Reseña: Araña

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Tras la elección del 4 de septiembre de 1970, en las que Salvador Allende obtiene la primera mayoría en Chile, surge el Movimiento Cívico Patria y Libertad. Se organiza una reunión de presentación pública celebrada en el Teatro Nacional de Santiago de Chile. En abril del año siguiente, el grupo reaparece como Frente Nacionalista, convirtiéndose en un extremo opositor al gobierno allendista.

En el año 1973, entra en la clandestinidad, cometiendo actos de sabotaje, incluidos el homicidio del edecán comandante Arturo Araya Peeters y la voladura de un oleoducto. Sobre el primer hecho, la verdadera historia consigna que, en julio de ese año, militantes de Patria y Libertad, y del Comando Rolando Matus del Partido Nacional, asesinan al edecán naval del presidente Salvador Allende, quien muere al sufrir un disparo de un francotirador frente a su domicilio. Hasta ahora no hay concordancia entre los relatos de los testigos y las pruebas forenses que han determinado que el disparo mortal fue desde arriba, mientras que los miembros del comando se encontraban en posición baja respecto de la víctima.1

Tras el golpe, que derroca al gobierno socialista electo, el movimiento desaparece, pero por supuesto, no pasa lo mismo con sus miembros, quienes permanecen como parte de la sociedad.

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A lo largo del tiempo, aquella organización fue objeto de diversos trabajos de investigación, notas y ensayos.2 Dentro del esquema de análisis del FNPL, se han señalado cinco características distintivas: su carácter anti-sistémico, su identificación con la extrema-derecha, su retórica sobre la vieja y la nueva política, su identidad nacionalista y el derrotero personal de sus protagonistas.

Cualquier parecido con la realidad actual es pura casualidad (ironía de mi parte).

“Patria y Libertad” aparece en las películas chilenas Machuca (2004) y Araña (2019), de Andrés Wood3.

Para realizar este artículo para la Revista 24 Cuadros, vi esta última y aquí intento hacer una breve reseña.

La película, protagonizada por la española María Valverde, la argentina Mercedes Morán y un numeroso elenco de actrices y actores chilenos (Marcelo Alonso, María Gracia Omegna, Pedro Fontaine, Gabriel Urzúa), recibió en su momento los fondos de ayuda de Ibermedia a la Coproducción en la Convocatoria 2017, y es la séptima en la filmografía de Wood, que incluye títulos emblemáticos como la nombrada Machuca y Violeta se fue a los cielos (2011).

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En principio, quiero destacar dos cosas que me intrigaron de entrada, a partir del visionado del filme. La primera es: que aparezca como auspiciante el INCAA en los créditos iniciales. La segunda rareza es: Mercedes Morán haciendo de chilena.

Sobre el auspicio del INCAA, quise averiguar cuál era concretamente la acción auspiciante del Instituto Nacional. Me hacía ruido que hubiera financiado este filme chileno; no es un impulso discriminatorio, sólo se trata de curiosidad. Pude averiguar que su apoyatura consistía en su promoción e inclusión en sus programas de proyección y difusión en las salas propias, y eso no está mal.

Respecto de la convocatoria de Mercedes Moran para cubrir uno de los protagónicos: Inés, una mujer fuerte, exitosa, dueña de su cuerpo, pero, a la vez, la antítesis de lo que hoy se entiende por feminismo, me atrevo a opinar que la elección de la argentina no parece tener mucha lógica ni mayor acierto, salvo el probable compromiso de una Coproducción Chile-Argentina; Bossa Nova Films / Magma Cine / Wood Producciones y el hecho de que coincida el perfil de su nariz con el de la joven actriz, María Valverde, que interpreta su mismo personaje de joven, como puede apreciarse en la transición entre la imagen de la joven y la madura Inés, a los 14’ del filme.

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Sobre los resultados de la actuación de Mercedes como una madura chilena y otras decisiones del director, señalando estas cuestiones como déficits de la película, el crítico de cine Horacio Bernades hace su cuestionamiento en una nota en Página 12 titulada: «”Araña”: cuando el presente lleva al pasado».

