Mortal Kombat: entre el fan gamer y el cinéfilo

Mortal Kombat es un exitoso videojuego para consolas (yo lo jugaba en Sega Genesis) que vio la luz en 1992 y revolucionó la industria con su estética, el gore y la modalidad de fatalities. Tal éxito provocó una seguidilla de secuelas hasta la fecha y una película en 1995 que dirigió Paul W. S. Anderson que, teniendo en cuenta su segunda parte dirigida por un tal Leonetti en 1997, envejeció bastante bien (aunque nunca perdonaré el tratamiento sobre Scorpion). Tras 24 años lejos de la pantalla grande, y tras una década de rumores, por fin llegó el año que marca un nuevo inicio en el cine de MK, con promesa de varias secuelas, y por qué no, un universo Mortal Kombat cinemático.

La película producida por James Wan, guionada por Greg Russo, Dave Callaham y dirigida por el debutante Simon McQuoid, cuenta la historia de Cole Young (Lewis Tan), un peleador MMA del montón, ignorante de su linaje de sangre y portador de una marca de dragón en su piel que lo vuelve en representante de la Tierra (Earthrealm) en el llamado Torneo Mortal Kombat, que define la suerte de los mundos, y en caso de perder, la Tierra será parte del Outworld para ser asimilada, esclavizada o aniquilada.

Antes de continuar, voy a explicar a grandes rasgos qué es el Mortal Kombat y por qué. Según la mitología MK, en los inicios del tiempo existían solamente un Ser Único y seis dioses antiguos. El Ser Único tenía su poder por drenar el de los dioses antiguos, quienes decidieron dejar de lado sus diferencias y unirse para salvarse, en dicho proceso, crearon seis armas llamadas Kamidogu, con las cuales vencen al Ser Único, que se dividió en varias piezas, pero cuya conciencia sobrevivió y recaló en las seis Kamidogu que se convirtieron en los reinos del universo MK: Earthrealm (Reino de la Tierra, el nuestro), Outworld (Mundo Exterior), Netherrealm (Infierno, Inframundo), Orderrealm (Reino del Orden), Chaosrealm (Reino del Chaos) y Edenia, más otros reinos menores.

La conciencia incorpórea del Ser Único buscaría con el paso de los milenios reunificar los reinos para corporizarse, y actuaría indirectamente a través de personajes como Onaga y Shao Khan. Este último como soberano del Outworld conquistó varios reinos, haciendo intervenir a los dioses antiguos, que establecieron el Mortal Kombat, un torneo que se llevaría por cada generación de guerrerxs, en que un reino podría reclamar la soberanía sobre el otro luego de ganar 10 torneos consecutivos. Tanto en el videojuego de 1992 como en la película que trataremos ahora, Outworld lleva 9 torneos ganados consecutivamente. Estamos en la víspera del décimo. O no.

Perdón por esta tan larga introducción, es el nerdo de MK que me posesionó. A la hora de hacer la crítica, no sabía cómo y dónde pararme. Si como el fan del universo MK o como el cinéfilo objetivo, así que me parece que lo más justo es hacer una breve reseña desde las dos caras de la moneda.

Reseña del fan

El inicio no puede ser mejor y tan auspiciante. Siglo XVII, en Japón, metiéndonos de lleno en el conflicto entre Hanzo Hasashi (futuro Scorpion) y sus Shirai Ryu, contra Bi Han, el primer Sub Zero (al menos en MK), líder del clan Lin Kuei.

Bi Han (Joe Taslim) destruye a los Shirai Ryu y asesina a la mujer e hijo de Hanzo Hasashi (Hiroyuki Sanada), y al mismo Hanzo, quien antes de morir jura venganza y desciende al Netherrealm, esperando el momento para volver como Scorpion. Es destacable ver movimientos del videojuego y el origen del arma distintiva de Scorpion, el kunai con el que grita “get over here”. A diferencia de la película de 1995, donde sale de dentro de su mano y es un bicho raro, acá se muestra como una herramienta para la jardinería, resaltando el porqué de la esencia de este personaje, el origen de su arma distintiva es el recuerdo de su familia, por la cual buscará venganza.

Lord Raiden (Tadanobu Asano) salvará a la hija de Hanzo, escondida por su madre durante el ataque de los Lin Kuei, y es la línea de sangre que llegará a la actualidad hasta Cole Young. La introducción del personaje exclusivo para el film encaja bien, es interesante y enriquece aún más la historia de Scorpion, uno de lxs favoritxs de cualquier jugadorx. Puede ser chocante el cambio en cuanto a la profecía. En MK I, un descendiente del Gran Kung Lao salvaría a la Tierra, y lo fue Liu Kang durante el primer apogeo de MK. Ahora es Cole, y la profecía viene de la mano del dualismo Scorpion-Sub Zero, y esto se debe al gran crecimiento que tuvieron estos personajes comercialmente y con un enriquecimiento en sus backstories que los situaron como las caras visibles de la franquicia por encima de otrxs luchadores.

