Tales from the Loop: la dimensión (des)conocida

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En abril de este año llegó a Amazon Prime Video una de las mejores series de este año, particularmente ciencia ficcional. Esta plataforma tiene bastante oferta de género y cosas de muy buena calidad, pero Tales from the Loop está más allá: la fotografía, la música, las historias y las actuaciones son de una calidad increíble. Rebecca Hall (Loretta), Duncan Joiner (Cole), Ato Essandoh (Gaddis) son solo algunos nombres de este cast impecable.

Recuperando la tradición de series clásicas como La dimensión desconocida, el primero de los ocho capítulos nos presenta a Russ (siempre espectacular Jonathan Price), el creador del Loop, contándonos qué vamos a ver. Se trata de historias sueltas de personajes que viven en el pueblo en el que se encuentra el Loop, un espacio donde “lo imposible se hace posible”, a decir del mismo director. Veremos, entonces, cómo la vida cotidiana de estos personajes se va viendo afectada por los desconocidos artefactos y fenómenos que generan las investigaciones que se hacen en este misterioso edificio, donde también trabaja gran parte de la población y los protagonistas. El lugar narrativo privilegiado que van tomando los niños y los adolescentes a medida que avanza la historia es también central para entender el efecto de extrañeza que produce la serie. El punto de vista termina siempre en los niños o al menos en personajes que se “aniñan” en su sorpresa frente al mundo, esa mirada fresca para la que todo es nuevo, todo está por descubrirse.

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La serie se inspiró en las ilustraciones neofuturistas del artista y diseñador sueco Simon Stålenhag y esto se nota en cada imagen que pasa frente a nuestros ojos también asombrados. Hay una perfecta combinación de simpleza, nostalgia y “futuro” en la presencia de robots abandonados en el bosque o piedras negras que levitan ante la mirada atónita de los niños. También hay algo del ritmo narrativo que remite a la ilustración, donde el ojo tiene el tiempo suficiente para posarse en cada detalle sin que los mandatos del streaming lo apuren. La serie toda es sobre el tiempo, sobre su paso, su repetición, su cadencia, Nathaniel Halpern nos trae una historia en que la forma se funde con el contenido y la experiencia de inmersión es fantástica, en todos los sentidos de la palabra.

¿Qué pasaría si te encontraras con tu yo del pasado?, ¿si tu familia se viera amenazada y pudieras protegerla con un robot?, ¿si viajaras a una dimensión alternativa donde sos feliz? Estas preguntas y su forma enunciativa –tan propia de la ciencia ficción– se cruzan con las más humanas y existenciales, cómo duelar a los seres queridos, cómo envejecer, cómo vivir en familia, cómo amar. Los dramas humanos se extrañan por la presencia de la especulación científica y logran de esa manera conmover a niveles muy profundos, como el mismo Loop, que se encuentra bajo tierra.

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Insisto en la belleza visual de cada capítulo, que al contar una historia de alguna manera independiente de los otros episodios también se permite tomar una forma particular, siempre dentro de la estética propuesta por las ilustraciones de Stålenhag. La música, el piano sobrio y contundente de Philip Glass es otro artefacto narrativo, que se integra perfectamente en la máquina total. La pregunta sobre la ciencia y la tecnología que se hacen numerosas producciones, como Black Mirror, por ejemplo, aquí adquiere una sensibilidad extrema. Esta mezcla de extrañeza con los sentires humanos más tangibles convierte al universo conocido en uno desconocido, en el que es posible preguntarse por los temas más profundos de la existencia: el amor, el tiempo y la muerte.

Véanla con paciencia y con pañuelos a mano. No se pierdan esta joya y quedemos atentos y atentas que todo indica que el año que viene tendremos segunda temporada.