BoJack Horseman: se dice de mí

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Primera parte de la última temporada

Que BoJack Horseman es una de las mejores series en lo que va del siglo no es algo que diga solamente yo. Que todo lo bueno termina, sabemos, tampoco. Hace unas semanas Netflix estrenó la primera parte de lo que será la última temporada de la serie que nos paseó por el espectro de emociones más amplio de las últimas décadas. Risas explosivas, llantos angustiosos, dolor (dolor real) por los personajes y sus (malas) decisiones, preocupación, emoción, empatía (bastante absurda si se tiene en cuenta que hablamos de dibujos de animales antropomorfos) plena con ellos y ellas.

Cuando algo es tan bueno no queremos que termine, pero sabemos que debe hacerlo. Para evitar el desgaste, la repetición, el vaciamiento de aquello que nos supo conmover entendemos que la cosa tiene que terminar y, muy probablemente, no nos guste cómo, aunque estos capítulos nos den algo de esperanza. Ya sabemos, igual, qué pasa con la esperanza en el mundo de BoJack, tan angustiantemente parecido al nuestro. ¿Queremos que termine la serie? Parece una de las encrucijadas emocionales que podría atravesar BoJack, que siempre tiene a mano la pregunta “¿qué quiero?” y la fatal, la que sigue, “¿lo que quiero es lo mejor para mí?”. Si algo nos mostró con claridad este caballito animado es lo inconveniente del deseo. Entonces, ¿queremos que termine? No podría decir qué quiero yo pero sí que hice, y recomiendo: ver toda la serie otra vez antes de enfrentarme al final. No solo retrasa lo inevitable, también permite recordar, profundizar y entender un poco mejor a los personajes. En este sentido, BoJack Horseman es como un buen libro, hay que volver a leerlo.

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Y no hablo de leer porque sí, BoJack supo ir armando sentido, tramando, desde su primer capítulo y sigue haciéndolo en la recta final. Sus cinco protagonistas saben repartirse muy bien la representación de los conflictos que atormentan estas primeras décadas del siglo XXI. Tal vez se supo meter más fuerte con las cuestiones de género que con las de clase, pero, vamos, una serie de dibujitos logró lo que mucho híper realismo no. El personaje de BoJack, sobre todo, consigue condensar conflictos todavía más atemporales (desde el comienzo del capitalismo mínimo), existenciales: quiénes somos, qué queremos y qué hacemos con eso. El guion, claro, pero también el cast es fundamental para esto. No podemos imaginar otra voz para BoJack que no sea la de Will Arnett; Alison Brie como Diane, Amy Sedaris como Princess Carolyn, Paul F. Tompkins como Mr. Peanutbutter y Aaron Paul como Todd son completamente irremplazables.

No quiero hacer ningún tipo de spoiler pero todos recordarán que la quinta temporada terminó con BoJack, finalmente, pidiendo ayuda. Diane lo había acompañado a una clínica de rehabilitación y desde ahí arranca esta primera parte de la última temporada. El primer capítulo, “Un caballo entra a rehabilitación”, nos muestra a un BoJack en proceso de recuperación. El segundo, “El nuevo cliente”, nos cuenta cómo Princess Carolyn lidia con su nuevo rol, el de madre. El tercero está dedicado a Diane y el cuarto a Mr. Peanutbutter. Reservemos nuestro “hooray” para más adelante, porque Todd también tiene su protagonismo. Nuevas locaciones posibilitan la entrada de nuevos personajes y vemos a los nuestros interactuar con ellos, lo que nos permite seguir conociendo aspectos también nuevos de los protagonistas. Eso, y cómo estos capítulos se meten con la cuestión de las multinacionales y el mundo del trabajo en el capitalismo tardío son lo más novedoso, y también lo que nos deja hacer a un lado la melancolía extrema de saber que estamos muy cerca del final.

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El último capítulo de esta primera parte es un excelente fin de mid season, nos comeremos las uñas, garras y pezuñas esperando los últimos capítulos, que recién llegarán en enero. El efecto que producen juntos el anteúltimo y el último capítulo es demoledor. Insisto con la estrategia de manejar la ansiedad revisitando toda la serie, o al menos, sus capítulos más significativos. El robo de la D de Hollywood, cuando BoJack compra un barco, la nominación de los Oscar, la gira con Sarah Lynn, la reconstrucción de la casa materna, la verdad sobre Hollyhock, el velatorio, el último capítulo de Philbert. La secuencia de apertura es de lo más bello que haya visto en televisión, Raphael Bob-Waksberg hace un recorrido por los núcleos traumáticos de BoJack: su familia, Sarah Lynn, Horsin’ Around, Herb Kazzaz, y, como siempre, el alcohol. Es muy interesante cómo se trabajan la adicción y sus orígenes en esta temporada, también aparece el tema de las enfermedades mentales, como la depresión, y creo que la serie trata el tema con mucha altura, aunque con el cinismo y humor negro de siempre. Los finales de cada capítulo también sorprenden con nuevas canciones, y regresan varios personajes queridos, casi como si fuera una fiesta de despedida. En fin, estamos cerca de este, y podemos ir adivinando qué pasa cuando estamos así de cerca; en todo caso, podríamos tomarnos una ducha, para que no se sepa si ya estamos llorando o no.