Mujercitas: sin mayores novedades

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Louisa May Alcott publicó su primera novela, Mujercitas (Little Women or Meg, Jo, Beth and Amy), en 1868. Es la historia de cuatro niñas adolescentes, criadas en Massachusetts. Sucede en el norte de los Estados Unidos, en el hogar de una familia empobrecida. El padre es conocido por sus convicciones antiesclavistas. Marchó al Ejército de la Unión durante la Guerra Civil. La madre llevó adelante la casa mientras participaba en cuanta tarea humanitaria hubiera en el pueblo. Podría hablarse de una familia “progresista”. El rol de la mujer, sus aspiraciones y deseos, ocupa el lugar central en la temática de la obra. El personaje de Jo, la escritora, pone blanco sobre negro (mejor dicho, negro sobre blanco, tinta sobre papel) la cuestión de la escritura y la creación literaria. Mujercitas es un meta-texto. La escritora, Louisa May Alcott, escribió su propia historia, en la cual la protagonista, llamada Jo, narra su propia vida, que es la de Alcott. Es como un guante que se repliega sobre sí mismo.

Luego de este primer relato, Alcott recibió numerosas cartas de lectores en las que le pedían que continuara con la historia y así publicó Aquellas mujercitas (Good Wives), Hombrecitos (Little Men) y Los muchachos de Jo (Jo’s Boys).

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Mujercitas fue una novela muy popular en Argentina. Julio Cortazar la tradujo al castellano en 1952. El libro, tanto en ediciones nacionales como españolas, circuló y se hizo conocer como una “novelita rosa”. Nada más alejado del contenido e intención de la obra. Mujercitas es una típica novela de iniciación, en la que el personaje va creciendo y se va formando a medida que la trama avanza. En una época en la que el feminismo ni soñaba con existir como movimiento político y social, Louisa May Alcott publica una novela firmando con su propio nombre de mujer, novela en la que el personaje principal es una joven independiente y de fuerte temperamento, que no solo no sueña con casarse sino que proyecta no hacerlo en aras de su libertad. Todo un acontecimiento para los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XIX.

La historia fue tan impactante y tuvo tanto éxito que se convirtió en un clásico apenas publicada. Fue llevada al teatro y al cine en numerosas oportunidades. Ya en los albores del cine mudo tuvo dos versiones, una de Alexander Butler (1917) y otra de Harley Knoles (1918). El cine sonoro contó esta historia cinco veces.

En 1933 George Cukor dirigió a Katharine Hepburn encarnando a Jo.

En 1949, Mervyn LeRoy la llevó a la pantalla para la Metro, con un elenco rutilante: June Allyson, Peter Lawford, Elizabeth Taylor, Janet Leigh, Margaret O’Brien, Mary Astor y Rossano Brazzi.

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La versión más lograda fue la que dirigió Gillian Armstrong en 1994. Winona Ryder, Gabriel Byrne, Trini Alvarado, Kirsten Dunst, Susan Sarandon, Samantha Mathis, Claire Danes, Christian Bale y Eric Stoltz fueron las actrices y los actores que dieron vida a las hermanas March y su entorno. La interpretación de Winona Ryder es antológica. Dio vida a una Jo chispeante, inquieta, suficiente y que sabe lo que quiere: escribir.

Se estrenó en Buenos Aires la última versión de Mujercitas, traída de la mano, o mejor dicho mostrada por el ojo de la cámara de Greta Gerwig, primera mujer que la dirige, con un elenco encabezado por Saoirse Ronan, con Emma Watson, Florence Pugh, Eliza Scanlen, Timothée Chalamet, Laura Dern, Bob Odenkirk, James Norton, Chris Cooper y nada menos que Meryl Streep. La novedad consiste en que el filme está construido por constantes saltos en el tiempo, hacia atrás y hacia adelante. Estos lapsus temporales son tan numerosos que por momentos tornan confuso el relato. Además, en las escenas que supuestamente suceden en tiempos distintos, las actrices que representan a las hermanas tienen pocos cambios en su aspecto físico, lo que complica más la comprensión. Por ejemplo Amy, la menor de las hermanas, que tiene 12 años al comenzar el relato, casi tiene el mismo aspecto 10 años después cuando vuelve a su casa y lo mismo sucede con el resto. Tal vez se quiso poner el acento en los temas tratados más que en la secuencia cronológica, pero si así fuera, tampoco se logra.

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La cámara pone muy bien el lente sobre los escenarios, la reconstrucción de época y el vestuario, con una cuidada fotografía y puesta en escena, pero alejada de la interioridad de los personajes: poco se sabe sobre qué les sucede y cómo les pasa lo que les pasa. Las actuaciones son correctas, sin que ninguna de ellas sobresalga, en todo caso puede mencionarse la labor de Eliza Scanlen, como Elizabeth “Beth” March, la más tímida y sufrida de las cuatro hermanas.

Un acierto de esta versión de Greta Gerwig está dado por la vuelta que sobre el final le da al tema de la creación literaria, el guante que se repliega sobre sí mismo, una posibilidad más para el texto de Louisa May Alcott que seguramente la escritora del siglo XIX hubiera aprobado de buen grado.

Mujercitas fue nominada a los premios Oscar como mejor película, mejor guion adaptado y mejor vestuario. Saoirse Ronan fue nominada como mejor actriz y Florence Pugh como mejor actriz secundaria. El trabajo de Alexandre Desplat fue nominado para la mejor música.

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Es muy interesante observar cómo el personaje de Jo, la escritora independiente y luchadora, va evolucionando desde la joven grosera, gritona y “machona” que interpretó Katharine Hepburn en 1933, hasta transformarse en las jóvenes autosuficientes y femeninas que interpretan Winona Ryder o Saoirse Ronan, en consonancia con el avance del feminismo.

Seguramente seguirán filmándose versiones de esta obra clásica de la literatura decimonónica estadounidense y ojalá alguno de estos futuros trabajos pueda superar la versión de 1994, de Gillian Armstrong.