Nordisk Panorama Segundo Cruce: la búsqueda de la verdad

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Malmö es una pequeña y bella, muy bella ciudad al sur de Suecia, en la provincia de Escania.

Para llegar hasta allá desde Copenhague, donde estoy, hay que cruzar el mar Báltico todos los días, así que a cada jornada la llamaré cruce, y desde que Mariano Castaño me nombró al inspector de Mankell, comencé a leerlo y no puedo dejar de pensar en Wallander. En este tono policial en el que está mi cabeza ahora, empezamos el cruce con un caso, un enigma, un policial.

Patriotic Highway, mucho más que un juicio

Kosovo. Antes de comenzar la película, la directora Caroline Troedsson (Suecia) nos pide que no nos quedemos en los detalles y miremos todo el paisaje. Ya me interesa.

La película se adentra en un caso de corrupción que acusa a Fatmir Limaj, un político popularmente querido, de recibir sobornos y manejar las licitaciones de manera fraudulenta mientras era ministro de Transporte de la actual República de Kosovo, cuando se construían carreteras que unían –hermosa metáfora también– Albania con Kosovo.

En la película seguimos a la jueza sueca Marie Tuma, que trae toda su experiencia en juicios internacionales y, además, cuenta con la referencia a la transparencia sueca en términos políticos y judiciales, democráticos.

La película sigue el juicio dentro de la corte, con planos-contraplanos muy dramáticos y un bello ritmo de suspenso, y fuera de la corte –es decir, todas sus arterias–, con tensiones de ambos lados. La autora nos cuenta que lo que intenta es llegar lo más cerca de los personajes para mirar a través de sus ojos, y esto se nota. Por un lado, una jueza que no muestra una opinión y que quiere llegar a la verdad y alejar a la política de los marcos de la ley; y por otro lado, un acusado que sostiene que su acusación es política y que no hay pruebas sobre ello.

Esto es fundamental porque hace que la película tenga el giro y la concentración en lo importante, que indague en las capas de lo que significa la democracia, la justicia, y hasta qué punto esta no es política.

Como espectadore une se sumerge en el proceso y quiere descubrir la verdad del caso, pero la película no va muy profundo en la búsqueda de evidencias, sino que, como dice la directora, “la película no es acerca del juicio, incluso si el juicio es el gatillo. Se trata de una nación que quiere ganar su lugar en el mundo”.

 

The Hypnotist

El director finlandés Arthur Franck juega con un découpage en el que construye la historia, la vida del hipnotista Olavi Hakasalo, a partir de lo que parecen, en principio, imágenes de archivo.

Desde el principio, me hizo recordar Casablanca, no por el tono, sino por la primera secuencia de esa película en la que se relata expositivamente con tono periodístico sobre un lugar que, en verdad, no existe.

En este sentido el director pretende generar la pregunta de si se trata algo real o es una completa ficción, quiere quedarse en la zona de la ambivalencia, “la ilusión de crear una verdad real, que no existe”, dice.

Y siguiendo las performances hipnotistas de Olliver Hawk –como se hacía llamar Olavi–, además de sus conflictos familiares, personales, etc., se llega al punto central de la trama: Olavi/Olliver es acusado por fraude, por haber diseñado una campaña política para quien fue primer ministro de Finlandia durante un período ridículamente largo, y la película pone su foco allí. Cuenta, paso por paso, cómo se hipnotizó a las masas a través de diferentes técnicas, pero la manipulación de los medios de comunicación, ante todas las cosas (¿suena conocido?).

Lo real, a fin de cuentas, es aquello que queremos que sea. Y mucho de lo que vimos no habían sido sino reconstrucciones bellamente filmadas. Y lo interesante de esta película es que nos expone a nosotres, hasta se burla un poco, diría, porque como dice su director, a pesar de reconocer estas estrategias en el marketing o en la publicidad por ejemplo, seguimos siendo capturados por estas maniobras aunque sepamos que existen.

 

Photographer of War: el ancla de la familia, documentar es un arma

Jan es un fotógrafo de guerra. Sí. Pero además es padre de familia.

Él espera a que llegue su hija con el camión de egresades (tradición en Dinamarca) para darles cerveza a todes sus amigues y que sigan viaje así, casa por casa.

Así empieza esta película. Con una celebración. Sin embargo y sin indicios claros, se siente ahí, una falta.

En esta world premiere, el director danés Boris B. Bertram se acerca a ese fotógrafo danés, tanto en su oficio como en su vida personal actual, en un punto de inflexión: padre de tres hijes, su ex mujer fue quien siempre se hizo cargo de elles –en parte por su trabajo, en parte por ser un “hombre complicado”, como se define– y tiene un cáncer terminal. Ahora él tiene que hacerse cargo de la familia.

Mientras intenta interactuar con sus hijes adolescentes, tiene que trabajar.

Su particular trabajo está en constante vínculo con la muerte, ya que saca fotos en las guerras. Son fotos artísticas y puede resultar controversial y es algo que el director mismo sabe y sobre lo que habla en el posterior Q&A, ese tema nunca agotado de hasta qué punto y cómo mostrar. Si esa foto resulta un producto artístico, ¿es aceptable o despreciable? En este sentido te punza en el centro del pecho ver en color los planos que nos muestra una cámara que sigue a Jan en lugares en ruinas, donde cuelgan pedazos de cuerpos y donde la gente llora sin llorar a sus muertos, mientras él toma fotografías. Desgarrador.

Pero lo que queda claro al mismo tiempo, mientras toma fotos, es que agradecen que esté contando su historia y que tome ese riesgo de estar entre bombas, con otra arma también, que es la cámara. Documentar.

Es muy interesante ver cómo, mientras caminan entre bombardeos, los fotógrafos, hablan sobre lentes, texturas, luz y demás cuestiones técnicas. Creo que eso, paradójicamente, los convierte en humanos: no podrían estar allí sintiendo cada una de las cosas que fotografían, como el cirujano que opera deshumanizando al cuerpo en cada corte.

El director nos cuenta que Jan es un activista, y que quiere con su trabajo inspirar a otres.

Y nos desgarra también el funeral de su ex mujer, aquí es cuando se pone, además del chaleco de prensa, el del ancla de la familia.

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