Love Death and Robots 2, universos vislumbrados

Hace poco Netflix estrenó la segunda temporada de la serie antológica de ciencia ficción y fantástico animada Love Death and Robots (LD&R). Cuando en 2019 Tim Miller (Deadpool) y David Fincher (Mindhunter, Seven) se unieron para dar vida a la criatura de 18 capítulos, la mayoría nos sorprendimos por la propuesta y su alta calidad estética. No todas las historias eran tan buenas, como en toda antología hay irregularidades, pero la mayoría de las propuestas visuales eran superiores a la media. Algo parecido sucede con la segunda temporada, que cuenta solo con 8 capítulos y que en mi humilde opinión son un poco más parejos en su calidad.

Al igual que en la primera tenemos variedad de tonos, algunos capítulos apelan a lo cómico, como el dirigido por Meat Dept, “Automated Customer Service”, en el que una especie de aspiradora robot “falla” y quiere matar a su dueña. La rebelión de la máquina como motivo aparece también en “Life Hutch” pero en un tono mucho más sobrio que desestima lo mejor de la serie: la sorpresa. Es el capítulo más decepcionante y, no casualmente, el que tiene una propuesta visual más conservadora. En ese estilo, sin embargo, una animación hiperrealista, tenemos al mejor, para mi gusto, de la temporada: “Pop Squad”, que imagina un mundo en el que la gente vive para siempre a costa de no tener hijos y (spoiler) eliminar a cualquier niñx. Dirigido por Jennifer Yuh Nelson, es de esos capítulos que mejor condensan el espíritu de LD&R, una especie de Black Mirror hiperconcentrado con algo de Rick and Morty y pizcas de grandes series de ciencia ficción como Philip Dick´s Electric Dreams o Tales from the Loop.

Del lado más de los monstruos fantásticos hay dos capítulos, uno más previsible, “The Tall Grass”, una historia de aura lovecraftiana del terror más llano, en un escenario vegetal a lo Stephen King. Y otro de mis preferidos, “All Through the House”, con un monstruo sublime (también bastante Lovecraft) y la ruptura de lo real perfectamente trazada. Para los rumbos que podríamos pensar más del new weirdtenemos el capítulo “Ice”, dirigido por Robert Valley, que si bien no tiene una gran historia es maravilloso en lo visual. El que une una gran belleza y una hermosa narración es el dirigido por el propio Tim Miller, inspirado no casualmente en un cuento de (de pie por favor) J. G. Ballard, “The Drowned Giant”, en el que hasta podemos encontrar alguna reminiscencia de nuestro realismo mágico a lo “El ahogado más hermoso del mundo”, de G. García Márquez. “Snow in the Desert” cierra esta breve reseña con un imaginario bien de la ciencia ficción donde encontramos inmortales, ciborgs y otras delicias del género. También se nota que está basado en un cuento, de Neal Asher, y es uno de los que tienen mayor duración, dado el tamaño del universo que referencia.

Creo que hay dos formas de ver la segunda temporada de LD&R. Una paciente y lenta, un capítulo por día, con la inmersión más concentrada en cada estética, u otra (la recomiendo porque es más divertida) en la que en una o dos sesiones nos vemos todos los capítulos juntos, así en el orden random en el que los propone el Sr. Netflix. De cualquier modo, quedará la imaginación estimulada, seguro, porque lo mejor de la serie es su insinuación al juego, su calidad de semillero de historias, de amor, muerte, robots, pero de varias cosas más también. Como breves muestras de universos posibles en cualquier tiempo y lugar, con las posibilidades casi infinitas de lo visual.