Reseña: The Boys in the Band

En la historia del movimiento LGBTIQ+ hay un hito, Stonewall en 1969, que demostró que esta comunidad existe y no tiene por qué esconderse más de una sociedad machista y homofóbica, pero un año antes en la parte undergound de Broadway se estrenó una obra de teatro creada por Mart Crowley, que visibilizaba la vida contemporánea de un grupo de amigos: The Boys in the Band, en que se puso por primera vez en foco la vida de los homosexuales.

Dos años después William Friedkin llevó la obra de teatro a la pantalla, donde fue duramente criticada por el modo de vivir de los personajes. En el 2018 Joe Mantello revive la obra de teatro en su 50 aniversario de la mano de actores abiertamente gays como Jim Parsons, Zachary Quinto, Matt Bomer, Andrew Rannells, Charlie Carver, Robin de Jesús, Brian Hutchison, Tuc Watkins y Michael Benjamin Washington.

Ryan Murphy, conocido por sus producciones como Glee o American Horror Story, y por la serie Pose, que se basa en los Ballrooms del mítico documental Paris is Burning, produce junto a Mantello la adaptación de este clásico de Broadway con el mismo elenco que actuaba en la obra de teatro.

Boys in the Band cuenta la historia de 5 amigos gays, que se reúnen para el cumpleaños de uno de ellos: Howard.

Momentos antes de que comience la fiesta, Michael recibe una llamada de Alan, un ex compañero de la universidad, que necesita hablar de forma urgente estimando que este conozca su estilo de vida.

Avanzada la noche, entre bailes y bebidas, se va creando un clima hostil, en que Michael expondrá las miserias de cada uno con un juego que revive amores olvidados y hasta, de forma casi violenta, intentará sacar del clóset a Alan.

Para complementar Netflix sacó un mini documental en que Mart Crowley cuenta un poco el contexto en el que se realizó la obra de teatro, y posteriormente la película, pero también dialoga con el actual elenco y compara cómo era y es actualmente trabajar en la industria siendo gay.

No es casualidad elegir hacer esta remake en el 2020, cuando deberíamos haber dejado de lado la homofobia y aceptar quién es cada une no por su elección sexual sino por cómo es. Pero muchas veces la reivindicación de conceptos queda anticuada a los ojos actuales. Plantear este drama a modo de homenaje sería la forma más correcta de abordarlo, ya que estereotipa a los gays en un mundo a puertas cerradas.

Si bien el creador de la obra, Crowley, se basó en su círculo de amigos, debemos entender que la forma de ser de los personajes refleja que no son personas perfectas, que hasta a veces en su defensa usan métodos que usaron alguna vez con ellos, como el atacar al heterosexual por sus costumbres y a su vez tratar de hacerlo salir del clóset de una manera bastante violenta. El dolor de años de ocultamiento crea en este grupo de amigos una envidia entre ellos, un drama entre amores inconclusos, miedos, frustraciones, y hasta el cuestionamiento de relaciones abiertas como la monogamia, temas que aún hoy siguen vigentes.

Pero a pesar de lo “políticamente” correcto que podría verse al día de hoy, esta película es irónica ya que es casi la única que podemos ver con un elenco completamente gay, en que cada uno es abierto con su sexualidad en la industria, así como también el productor y el director. Aunque también podríamos plantear que se sigue usando el estereotipo homosexual como mercancía de novedad y no como un adjetivo más en la vida de una persona.