Reseña: The Queen´s Gambit

Muy ligeros spoilers.

Alguna vez les conté sobre mi afición por ver todo lo que filma el gran actor inglés Bill Nighy. En otro momento, les conté que Ben Mendelsohn no erraba un tiro. Hoy vengo a hablarles de The Queen´s Gambit, que cuenta con una atracción obvia para todo el mundo, la adorable Anya Taylor-Joy, y una segunda atracción para los buscadores de tesoros, que es el siempre genial Bill Camp.

Sección Miguel Najdorf (GM)

Tranquilos, no es un policial. The Queen´s Gambit es una hermosa serie que podría caracterizarse como “deportiva”, y cuenta el ascenso al Olimpo del Ajedrez de Beth Harmon (Anya Taylor-Joy). La historia podría ser un dramón, un culebrón insoportable, pero Scott Frank (del que ya escribí en mi nota sobre la miniserie Godless) hace un trabajo encomiable alejándose todo lo posible de los peores sectores de los lugares comunes. Cabe aclarar aquí que todos los personajes de las serie son ficticios, basados en la novela homónima de Walter Tevis, responsable también de The Hustler y The Color of Money.

En los primeros minutos se nos cuenta que Beth, a finales de los años cincuenta, queda huérfana, a raíz de un accidente de tránsito. Con solo 8 años, va a parar al Orfanato Methuen, regenteado por Helen Deardroff (Christiane Seidel). En Methuen, los niños son drogados de manera regular, con unas pastillas verdes, presuntamente tranquilizantes.

Este inicio, en el que se sospecha “dramón infumable”, se cuenta con ligereza. No se detiene en la tragedia de estos chicos, sino que, con velocidad, nos presenta el escape mental de Beth, que baja a realizar una tarea trivial al taller de mantenimiento y encuentra al conserje, Mr. Shaibel (Bill Camp), jugando una partida de ajedrez solitario.

Sección Oscar Panno (GM)

A partir de aquí, la explosión. Como es usual en estos casos, la niña Beth demuestra una capacidad precoz de entender el juego, en base a la observación. Se sugiere que sus habilidades serían heredadas de su madre, una prestigiosa matemática que enloqueció. Mr. Shaibel, al principio renuente, la incentivará en el aprendizaje de la característica científica del juego: las aperturas y variaciones. De hecho, el Gambito de la Reina (The Queen’s Gambit, tal como el nombre de la miniserie) es la apertura más antigua de la que se tenga registro (movimientos 1.d4 d5 / 2.c4), mencionada en el Manuscrito de Göttingen, que data de 1490.

Beth es capaz de visualizar el tablero y jugar partidas imaginarias, mirando al techo desde su cama del orfanato. Atribuye esta capacidad a las “pastillas verdes”. La vida en el orfanato se hace tolerable por la amistad que Beth traba con Jolene (Moses Ingram). A su vez. Mr. Shaibel ensanchará el mundo ajedrecístico de la pequeña Beth.

Beth, con quince años, es adoptada por Alma y Allston Wheatley y se muda a Kentucky. De nuevo, escapamos de los lugares comunes. Lo que podría ser el horror suburbano, es una circunstancia totalmente trivial. Beth vive su adolescencia y su despertar sexual. La pareja conformada por Alma y Allston se desintegra. Alma, que podría haber sido una villana de Disney, es una mujer con varias facetas, con limitaciones, sí, pero también con visión. La relación con Jolene es reemplazada por la relación con Alma. Enroque de peones en el juego narrativo.

Beth, como les pasa a muchos prodigios en el juego, necesita jugar. Estamos en un mundo en el que el juego está presente. Hay revistas especializadas, clubes de ajedrez, torneos de varios tipos, y unos cuantos geniecillos por vencer, cosa que Beth realiza con ferocidad y velocidad. Además, a finales de los sesenta, se encuentra bastante caliente la Guerra Fría, que se juega en todos los terrenos, incluso el deportivo. Los ajedrecistas soviéticos, en esta ficción, y en la realidad, reinan. La figura del antagonista empieza a sugerirse, un hombre lacónico de unos cuarenta años, llamado Vasily Borgov.

