Perros del fin del mundo o la estupidez humana

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Los perros son los mejores amigos del hombre, es un axioma o frase hecha que casi todo el mundo reconoce y acepta. Pero ¿qué pasa cuando el hombre no es el mejor amigo del perro y lo abandona? Perros del fin del mundo, documental de Juan Dickinson, nos habla del caos medioambiental que se crea en la Isla Grande de Tierra del Fuego al no controlar la población canina. Al ser abandonados a su suerte, los perros retornan a sus raíces salvajes y se convierten en jaurías que se mueven a las zonas rurales y atacan al ganado ovino de lxs estancierxs de la región.

Con una introducción contextual e histórica de la provincia, nos cuentan de los onas, los primeros habitantes de Tierra del Fuego, y la convivencia con los primeros colonos (en su mayoría británicos, en una misión anglicana que partía de las Malvinas), donde ya se asienta la presencia de algunos perros. Toda una lección de historia de cómo se introdujo la oveja y su explotación de lana y carne al exterior. Con ley de promoción industrial en los 70, la región de Río Grande explota, en especial la ciudad de Tolhuin, de donde los perros son segregados hacia el área rural.

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La estupidez humana está de manifiesto en el abandono irresponsable de los animales. Gente nueva que llega a poblar la ciudad intenta cumplir el designio de familia tipo: casa, hijos, auto… y mascota. Los problemas surgen cuando al salir de vacaciones cargan a los perros en el auto y los abandonan en la ruta. De manera alarmante, los caninos callejeros fueron aumentando, convirtiéndose en jaurías asilvestradas descontroladas, no solo en el centro urbano, sino moviéndose para comer y atacar el ganado ovino.

En 1986, comienzan las conversaciones para resolver el problema del perro urbano. En cada testimonio que nos muestra el director Juan Dickinson, directa e indirectamente, dejan en claro la ausencia del gobierno provincial. Los estancieros cuentan durante el largo documental todos los métodos que empezaron a aplicar para solucionar el problema por sí solos. Como verdaderas bestias que son los seres humanos, la primera herramienta fue la caza de los perritos. Hecho que no produjo grandes cambios, luego utilizaron cercos eléctricos, trampas, cámaras y por fin, el combate de fuego contra fuego: perros protectores de ganados. Fuego contra fuego.

Perros del Fin del Mundo A

Si bien hay testimonios de veterinarixs y asociaciones que rescatan animales y cuentan las campañas de vacunas, adopción y castración que llevan a cabo a pulmón y sangre, desde mi punto de vista tiene una preeminencia considerable la queja de lxs estancierxs que deja de lado la cuestión medioambiental y lo convierte en una molestia capitalista.

La fotografía con los paisajes fueguinos es excelente, y el material captado por las cámaras trampa nos permite ver la dimensión del problema. Aunque por momentos se vuelve maquiavélico al mostrar las ovejas masacradas por las jaurías (no apto para personas impresionables), el aspecto visual permite al espectador sacar conclusiones por sí solo. Aunque a nadie le interese, la conclusión que saco es que la estupidez humana creó este problema, y lamentablemente, lo pagan los más inocentes con la muerte: las ovejas y los perros. Pero, soy perrero, así que no soy objetivo. El problema no son los perros, el problema es el hombre. En conclusión, un documental estéticamente impecable, con un tema atrapante y original.

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