Saint Seiya: una oportunidad desperdiciada por Netflix

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Saint Seiya, mejor conocida en nuestro país como Los Caballeros del Zodíaco, es una serie que está en el corazón de muchos fans argentinos por haber liderado el boom del anime en el país durante los años 90 junto con Dragon Ball y Sailor Moon. Aquella serie de los 80, creada por Masami Kurumada, tuvo continuaciones en películas e incluso en otras series animadas que exploraban su mitología, pero ahora Netflix decidió que era el momento de relanzarla en forma de remake como una de sus tantas apuestas por la producción de animes propios.

Esta nueva Caballeros del Zodíaco o Knights of the Zodiac generó muchísima expectativa entre los fans desde su anuncio, lo que se fue desinflando proporcionalmente a la cantidad de imágenes que iban saliendo a la luz. Desde el primer tráiler, Netflix deja bien en claro que su intención es apuntar a un público más joven, que se aleja bastante del fan treintañero que la disfrutó hace dos décadas.

Esto no sería necesariamente un problema si no fuera porque en pos de ese cambio de público, la remake intenta simplificar una trama que de por sí no era muy compleja y lo hace de forma pésima.

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A pesar de que la idea no es hacer una comparación exhaustiva con la serie original, traer algunas referencias puede ser útil para entender en qué falla esta primera temporada de la Saint Seiya de Netflix.

Quienes hayan tenido la posibilidad de ver el anime recordarán que la primera parte, especialmente la del “Torneo Galáctico”, era quizás la más confusa y la peor contada de toda la serie. Es recién con la llegada al santuario donde parece encontrar su fórmula y toda la mitología de Seiya y sus amigos se acomoda para relatarnos las épicas batallas que son su sello.

Estos primeros 6 episodios de la remake de Netflix hacen un esfuerzo por organizar esa primera etapa, con un antagonista más claro que en la serie original y con una motivación que, más allá de ser poco comprensible desde la lógica, es explícita desde el principio.

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Sin embargo, en este camino en búsqueda de una supuesta mayor claridad, el desarrollo de los personajes perdió cualquier atisbo de profundidad y, con ella, la carga dramática que caracterizaba a cada una de sus historias. Lo poco que nos trae la serie respecto de cada uno de los personajes se ve reducido a algunas breves referencias que funcionan más como guiños a fanáticos a los que la serie no está dirigida, que como escenas que ayuden a entenderlos a ellos y lo que les está pasando.

Todo se siente apurado. Quizás sea porque intentan aglomerar en 6 episodios de 25 minutos lo que originalmente se contaba en 17, pero lo cierto es que todo sucede rapidísimo. Las decisiones que toman los protagonistas no tienen un desarrollo e incluso los combates a veces se reducen a dos o tres golpes hasta que alguno cae abatido, lo que le quita épica y heroísmo a las escenas. Es cierto que el anime a veces puede pecar de lento, pero en este caso, el apuro hace que sean tan incomprensibles algunas cosas que suceden que ni siquiera se entienden aunque previo a la presentación, una voz en off te explique el concepto de la serie al inicio de cada episodio.

Un cambio importante provocado por la variación del público al que la serie está dirigida es la eliminación por completo de la violencia explícita y de la sangre. Los chorros rojos que caracterizaban a la serie original ya casi no existen, lo que no sería algo del todo reprochable si no fuera porque estas recortadas batallas apenas producen marcas en los cuerpos de estos guerreros que parecieran no recibir daño a pesar de que hasta mueren como resultado de los combates. Todo esto ahonda en la falta de dramatismo y profundidad de los acontecimientos que nos cuentan.

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Y quizás esto se deba a una limitación propia del estilo de diseño y animación elegidos. Si bien el CGI está bastante bien, las texturas son desparejas: mientras que el metal de las armaduras está muy bien logrado, la piel y el pelo parecen de plástico. A lo que se suma que los movimientos se ven duros. Las articulaciones y la forma de caminar es muy tosca y en definitiva se parecen más a muñecos interactuando entre sí que a seres humanos.

Por otro lado, aunque es frecuente en el anime, se utilizan una y otra vez las mismas animaciones de ataques, lo que combinado con lo corto de las batallas, hace que todas se vean iguales, dando una impresión de animación barata que para solo 6 capítulos es por lo menos llamativa.

A pesar de que la música del opening se mantiene en una reversión actualizada, la épica banda sonora de la serie original producida por Seiji Yokohama fue cambiada por un par de temas anticlimáticos completamente olvidables. Y más allá de que es destacable que se intentó mantener el cast original de actores de doblaje para los personajes principales en español latino (salvo por la voz de Seiya, dado que Jesús Barrero falleció prematuramente en 2016), no se entiende por qué Netflix no ofrece como opción las voces originales en japonés pero nos da la posibilidad de elegir un pésimo doblaje en inglés.

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En definitiva, la nueva Saint Seiya de Netflix se siente apurada y anticlimática, dirigida a un supuesto nuevo público alejado de los fans pero con un ritmo y un desarrollo que la hacen muy poco entendible si no viste la serie original. La animación y la música dan una impresión de falta de inversión que, a un producto que podría haber sido un potencial éxito, lo condena a la cancelación después de un par de temporadas.

Es una verdadera lástima, ya que el desarrollo de la historia de Ikki en el último episodio de esta temporada parece remontar un poco, pero una verdadera mejora va a requerir un vuelco en la toma de muchas de sus decisiones que parece difícil que se vaya a dar.

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