Sección Pablo Ricardi

Beth avanza en su juego. Aparece Harry Beltik, campeón de Kentucky, que es demolido por el ajedrez furioso de Harmon. Beltik es capaz de viajar lejos, en dos direcciones. Beltik es la Torre. Tiene un auto, un hot rod, que lo lleva de aquí para allá.

Los viajes mejoran: el mundo se ensancha y la dirección de arte de la miniserie hace lo propio. Pasamos al terreno de los grandes hoteles donde se realizan las partidas. En este juego poco glamoroso puede haber rockstars, como Benny Watts (Thomas Brodie-Sangster). Benny es un genio del ajedrez, que se viste como un músico de Jefferson Airplane. Fue campeón y hoy es consultado por todos. Conoce el juego como nadie, pero, por alguna razón, su consagración definitiva no se dio. Puede moverse para todos lados, pero muy poco. Benny usa siempre sombrero. Benny es el Rey.

Beth solo tiene ojos para Townes (Jacob Fortune-Lloyd), su amor imposible. Townes es un exjugador, convertido en periodista especializado. Es el único que puede pasar por encima de todos para llegar a Beth. Townes es el Caballero.

Vasily Borgov viaja acompañado a todos lados por sus alfiles, los subcampeones rusos que le abren camino y es custodiado por sus peones de la KGB.

El juego de interpretaciones en The Queen´s Gambit es infinito, y requiere de conocimientos profundos sobre ajedrez; no es el caso de este humilde espectador. Toda mi vida he estado fascinado por un juego que me frustra.

Beth suma a su adicción por las pastillas verdes, un alcoholismo rampante, heredado de su madrastra, que hace estragos en su juego. El antagonista en el juego puede ser Borgov, pero el antagonista principal es interno. Pelearle de igual a igual a Vasily Borgov conllevará superar sus adicciones.

A su vez, avanzar en su carrera requiere escuchar los consejos de todos. El juego es individual pero el conocimiento es colectivo. Por eso las jugadas llevan los nombres de los jugadores que las crearon. Shaibel, Beltik y Benny le enseñaran todo sobre la Defensa Siciliana variante Najdorf, la Defensa Alekhine, la Defensa Benoni, o el Mate de Morphy. Habrá libros, historia y modalidades. Ajedrez Blitz, partidas simultáneas, tableros de plástico, de madera y de marfil.

Sección Claudia Amura

Buscar paralelismos con los jugadores ficcionales y jugadores reales puede ser una caída por la madriguera del conejo. ¿Es Beth Harmon una versión de Bobby Fischer? ¿Vasily Borgov vendría a ser Boris Spaski?… no hay respuestas. Solo características que pueden o no ser comunes. La tensión ocasionada por la Guerra Fría en el juego es tratada, más o menos, como pasos de comedia.

Lo que tenemos en The Queen´s Gambit es una fábula en el mundo del ajedrez, que hoy por hoy parece una leyenda olvidada de héroes de antaño. Tenemos un relato que escapa a la amargura, que derrocha pasión y exalta las mejores virtudes de la caballerosidad deportiva. De rivales. De amigos. De aliados. Una historia que reconoce el arte y la belleza de genios como Capablanca, Najdorf, Paul Morphy, Mikhail Botvinnik o Philidor. Tenemos también una protagonista afilada como un láser: Anya Taylor-Joy la descose, la deja chiquita, para usar metáforas deportivas. Es genial e ingenua, sexy, divertida, atormentada, piadosa, respetuosa e irreverente: todo lo entrega a la velocidad de la luz, tal como juega.

Y, finalmente, así como el ajedrez parece una pasión de un pasado remoto, este relato cumple con la misma característica. Sin misterios, superpoderes, ni crueldades, The Queen´s Gambit se erige como un bello recuerdo de un mundo de representación que ya pasó, pero que de tanto en tanto es bueno que vuelva.