Westworld: The New World

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Aviso: la reseña contiene spoilers

“Westworld: The New World” es nombre que titula esta tercera temporada de la serie de ciencia ficción creada por Jonathan Nolan (Person of Interest) y Lisa Joy (Pushing Daisies). Westworld supo acaparar a los espectadores, con sus sofisticadas tramas y sus complejas líneas temporales tanto en la temporada uno como en la dos; pero a diferencia de sus predecesoras la estructura de la tercera entrega es la más lineal y menos jugada. Según los creadores esto se debe en respuesta a las quejas de los espectadores debido a la compleja narrativa de la serie. Contrario a esto, nada parece satisfacer a los espectadores, quienes ahora entre críticas encontradas dicen que esta temporada no es como las anteriores, dado que afirman que no hay juegos entre líneas temporadas o “sorpresas” (en qué quedamos, ¿no?). Lamentablemente decir que Nolan y Joy cedieron su impecable escritura para satisfacer a los fans nos recuerda que en HBO hemos sido testigos de cómo productos espectaculares pueden volverse todo lo contrario (GOT, a vos te estoy mirando). También tenemos que ser justos y rescatar que la cadena HBO nos ha traído varias de nuestras series de calidad favoritas. Por esto es que no hay que perder las esperanzas, confiar en los talentosos Nolan y Joy y redimir todo lo bueno que trajo esta temporada, porque lo hay y mucho, y esperar que los espectadores entrenados comprendan la belleza que hay en esta serie. De cara a las temporada cuatro, esta entrega se nota con tonalidades transitivas, resultado del traspaso de los parques de Delos a un exterior futurista y vertiginoso.

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Entre las vastas premisas que rondan esta entrega, una frase que utiliza Dolores Abernathy (Evan Rachel Wood) en el episodio “Parce Domine” (3×01), “We are the author of our stories” (Somos el autor de nuestras historias), es sin duda una de las más importantes, no solo porque lo dice y repite la misma Dolores, sino porque toda la temporada gira en base a este concepto o similares. La anfitriona está decidida a batallar porque este mundo, el real, sea libre, y por lo que plantea en este primer episodio este debe arder y renacer. Es en este escenario que se encuentra con Caleb Nichols (Aaron Paul), un obrero de construcción con fuertes problemas depresivos. En paralelo vemos un poco de lo que pasa con Bernard (Jeffrey Wright) y cómo se empeña en buscar y detener a Dolores aunque eso signifique volver a Westworld.

Maeve (Thandie Newton) despierta en el parque, en un mundo nuevo llamado “WarWorld”, un escenario situado en la Italia fascista durante la Segunda Guerra Mundial. La revelación de este nuevo mundo es algo siempre bienvenido, si hay una característica de los fans de Westworld es que siempre se quiere saber un poco más, ¿cuántos mundos habrá?, ¿qué temáticas usarán? y demás preguntas. Pero al final también nos da la confirmación de que no solo hay parques sino también simulaciones y allí es donde Maeve se encuentra. Obviamente para ella es más que sencillo salir de la simulación, con solo ver a través de “la matrix” logra salir, para luego encontrarse en la casa del que va a ser el nuevo villano esta temporada, Engerraund Serac (Vincent Cassel). La trama de Bernard junto al soldado Ashley Stubbs (Luke Hemsworth), quien por sorpresa es un anfitrión, suena algo sacado de la galera, pero hagamos caso omiso, porque ayuda en el extremadamente lento viaje a Bernard.

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Una de las incógnitas que más expectativas plantea la trama es quiénes son los dueños de las perlas que trajo Dolores del parque; en especial a quién pertenece la de Charlotte Hale (Tessa Thompson). Una pista muy leve de lo que descubrimos más adelante es cuando en la habitación de hotel Dolores reconforta a Hale y prohíbe que se auto mutile porque ella le pertenece y según sus propias palabras “you are part of me” (guiño-guiño). Lo más complicado para el anfitrión que se encuentra en Charlotte es conectar con la familia, su esposo y su hijo, quienes parecen estar sumamente distantes. Pero al visionar múltiple cantidad de veces el video Charlotte Hale antes de morir en el parque la anfitriona empieza a entender que ellos pueden ser familia y por lo que demuestra tiene sentimientos hacia ellos.

