupuestaria_base_devengado-_ejercicio_2020.pdf

[ii] https://redrafma.wordpress.com/2020/11/03/hola-mundo/

[iii] https://arsat.com.ar/cine-ar-play-cumple-5-anos-con-casi-2-millones-de-suscriptore

[iv] https://www.pagina12.com.ar/315130-cine-argentino-2020-el-streaming-como-salvacion-a-corto-plaz

[v] http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/65000-69999/69320/texact.htm

[vi] http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/60000-64999/60114/norma.htm

[vii] https://www.youtube.com/watch?v=bkOADZFFO6w

[viii] https://www.cultura.gob.ar/la-nueva-etapa-de-filmoteca-10393/

[ix] http://www.cinain.gob.ar/

[x] http://www.cinain.gob.ar/cinain-tendra-laboratorio-preservacion-filmica/

[xi] https://www.argentina.gob.ar/aplicaciones/contar

[xii] https://www.argentina.gob.ar/noticias/contar-suma-cine-argentino-su-oferta-de-contenidos

[xiii] Ídem nota 5.