Berlinale: reseñas finales

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My Salinger Year. Comenzar de fairy tales

Este año la película de apertura fue My Salinger Year

El año pasado abrió The Kindness of Strangers y el festival tenía como eje el abrir fronteras. No me voy a detener en esa película más que para decir que tiene el mismo tono de fairy tale, cuentito de hadas.

Además de esto, como siempre en el cine, la ciudad de los sueños es Nueva York en ambas pelis, la película transcurre en Nueva York. Pero lo más llamativo es lo similar de la fotografía, esta idea de construir con ella un universo maravilloso de destellos lumínicos que da rienda suelta a identificarse con la idea que plantea Joanna, la protagonista de esta historia: “hay cosas que quiero hacer que si no hago ahora no voy a hacer nunca más”. 

En esta película, basada en el libro autobiográfico de Joanna Rakoff, la protagonista Joanna es una chica que viaja a Nueva York para visitar a una amiga. Pero cuando llega allí, decide quedarse. Hay algo de esa ciudad que la atrapa. Y casi como sin querer, se queda, y así, deja de hablar con su novio sin dejarlo, se pone en pareja con un chico con quien se muda a un departamento en donde lavan los platos en la bañera, y con el sueño de devenir escritora, comienza a trabajar para una agencia editorial. Es la secretaria de la directora, y le encargan como tarea principal contestar las cartas del autor más grande, más importante, que se configura en la película un poco como Charly, el de los ángeles, como Dios -o incluso como un muerto-, y no le vemos el rostro sino en foto. Como ya intuyen, Joanna empieza a contestar las cartas dejando de lado las plantillas indicadas para tal fin, y poniendo todo de sí misma.

Bastante emocional. Cuando la película lleva más de la mitad, Joanna lee una carta de uno de los fans que le dice: estás deprimida. Sos bastante emocional. Ahí, cuando la escuchamos leer, cuando vemos impresas esas palabras, se nos configura un flashback automático en nuestra cabeza, que nos hace entender que desde el principio, y como también dice su director Philippe Falardeau (Mr. Lazhar, nominada a mejor película extranjera en los Oscar 2012), el film está cortado en función de esa frase. Y toda atmósfera que parecía ser feliz y maravillosa en la que nos sumerge la bella fotografía de Sara Mishara, y la actuación de Margaret Qualley, a les que somos bastante emocionales, nos quiebra, hasta tomar las riendas del deseo junto con Joanna, hacia el final de la película. 

 

Schwesterlein y Never Rarely Sometimes Always. No estar solo y un largo camino al aborto

“He makes me says things I don’t wanna say…”

“Puta”. Le interrumpe su canto, es grito, en el acto escolar. 

(Mutis)

“He makes me do things I don’t wanna do…”, continúa tímida su canto, Autumn. 

Autumn tiene 17 años. 

Está embarazada, vemos después de un rato. Pero dado el contexto que nos da a conocer la directora Eliza Hittman en esta película ya presentada en Sundance, entendemos por qué no le cuenta a absolutamente nadie: no puede contar con nadie. Se dirige a la médica para que le haga un test. “Es del supermercado”, en EE. UU., en el estado de Pennsylvania. Resulta que ni siquiera ese espacio clínico-profesional le aporta más de lo que podría haber conseguido por sí misma.  

La examinan y la médica le dice que su “hermoso bebé” tiene ya diez semanas. Cuando ella esboza la opción de abortarlo, la profesional automáticamente le muestra un video motivacional, de esos que te quieren convencer de que sos una asesina por elegir no parir. Todo esto, que podría ser un panfleto -incluso sin intención de- por marcar una clara posición frente a un tema que no debería a estas alturas generar polémica, es de verdad un profundo, visceral, realista, sensible y bello camino al aborto.

No sin antes tomar pastillas hasta las arcadas, golpearse la panza sin asco, y con mucho dolor, entra en juego la prima, el personaje que hace que esta película sea además una muestra de amistad sin límites y un retrato de las mujeres que nunca (la única vez que podemos incluir esta palabra) no tuvimos miedo alguna vez. Esta prima roba unos dólares del supermercado en el que trabajan y con eso emprenden viaje a Nueva York, ahí, donde como ya dijimos, los sueños son posibles. Miren qué sueños tenemos algunas.