Cada uno de estos primero tres capítulos sirve para mostrarnos en qué se encuentra cada personaje tanto Dolores, Maeve, Charlotte, y en el cuarto es el turno de William (Ed Harris). El villano de las entregas anteriores no sabe qué es real y lucha contra el fantasma de su difunta hija. Atormentado por no saber si él es real (todo esto producto de lo que hizo con James Delos),es engatusado por la anfitriona de Charlotte, encerrado en un instituto mental.

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“Sigues viviendo hasta que la última persona te recuerde, yo te recordé y te traje de vuelta”, es algo que dice Dolores a Bernard, y que resuena profundamente en el último capítulo de la temporada. Bernard no es un personaje fuerte esta vez y su trama es una de las que menos evoluciona, los momentos en escena del personaje son para mostrar qué está haciendo Dolores o alguna de sus copias. Se introduce el concepto de que Arnold y Bernard son dos entidades separadas; cuando él se encuentra en algún tipo de peligro deja a salir al anfitrión violento y cuando es pensante y cauto imita a Arnold.

Otra de las tramas poco consistentes es la de Maeve, quien se alinea con Serac el nuevo antagonista, para poder reencontrarse con su hija. La motivación del personaje empieza a agotarse luego de ser utilizada por tres temporadas. Y no es que Maeve siempre haya pensado en el bien común, pero por la fuerza y entereza del personaje, llama la atención que solo hasta el último capítulo decida formar parte del equipo de Dolores.

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El paralelismo entre los parques y el mundo exterior demuestra que no son tan diferentes. En el afuera, las personas siguen sin poder elegir su destino y continúan siendo manejadas por un Dios, al igual que en Delos y cómo se sentían los anfitriones, los festines y fiestas sexuales donde se comercia con gente también es algo común. Pero en este nuevo mundo tanto máquina como hombre son las que deciden por la personas. Ese papel lo ocupa Serac, quien junto con su hermano en un pasado crearon Rehoboam y Salomón (Skynet, ¿sos vos?), dos máquinas que predicen el “futuro” dicho simplemente, para evitar caos y catástrofes en el mundo. Serac saca a su hermano del mapa cuando entiende que este forma parte de los denominados atípicos, personas que pueden ser violentas o provocar el caos y a las que en su mente de ser poderoso cree que puede “editar”. Esas personas pasan a estar aisladas en refrigerantes, en manicomios y muy pocas son rehabilitadas. Caleb es uno de los rehabilitados.

Sin duda Evan Rachel Wood es una excelente actriz, conduce a Dolores a la perfección, ella es Todo esta temporada, y no exagero, no hay espacio para nada más. Cuando no está en pantalla queremos saber qué está sucediendo con ella, qué está tramando. Su química con Aaron Paul es excelente y son los puntos fuertes de esta entrega. Pero es tanta la dimensión que ocupa el personaje que el final, aunque sea triste, es el más adecuado. Para que la serie crezca hay que dejar espacio a otras historias y ella se retira como la anfitriona más increíble. Si bien toda la temporada creemos que ella busca el exterminio de la raza humana, por todo lo que se le hizo sufrir en el parque, su última visión con Maeve es preciosa. Está situada en una pradera donde alguna vez la vimos y relata a Maeve qué es lo que en realidad ella buscaba, cuál era su objetivo, y era más noble de los que esperábamos; simplemente después de tanto sufrir ella eligió ver la belleza en el mundo y no lo horroroso de algunos humanos.

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Esta es una temporada extraña, con altibajos, y sí, es la más floja de las entregas. Pero abre una infinidad de puertas para lo que se viene. Este final tiene gusto a mucho, con un mundo explotado, una anfitriona con ganas de revancha contra la humanidad y Bernard en busca de algo misterioso; la próxima temporada es algo que se espera con ansias.