“Todo eso funcionaría con eficacia si no fuera por dos elementos centrales que hacen agua. Hacerle “hacer de chilena” a una actriz argentina es como querer hacer pasar por andaluza a Nicole Kidman: un dislate imposible de creer, que genera que cada vez que la pobre Mercedes Morán abre la boca, lo que surge se parezca más a un ruido que a una elocución. Peor aún, dada la atracción que siente por Gerardo, y que nada se le pone demasiado en el camino (Justo no tomaba whisky todavía, pero se comportaba como un dandy partidario del laissez faire sexual), no resulta creíble que después de un atentado lo traicione, dejándolo en la estacada, como en un tango trasandino. Ambos elementos, sumados, funcionan como las armas que maneja Gerardo, disparando en contra de la credibilidad del relato”. En esto coincido bastante con el citado crítico, aunque nos parece hiriente su no tan fina ironía.

Chile, la actuación violenta de un grupo nacionalista de extrema derecha en los primeros años de la década del 70 y la situación actual de aquella derecha integrada (cómoda o incómodamente) a la condicionada democracia chilena de estos años, es el contexto histórico/político/social de Araña, pero el relato no profundiza en los hechos históricos, más allá de lo referencial. De la situación política del gobierno de Allende, poco y nada; de los atentados perpetrados por los integrantes del FNPL, solo una pincelada anecdótica/cinematográfica; de la suerte de los militantes y adherentes al gobierno de la Unidad Popular, ni una palabra. Araña narra la historia de tres militantes de Patria y Libertad: Inés, su marido Justo y el mejor amigo de ambos, Gerardo, un muchacho violento por naturaleza y todo terreno; tres activistas de extrema derecha que aparecen como los responsables de un crimen que ocurrió de verdad, el del edecán militar del presidente Allende.

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Enmarañados, además, en un triángulo amoroso que los involucra, se produce entre ellos, un acto de traición que los separa por años, hasta nuestros días. El matrimonio continúa junto, rehacen sus vidas, tienen un hijo, nietos, y progresan económica y socialmente hasta ocupar un sitio de prestigio entre la élite social del país. Por su lado, Gerardo hace su vida, en el marco de una situación personal de cierta clandestinidad social, manteniéndose, en apariencia, al margen de la capa más visible de la sociedad chilena por mucho tiempo.

Teniendo en cuenta que el Chile de hoy es, entre otras cosas, una sociedad democrática condicionada, que todavía sufre las consecuencias de la dictadura pinochetista y sus ideologías (ultra liberalismo económico, desprotección comunitaria y autoritarismo social y político), y también, que gran parte de las antiguas derechas golpistas se encuentran integradas, sin beneficio de inventario, al sistema social y político chileno, la historia de Inés, Justo y Gerardo adquiere su justa relevancia.

Inés es, en la actualidad, una poderosa mujer de negocios y Justo, un prestigioso abogado retirado y alcohólico. Un día, una noticia que involucra a Gerardo perturba el statu quo de la pareja. Su antiguo y comprometedor amigo del pasado ha sido encarcelado por haber cometido, en un cruento acto de justicia por mano propia, un crimen que ha terminado violentamente con la vida de un joven delincuente. Para desgracia del matrimonio que quiere mantener su pasado en reserva, Gerardo no da muestras de haber superado su desquicio político e Inés teme que tenga intensiones de reactivar la causa nacionalista de sus juventudes y que, de esta manera, comprometa su situación y posicionamiento actual dentro de la sociedad. Ante estas circunstancias, y haciendo uso de su poder y sus influencias, Inés no tiene pruritos para hacer lo que sea necesario a fin de impedir que Gerardo revele el pasado político y sexual que les es común y los comprometa así, a ella y también a su vulnerable marido. Por el momento lo consigue, y esto le permite seguir conservando el lugar privilegiado con el que ha conseguido insertarse en la alta sociedad chilena, al igual que muchos de sus congéneres, pero no evita que Gerardo continúe siendo un peligro para la sociedad democrática chilena, como lo marca, de forma exagerada, el director de la película, en la última secuencia protagonizada por Gerardo.

1 La trayectoria intracorporal seguida por el proyectil, estando el cuerpo en posición normal, es de adelante hacia atrás, de izquierda a derecha y ligeramente de arriba hacia abajo. El disparo corresponde a los llamados de larga distancia en medicina legal y es de tipo homicida” (Informe de autopsia del edecán Araya Peeters).

2 Francisco García Naranjo (1996), Patricio Quiroga (1997), Luis Eduardo González Navarro (2008), Stéphane Boisard (2016) y Cristián Garay Vera y José Díaz Nieva en el mismo año.

3 Andrés Wood Montt (Santiago, 14 de septiembre de 1965) es un director de cine chileno.