Después de haber vagabundeado con ellas por las calles de esta ciudad para nada embellecida, sino llena de obstáculos reales como abusos y malos tratos, llegamos por fin a este consultorio médico donde nos tratan bien. 

Never… Rarely… Sometimes… Always…? 

Escuchando estas preguntas, dentro de nosotres todo se desmorona, todo menos la cámara, que se queda en el rostro de Autumn, sin moverse; y entonces absolutamente toda la angustia que venías conteniendo, se desahoga junto con ella. Y como no podés abrazarla, deseás con toda la fuerza de tu alma que pare de preguntar, o que para alguna de estas preguntas tan duras que le hacen de manera muy dulce para conocer su historial, que le dan este brutal y soberbio nombre a la película, la respuesta sea Never, nunca. Como soy mujer, lo más desgarrador fue saber que eso no llegaría jamás. Que siempre es por lo menos rarely. Y entonces todas estas preguntas se conectan con el inicio, esa canción que refleja lo que siente; sino rarely… sometimes… always.  

Un largo camino al aborto. Que pronto no será. Será legal, será seguro, será gratuito. Para todes, en todas partes del mundo. Ese es nuestro sueño. 

– No pude parar de llorar-  le digo.

– Para que te sientas mejor, dicen que el protagonista en la vida real es un terrible boludo. 

Me río. 

Es la segunda vez que veo a este actor en pantalla esta semana, es el Darín alemán. Ahora en Schwesterlein.

Lars Eidinger, verdadera estrella en Alemania, encarna al protagonista: Sven, un actor en sus entrados cuarenta, enfermo de cáncer, mielosis. Lars también encarnó Hamlet en el teatro en Berlín, y en la película. La casi única motivación para seguir con vida del personaje es recuperar el papel de Hamlet en el teatro en Berlín. Así que a veces  viene a cuento la vida real. 

Sin embargo, la película no se centra solamente en él y cómo la enfermedad lo consume y lo cambia de estado física y emocionalmente.

Su hermana melliza, interpretada excelentemente por Nina Hoss, es una escritora que deviene profesora, deja de escribir; además de donarle médula ósea, se hace cargo de él hasta el punto de llevárselo a vivir con ella. “Con ella”, implica con los hijos y con el marido. Ella es la hermana menor, la Schwesterlein, por tres minutos de diferencia. 

¿Por qué ella no puede escribir?

Lo que las directoras Stéphanie Chuat y Véronique Reymond nos cuentan de una manera precisa, realista y desgarradora, es cómo esto que sucede, esta enfermedad que es el centro de la cuestión afecta la vida de los otros. Una madre negadora, un marido que debe tomar decisiones que no pueden esperar a la estabilidad emocional de la mujer, todo articuladamente desarticulado, sin hacernos sentir golpes bajos, con una honestidad que brota por todas las áreas, que se agradece. Las directoras también guionistas escribieron la película para que la interpretara Nina Moss y después la contactaron. Por suerte, dijo sí. 

Toda esta trama está atravesada también por una línea que nos habla acerca de la creatividad, de los procesos creativos, los bloqueos, y de que sí, a nadie le gusta estar solo.  

– ¿Y a vos qué te pasó?- le pregunto al crítico austríaco que me vio consternada y se acercó.

– Aprecio mucho cuando se dedican a contar una historia y lo hacen bien. 

Y yo aprecié no estar sola. 

El prófugo, Undine. Siempre se vuelve a La doble vida de Verónica

Siempre agradezco que las películas me lleven, de alguna manera, a La doble vida de Verónica. 

La película El prófugo, de Natalia Meta (Argentina), es una mezcla entre La mujer sin cabeza, de Martel, La doble vida de Verónica, de Kieslowski y alguna película de terror clase B… Este mix hace un cóctel muy original y disfrutable. 

En palabras de ella misma: “En esta que es mi segunda película, me permití jugar con los géneros”. Por qué habría que impedirse jugar, ¿verdad? Sobre todo cuando el juego funciona. 

Inés (Érica Rivas) es actriz de doblaje, y canta en un coro que para nosotres que lo podemos identificar, practican en el CCK.