Como se ha visto en la historia de MK, ya no es simplemente un torneo, ahora el destino de los reinos-mundos se dirime por fuera de estos, antes y después. La historia del Mortal Kombat 1, ya la hemos visto en la película de Paul W. S. Anderson, en cómics y en series animadas, estas razones explican por qué se optó ir por otro lado en este film. Además, hay que tener en cuenta que en los videojuegos la saga original termina en MK Armageddon (2006) cuando el Raiden del futuro manda un mensaje psíquico al Raiden del pasado y la historia se reinicia en Mortal Kombat 9 (2011) hasta nuestros días. En qué saga nos sitúa la película, no estoy seguro.

El fan service estuvo a la orden del día con referencias que solo lxs fans pueden captar. Y sin dudas, las fatalities mostradas con gran realismo fueron un gran aliciente, no voy a spoilear y que cada unx las aprecie.

Las expectativas para una segunda parte y tal vez una trilogía están planteadas. Bi Han con su muerte puede reaparecer como Noob Saibot; quizás una introducción de Kaui Liang como el Sub Zero que porta el manto celeste desde MK II; algo de Shao Khan o por qué no un Quan Chi como el instigador de la desgracia de Scorpion. Lo que sí sabemos es que en la segunda entrega el Torneo de Mortal Kombat está al caer, y nuestro nuevo héroe Cole Young irá en busca de un tal Johnny Cage. MK promete.

Reseña del cinéfilo

Mortal Kombat es una película pensada tanto para lxs fans de la saga de videojuegos como para quien se acerca a partir de este metraje. El hecho de introducir un personaje exclusivo para la película marca esta tendencia. Pero donde falla para unxs, falla también para lxs otrxs.

En lo argumental sabemos que hay un torneo que define el destino de nuestra Tierra, pero que nunca llega. En palabras del protagonista: “no parece un torneo, parece una emboscada”. Se palpa el miedo de que no se entienda la cosa cuando se utilizan muchos diálogos para explicar qué es el Mortal Kombat y qué son las arcanas que definen el poder oculto de cada luchador. Si algo me enseñaron es que cuando tenés que poner las palabras en los protagonistas para explicar algo es porque en algo estás fallando.

MK es una película lineal de luchas. Personaje A tiene que ir a punto B (y en el trayecto vemos varias peleas) para finalmente llegar al punto C (donde vemos más peleas y la batalla final). En esta clase de películas, lo que destaca es la historia detrás de lxs personajes, las subtramas o historias secundarias que terminan por potenciar la historia principal y su conflicto. En esto falla el film. Porque el hecho de que Cole Young tenga una familia no potencia a su personaje, no tenemos una urgencia en el personaje donde su familia lo engrandezca o lo limite por sus miedos. Es un decorativo que sirve convenientemente para que encuentre su arcana y para que sean el objetivo para rescatar en el final. Las subtramas (sacando la del inicio entre Scorpion y Sub Zero que de define en el inicio y en el final) son difusas y sin peso.

Las interpretaciones no destacan, no suman algo extra en la construcción de sus personajes. Lewis Tan, como protagonista, no genera algo en lxs espectadorxs, pero puede ser por la floja construcción de Cole Young desde el guion. Con una mujer y una hija más de adorno, poco logra transmitir, es Sub Zero pero por el frío. Las mejores interpretaciones las encontramos con Joe Taslim y el gran Hiroyuki Sanada, quienes logran imprimirles más sangre a sus personajes (no solo en el sentido de las luchas), emociones más palpables que aderezan esa enemistad latente en todo momento. Con las miradas, los gestos frente a frente. De hecho, da la sensación de que lo mejor es entre estos dos; quizás deberían haber enfocado la historia de una manera distinta y quedarse en el siglo XVII y que el final sea el inicio de este film. Pero bueno, uno está en Argentina y los que saben están en Hollywood, ¿no?

Un detalle que no me pasó inadvertido fue el montaje, muy dinámico, demasiado para mi gusto. Incluso en un plano contra plano entre Jax y Cole Young. No tenía sentido y te descolocaba: pará flaco de cortar y pegar. Las escenas de lucha, muy buenas y bien coreografiadas, pero volvía a fallar en los cortes muy rápidos que no dejaban apreciar bien los movimientos y volvían una pelea en una ensalada de puños y patadas. Uno ve películas de artes marciales de chico, desde Shaolin y las 36 cámaras, y por lo general se hacen con planos más bien abiertos para apreciar la pelea. Creo yo.

En la fotografía, conociendo el abanico de colores que uno ha visto en los diferentes escenarios, quedarse en la mayoría del film con los tonos azules, violetas y negros opacan un poco la película. No digo que sea mala fotografía, pero da la sensación de moverse en una monocromía que se traduce a la vez como una película con poca alma.

Pero bueno, son apreciaciones, para la Warner funcionó, sorprendió, ya se habla de Charlie Hunnam como Johnny Cage en la secuela, así que tendremos Mortal Kombat en la pantalla grande asegurado por un tiempo.