El Rey León: igual pero el sombrero es nuevo.  

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El rey león es una película musical de animación por computadora​ producida por Walt Disney Pictures, dirigida por Jon Favreau y escrita por Jeff Nathanson. Se trata de una nueva versión de la película homónima de animación tradicional del año 1994 y contiene los mismos elementos de la obra Hamlet de William Shakespeare.

Perdón, salí del cine y una fuerza invisible me cebó con el copy paste de Wikipedia. ¿Se puede considerar “nueva versión” o remake algo tan fiel a lo original? Los productos de Disney re-versionados siempre tendrán detractores, desde los que se quejan por los cambios hasta los que se quejan por no cambiar. Y quizás guiados por esta dicotomía, sin querer ir a los extremos blancos y negros, director y guionista prefirieron ir por los grises: no alterar demasiado el material de la original, mantener el espíritu shakesperiano, actualizar diálogos y meterle todas las fichas a lo tecnológico. Movida astuta…y tibia.

Desde antes de ir a ver la película y sabiendo que iba a escribir la reseña, me fui diciendo a mí mismo: “no escribas sobre las diferencias con la versión animada”, pero al ser tan fiel a la de 1994 es como que me obligaron.

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Casi todxs saben de qué va El Rey León. Cuenta la historia de Simba que tras la muerte de su padre Mufasa a manos garras de su tío Scar, este lo come con la culpa y joven león escapa del reino para siempre. En el exilio, con nuevos amigos y las enseñanzas de su padre, pronto volverá para enfrentar a Scar y recuperar su reino. Traición, venganza, desarraigo y corrupción moral son los temas más fuertes de esta adaptación libre de Hamlet.

La construcción de los personajes se mantiene fiel en la mayoría. Y en cuanto a las actuaciones muchas las encuentro rayando el aprobado, pero sin destacarse particularmente. Obvio, que James Earl Jones haciendo la voz de Mufasa te pone los pelos de punta y te humedece los ojos retrotrayéndote 25 años atrás cuando la viste en el cine (el único que estuvo en la de 1994), en especial cuando explica cómo funciona el ciclo de la vida. Mufasa como brújula moral de la historia está intacto.

Los nuevos Timon y Pumbaa en las voces de Billy Eichner y Seth Rogen son otro punto alto, a partir de la frescura de los diálogos, muchos improvisados, que nos dan nuevos momentos de la suricata y el jabalí. También, Beyoncé haciendo de Nala adulta hizo una buena performance, sorprendiendo incluso. Me gustaría decir lo mismo de Donald Glover haciendo de Simba adulto, pero le faltó algo en la voz que transmitiera emoción quedando relegado por el carisma que JD McCrary puso en la del Simba pequeño. Comparado con Matthew Broderick (Simba en 1994) se lo nota más frío, pero es algo que ocurre con otros personajes: por ejemplo, el tucán Zazu (John Oliver) en la versión actual pierde color con respecto al Zazu del Mr. Bean Rowan Atkinson. Otro personaje que cambia algunos aspectos es Rafiki (John Kani), ya no es el mandril sabio y loco que conocíamos. Es sabio pero hecho con más solemnidad, con una mayor representatividad geográfica, haciendo que la mayoría de sus palabras sean en dialecto africano. Ya no es tan loco, pero perdió la sabiduría que dejaba en sus diálogos, siendo las frases de Mufasa y Rafiki las más recordadas de hace 25 años.

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Y quizás la pérdida más grande se note en Scar, quien en la película animada tuvo una interpretación genial con la voz de Jeremy Irons. Si bien ahora, doblado por Chiwetel Ejiofor ganó en oscuridad, sumado al aspecto que se le dio a esa melena que pierde color y volumen, este nuevo Scar perdió su ironía, herramienta fundamental que lo convirtió en uno de los antagonistas más recordados de Disney.

Quiero volver al guion, para no ser demasiado injusto y sólo decir que hicieron copy paste. Hubo cambios que sumaron a la trama y al universo de esta narración. Dieron más relevancia al hogar de Timon y Pumbaa, vemos más vida e interacción con otros animales que da un color nuevo a ese espacio. De hecho, tranquilamente se podría hacer un spin off en esa locación y con esos personajes.

También a Nala la reescribieron para que no sea el personaje chato de los 90. Con el mundo que grita igualdad de género, ahora tenemos una Nala más rebelde y combativa. Una leona que intenta organizar a las leonas para que se rebelen contra el tirano y sus soldadxs hienas. En esta reescritura se le dio más minutos para ver qué pasaba con las leonas en ese reino. Ojo, es Disney, así que la rebeldía y combatividad de Nala es hasta ahí no más, necesita a Simba.

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La banda sonora sigue siendo lo mejor de esta obra, repitiendo autor: Hans Zimmer. Uno de los mejores compositores del cine se luce mejorando la canción durante la estampida, imprimiéndole más dramatismo. Con respecto a su trabajo en 1994, mantiene las dos canciones que son eje emocional: la que suena cuando algo tiene que ver con Mufasa, en los momentos entre padre e hijo, que va teniendo una progresión a lo largo del film. No suena igual al principio cuando enseña lecciones a Simba que cuando muere o aparece entre las nubes su fantasma. La otra gran canción es la que suena sólo con Simba, que también tiene una escalada a lo largo de la película. Al principio suena muy suave, con flautas y vientos dulces que marcan la fragilidad e inocencia de Simba, misma que la canción que suena cuando recupera el trono, con vientos majestuosos, marca toda la potencia que amerita el momento.

La canción El ciclo de la vida al principio y al final, con esas escenas de la celebración de un nuevo heredero al trono, nos marca el subtexto de la película, porque todxs necesitamos descubrir nuestro lugar en el ciclo de la vida, nuestra razón de ser. Simba encontró su lugar siendo el heredero de su padre. Como daba a entender Mufasa, la vida es circular, y ese círculo llevó a Favreau a 1994. Pero no consiguió la emoción y sensibilidad de la original hecha por Rob Minkoff y Rogers Allers. Tanto realismo hizo perder la humanidad de los personajes. Y como me dijo una amiga, puede ser porque con un dibujo animado empatizás más, pero no creo. Hay películas con animales reales que no gesticulan que son un golpe directo al corazón, como por ejemplo Chatrán (1986), de Masanori Hata, o El oso (1988), de Jean-Jacques Annaud, incluso el largo documental The Last Lions (2011), de Dereck Joubert, que genera una empatía con el carnívoro que te quiebra hacia el final.

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El mayor error (desde mi ignorancia y sabiendo que estoy aprendiendo) está en la dirección de la muerte de Mufasa. Esta escena es un mojón en cuanto a la emotividad del resto de la película. Se fue tanto por la grandiosidad de la estampida (se ve espectacular, sin dudas) que se perdió tocar las fibras del corazón con el cuerpo inerte de Mufasa. ¿La puesta y las tomas son similares? Sí, pero no el tiempo y la forma. En la original, Simba estiraba con los dientes a su padre, lo golpeaba con la pata para que despierte y luego, se acuesta entre sus brazos mientras la música envuelve el momento. En esta versión, Simba intenta menos despertar a Mufasa y se acuesta en sus abrazos hasta que aparece Scar. Son segundos de diferencia, pero segundos que construyen y refuerzan un sentimiento.

En fin, fui con la idea de que me iba a decepcionar, no lo hizo, pero tampoco me colmó. Visualmente espectacular, pero perdió el alma en parte. Cada unx tendrá que ver y sentir su experiencia, quise Lisa Corazón de León pero me dieron la Stacy Malibu… pero el sombrero es nuevo.

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