Se va de vacaciones con el novio (Daniel Hendler), que no es muy serio para ella y es una relación reciente, y entre la playa, el karaoke y te amo no te amo, el novio se suicida. Es a partir de este hecho traumático -si bien hay un esbozo anticipatorio en el viaje en avión- que empieza a tornarse todo más fantástico, y a Inés la invaden en los sueños, y en el micrófono. Comienza entonces el sonido a tomar un rol protagónico en esta historia, porque hay un prófugo, y se metió con sus cuerdas vocales, con su voz, que además de ser su instrumento de trabajo, nos dice Érica Rivas “el sonido es un ámbito del deseo, sobre todo para las mujeres”. 

Inés empieza a tener alucinaciones, y empezamos a acercarnos a un personaje que si bien está en sus entrados cuarenta, vive una especie de nueva adolescencia con una madre metida (Cecilia Roth) pero que vive lejos, y como en La mujer sin cabeza, desfilan personajes que se encuadran de manera fantasmagórica. Y cuando entra en juego acá Nahuel Pérez Biscayart, a encarnar un personaje afinador de pianos pero que se desenvuelve como si fuese un mimo de circo, camina casi danzado, y me llevó instantáneamente al titiritero de la película de Kieslowski, tras esta idea en la trama de una cantante de coro con una dolencia. Todo esto, acompañado por la fotografía y ese sonido colocado desde nuestro punto de vista, nos lleva a una atmósfera muy teatral, circense y fantástica. Entre laringo estroboscopias (creo que son) y aparatos caseros para sacar el espíritu que hacen descargas magnéticas, los cuerpos pueden mutar y hacia el final esto resulta perturbador, pero combinado con cumbia, es un delirio divino.  No te enamores del Prófugo es la consigna. Pero la verdad es que entiendo a Inés, eso es difícil. 

 

Undine, divinidad mitológica con forma de mujer que residía en el agua y era considerada el espíritu elemental del agua. 

A Undine la deja su novio. Ella le dice que entonces tendrá que matarlo. No parece un chiste pero es muy gracioso, dado que sabemos que la película del director alemán Christian Petzold (Phoenix, Barbara) está inspirada en el cuento alemán Undine, inspirada en el mito de Ondina. 

Undine es una historiadora que trabaja en el StadtMuseum de Berlín, haciendo las visitas guiadas de una manera encantadora, con una frescura encandiladora. Y entonces la historia de la construcción de la ciudad de Berlín, de dónde nace y hacia dónde va, es lo que sería el castillo mágico en el cuento, y atraviesa el relato todo, siendo descrito siempre con magia y como un lugar que, construido desde el lodo, es en panorámica desde su balcón, un lugar maravilloso. Desaparece ese hombre en su vida -al que dijo, deberá matar-, pero aparece otro muy rápido, encarnado por Franz Rogowski, un buceador que había participado de su charla. Todas estas conexiones con el agua son bellas desde el incio: de forma mágica y adorable. Undine rescata a este nuevo, dulce y sexy humano de que se le caiga la pecera encima con toneladas de agua que en su lugar, los bañan a ambos en una bella toma, como si estuvieran acostados en la orilla del océano, esperando las olas llegar. Nace una historia de amor, en un relato mágico en todos los sentidos, en un tono de película que me recuerda entonces a la ya nombrada, La doble vida de Verónica: entre melancólico, mágico y esperanzador; acá se cruzan el mundo de los mitos con el mundo realista, generando entonces magia: un lugar donde podemos recibir la llamada de un muerto y donde una mujer se puede transformar en ninfa, encarnada por la brillante -literalmente, brilla- Paula Beer, en este film absolutamente conmovedor y disfrutable,  divino

 

Otac. De quién es la culpa si no tengo trabajo

Coproducción entre Serbia, Bosnia y Herzegovina, Eslovenia, Francia y Alemania, de la sección panorama.

Nikola es un padre. Su mujer se prende fuego a sí misma literalmente para exigir que al marido le paguen lo que le deben. La internan. Les sacan a les niñes. A partir de este momento la película es el camino del héroe. Su llamado a la aventura es recuperar a sus hijes, que injusta y autoritariamente le prohíben la tenencia y la visita -siempre fuera de campo, ellxs-, por no tener un hogar en condiciones que se consideran mínimas, como agua corriente, heladera, calefacción. Le exigen tenerlo, como si fuera cuestión de querer o no. Le exigen que tenga un trabajo a tiempo completo, siendo que trabaja a destajo y no sabe leer, como si fuera una cuestión de voluntad, y no una voluntad política. Sí, nos suena. Nos parece por esta ficción en los países balcánicos, aún siendo parte de la Europa -aunque en términos concretos, muchos no lo consideran como tal- nos acerca mucho a Latinoamérica. La pobreza extrema, la falta de recursos de ciertos sectores, un Estado que no llega todos lados, las desigualdades.

Nikola decide ir caminando 300 km hasta Belgrado, donde se supone que puede conseguir que su situación cambie. Entre medio, se dejan ver problemas migratorios y de identidad limítrofe, de un país con una historia reciente, que atraviesa también la película.

Luego de hacerse amigo de un perro que muere, dormir durante días en la puerta del Ministerio, este obstinado personaje va a lograr que lo atiendan. Pero no se termina ahí la cosa, y así aparezcan nuevos obstáculos, el agotamiento nunca lo detendrá, hasta que en esa mesa se vuelvan a sentar los cuatro juntes, una vez y para siempre. 

Le sel des larmes. Un dinosaurio

Esta película de Philippe Garrel con guion de Jean-Claude Carriére es tan old fashioned, que duele. 

Es la historia de un don Juan que llega del interior de Francia a París, y parece enamorarse primero de Djemila (Oulaya Amamra), no se puede acostar con ella y le deja de interesar, pero no la deja porque puede existir la posibilidad todavía. Se encuentra con su ex novia y renace la llama (sin haber dejado a la otra), y vemos cómo ella, Geneviéve (Louise Chevillotte), toma una larga ducha desnuda con la ventana abierta, como un escaparate. ¡Sí, claro! Podríamos decir: es cómo Luc (Logann Antuofermo), este don Juan, ve a las mujeres. Pero no. En serio está tan de más, como lo que le sigue al relato. Geneviéve queda embarazada y tienen la discusión “no lo hice yo sola, lo voy a tener”. Él como buen caballero la deja igual. Ya en París conoce a una nueva novia, Betsy (Souheila Yacoub), y se mudan juntes. Ella introduce a un amigo en la convivencia y con el tiempo nota Luc y nosotres que ella tiene sexo con ambos, y se da una dinámica de ese tipo aceptada por todes, aunque notamos que a él le molesta un poco. Y si bien es lindo ver historias simples y en blanco y negro, con una voz en off que nos relata lo que piensa Luc, que si hay algo que tiene de bueno el personaje es que no se cuestiona sus actos, creo que el discurso del relato parece libertino pero se quedó en el tiempo. Y si el discurso aburre, un poco la película también. No obstante, es muy linda la historia no contada, que me gusta imaginar, sobre el padre de Luc (André Wilms), el personaje más lindo de la película. Y ojo que nada de esto tiene que ver con las edades de quienes dirigen/escriben. Me hace pensar en lo que dijo alguna vez Agnès Varda sobre La nouvelle vague, algo así como “me usan en el grupo para jactarse de que hay una mujer en él”, si se entiende el vínculo. 

 

Domangchin yeoja, The Woman Who Ran. El poder de hablar

Cuando te dicen que los diálogos son acción, creelo. Esta película de Hong Sang-soo se reduce a tres encuentros de una chica que por primera vez se separa del marido después de cinco años. Esta frase se la repetirá a cada una de las mujeres con las que empiece a conversar. Porque esta película que pareciera pura conversación, es un sinfín de situaciones tan simples como ingeniosas en las que empezamos a intuir, entre risas provocadas por un humor de una sutileza inmejorable, que esa mujer está corriendo de un lado a otro, buscando algo, sin detenerse.

Es una película de mujeres, en las que de alguna u otra manera, un varón irrumpe su paz, si no en persona (que siempre sucede), es en la palabra. Aquella composición entre lo que se muestra y lo que no se dice genera un sentido tercero de lo que la protagonista siente, que con la curiosidad y la destreza de les niñes, siempre observando desde afuera, expresa no sólo sentimientos específicos como ahogo y sensación de libertad al compartir con las otras mujeres, sino también preguntas implícitas, suyas y nuestras, como espectadores. Como acostrumbrades espectadores de un montaje que construye sentido y ritmo a partir del corte, esta película genera un clima poético, naif, divertido y de expectativa, a partir de planos de conjunto fijos, con zooms in cuando no necesariamente necesarios, y corte cuando no absolutamente indispensable: parece un juego, igual que la protagonista, una cámara en búsqueda de algo. Lo dicho y lo no dicho, lo que se muestra y lo que no se muestra, todo, sucede.

Como diría mi amigo Totino Ríos, parece que no pasa nada pero pasa de todo. 

Migrar es eterno: Exil, The Roads Not Taken, Berlin Alexanderplatz

Exil, Panorama, estrenada en el último Festival de Cine de Sundance. Un empleado en un laboratorio farmacéutico, padre de familia, originario de Kosovo devenido alemán, comienza a tener problemas en el trabajo, lo acosa particularmente un compañero, que lo excluye de los mails con comunicados generales; se encuentra con una rata en la puerta de la casa; comienza a sentir cómo la distancia crece en su relación con su mujer. 

El personaje responsabiliza las motivaciones de todo lo que le sucede al hecho de ser un inmigrante, “bien integrado”, pero inmigrante al fin. En esta profunda construcción, como espectadores, crece y crece hasta la asfixia la pregunta ¿de dónde sos?, y es ya violenta. En este viaje interno por su cabeza, vamos y venimos también en sus actos como marido, como padre, como compañero de trabajo, siendo un personaje complejo y gracias al director Visar Morina, no puesto en el lugar chato de un santo bullineado, sino de un hombre común, contradictorio y con la cicatriz del exilio, del que hasta como prácticamente todos quienes lo rodean comenzamos a dudar de lo que dice que le pasa. 

Toda la película se sintetiza y brilla como un todo en esa escena en la que recibe reconocimiento público por parte de sus compañerxs: lo hiciste bien, te felicitamos porque casi ni notamos que sos kosoves Xhafer Kryeziu, ¡aplausos!

The Roads Not Taken, de Sally Potter, Competición. Javier Bardem encarna a Leo, un hombre que está perdido en su cabeza. Digo así, porque en ningún momento se menciona ninguna enfermedad en particular, como alzheimer, aunque podemos intuir que de eso se trata. 

La película es un viaje en el tiempo a través de la cabeza de Leo, y vamos a México con él, a “casa”. Mientras tanto, en tiempo real, sólo pasamos un día en su vida, en el que Elle Fanning, que interpreta a su hija, lo lleva y lo trae a citas con médicos. “¿Por qué le dicen él, como si no estuviera?”. Además de ser la historia de un hombre con cicatrices por heridas de la vida, siendo una de ellas el exilio, este es también el retrato de una hija que no desiste de su padre, y que desea especialmente -aunque no se demuestre lo contrario- que su padre la ame, como queremos todes, que se queden para siempre con nosotres.

Berlin Alexanderplatz es un título que cautiva: en principio es, la referencia más clara que se tiene de Berlín, que es una ciudad por demás multicultural y profunda, con muchas capas; y en segundo lugar, es el nombre de una serie adaptada y dirigida por Fassbinder, del libro de Alfred Döblin. Esta película de Burhan Qurbani (ya nominado al Oso de Oro en 2010 por Shahada), trata la historia de Francis, un hombre que después de salir del agua salvándose del ahogo, llega a Berlín. Trabaja en un lugar de producción de manera informal. Lo despiden injustamente por el accidente de uno de sus compañeros de trabajo que, como esboza la frase ya bien conocida “no hospital”, que nos sitúa en este universo infernal del inmigrante, ya tocado en el cine varias veces. Sin embargo, el director es un refugiado él mismo, y es por eso que particularmente me gustó esta película. Bien podría haber sido una película llena de clichés de tono y formas, posturas moralistas, y sabemos que muchas personas que migran sin permiso de trabajo deciden alejarse de las instituciones hasta las últimas consecuencias Es a partir de este hecho y de la aparición de un personaje fascinante, Reinhold, que Francis va a comenzar una lucha interna entre la ilusión que se arma en su posible nueva vida en un nuevo lugar y lo que la realidad y las complejidades de esta le ofrecen como posibilidades accesibles, fáciles. Reinhold es un psicópata, interpretado genialmente por Albrecht Schuch, muy caricaturizado, encorvado, se mueve casi como un viejo y se ríe de manera perversa; es el jefe de los dealers del parque, un jefe blanco que lidera una banda de dealers negros, y convence a Francis de trabajar con él. Comenzamos a ver la transformación de Francis a Franz -así lo nomina Reinhold-, en un relato guiado por la voice over de quien será la novia de Francis, Mieze (Jella Haase), una rubia que parece salida de una película de ciencia ficción, con una voz de muñeca naif pero que entiende todo de la vida. 

Por eso, esta película es algo. Seguramente tenga que ver con que el director es él mismo un refugiado -que dice, tanto Francis en la película como él en una charla, cuidado con cómo se usa esa palabra-. Si bien es un tema que podría no dar para más que un tono dramático, nostálgico, la película no tiene miedo de ser lo que es, y tiene el tono y la construcción de una película que bien podría ser Batman, con un villano adorable y un final del tipo “lo malo ya pasó, ahora haremos las cosas bien”, pero sabemos que aún quedan cuentas pendientes. 

 

No hay maldad. There Is No Evil. El poder de decir no; el poder del cine

Amor al cine iraní. Desde Samira y Mohsen Makhmalbaf a Mania Akbari, y en esta oportunidad, pudimos ver la película de Mohammad Rasoulof (Goodbye, Un hombre íntegro -esta última ganadora en la categoría Un certain régard, de Cannes).

Asistimos a una función pública esta vez, de las que más disfrutamos, y pudimos deleitarnos con un público agradecido que durante 15 minutos batió sus palmas de pie. Realmente lo merece. Su director no pudo recibir ese calor sonoro porque no le fue permitido viajar, salir de su país para este festival. Sin embargo, todo su elenco y equipo técnico estaba emocionado hasta las lágrimas. 

Un hombre común, buen vecino, que va a buscar a su mujer y su hija al colegio, que cuida de su madre; un joven que está de servicio militar y su novia está del otro lado, quiere que lo salve de una tarea; un joven que quiere proponerle matrimonio a su novia el día del cumpleaños, mismo día de un sorpresivo funeral; un hombre que recibe una visita, 20 años más tarde.

Cuatro historias que se relacionan de la forma más política y desgarradora posible: las ejecuciones, la pena de muerte. 

Sería una malicia de mi parte contar demasiado respecto de esto, y aunque me muera de ganas, no lo haré.

Sin embargo, no quería dejar de destacar lo maravillosamente retratada que está la contradicción en los seres humanos, no sin dejar de marcar el punto de vista de qué es lo que para esta película está mal. Ver un hombre de familia teñir el pelo a la mujer puede acabar apareciendo de lo más atroz, y ya entonces vamos a seguir descolocados. 

Obligatoriamente, cuando se estrene en Argentina, o si viajan a alguna parte del mundo donde vean el título “Sheytan vojud nadarad”, o bien There’s No Evil, no duden en meterse en esa sala y disfruten de una joya artística sensible desde todos los ángulos posibles, política con toda la intención de serlo, entretenida como y desde quien ama la vida. 

Con una sutileza inigualable y una maestría desgarradora, el director nos pasea por esta pregunta: ¿hasta qué punto tenemos el poder de elegir ser o no parte de lo que está mal? La respuesta que da esta película si bien compleja, es clara: no hay tal obediencia debida. Y la verdad, no es que el cine deba poner temas actuales -como la pena de muerte aquí- en la pantalla o plantear dilemas morales como lo hace esta, o resultar lo que muchas veces criticamos como pecadoras de solemnidad; pero si esto sucede cinematográficamente con todo lo que esta palabra implica, la obra trasciende. 

Personalmente lo abrazo y digo: es ahí cuando el cine lo puede todo.  

Y con esta música esperanzadora alegre y nostálgica, como se fue la última, nos vamos nosotres. 

“Esta mañana me he levantado, 

y Bella Ciao, Bella Ciao, Bella Ciao Ciao Ciao

Esta mañana, me he levantado y he descubierto al invasor…”.