Rolling Thunder Revue: thought will fuck you up

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No es facil escribir sobre el músico que más quiero, sobre quien es y será mi favorito por sobre el resto. Aún así haré el intento:

La gira:

The Rolling Thunder Revue fue una gira de Dylan junto a una infinidad de artistas con consagración propia que se dio durante 1975 por diferentes pueblos pequeños de EEUU al mejor estilo de las revistas de mediados del siglo XIX en las que se combinaban música, baile, números de comedia, entre otros espectáculos. La mezcla era la regla y la gira eterna por pequeños teatros las a convertían en el espectáculo más popular del momento; refiriéndoma a popular con lo cercano al pueblo, a ese sector de la comunidad.

Al momento de la gira Dylan ya se había convertido y confirmado como estrella de rock, folk, blues y géneros propios. Después de ocho años fuera de los escenarios habiá vuelto a presentarse frente al público en 1974 en conciertos que habían colmado los grandes estadios. Un año más tarde, en un EEUU deshauciado con la política tras la guerra de Vietnam, habiendo reununciado Nixon como presidente y con el bicentenario cerca, Dylan se lanza a esta Rolling Thunder Revue con su banda, sumando esta vez a artistas, quizás por un solo show que estaba cerca de su ciudad o por el tour entero, mientras se presentaban en escenarios pequeños con un público casi íntimo.

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En suma, la revista incluía a quienes quisieran sumarse al momento: un poeta como Allen Ginsberg, el actor y dramaturgo Sam Shepard, la violinista Scarlet Rivera, cantantes del tamaño de Patti Smith, Muddy Waters, Rambling Jack Elliott y su eterna compañera Joan Baez.

Más que una gira se trató de un evento cultural que se dejó ser con toda espontaneidad, si bien claramente había alguien que dirigía la orquesta de la improvisación.

Maestro deceremonias:

El documental muestra cómo Dylan puso a disposición su figura, su estrellato y su personaje entero para que el resto pudiera exhibirse, girando a su alrededor ya que, obviamente, él siempre es el centro aunque finja correrse. Es que parte de su encanto es su mundo de contradicciones en las que pueden convivir la falsa timidez junto a su enorme ego; la protesta y la negación de la misma, la religión y el rock & roll, entre tantas otras dicotomías.

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Él puede permitirse eso porque todo el entorno se lo permite y se ha conformado así desde su inicio. No solo quienes se suben al escenario con él sino también quienes están abajo y lloran cuando termina su show o bromean con él pidiéndole que toque Just like a woman como si dijeran “dale, Bob, una que sepamos todxs”… sabiendo que se arriesgan a que no la vuelva a tocar en vivo jamás o que pueda tocarla pero nunca tal y como la escribió para evitar que podamos cantar junto a él como fans.

De todas las relaciones que aparecen quizás la de Baez y Dylan sea la más real, la innegable más allá de todas las contradicciones. Hay tanta belleza en sus encuentros que hace imposible ocultar el cariño real que se tenían. Ella es lo más genunio de Dylan y es la única que puede jugar a ser él solo para demostrar que era el centro de todo y que todo cambiaba cuando rondaba por ahí, aunque solo pidiera una taza de café.

En una de las entrevistas el músico explica por qué usaban máscaras o se pintaba la cara de blanco, diciendo que solo cuando una persona usa una máscara puede deicr la verdad y que la gira hubiera necesitado más máscaras. Lo más gracioso es que varias personas dicen que él es el más mentiroso de todxs. Es él quien juega con nuestras mentes. Se divierte y lo dejamos divertirse mientras nos admiramos y disfrutamos de su arte. ¿Hay necesidad de pedirle más? Si acaso es tan hermoso lo que hace…

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Magia y circo:

La gira de Rolling Thunder funcionaba a modo de circo, con un grupo casi familiar viajando de un lado a otro, en este caso, en un vehículo manejado por el propio maestro de ceremonias. La cuestión circular es bien captada por Scorsese quien basándose en las imágenes ya registradas en aquel momento por otros cineastas, pudo componer una obra en la que cada participante cuenta su parte, para volver siempre al centro de la carpa: Bob Dylan. Pocas veces a través de las entrevistas contemporáneas y siempre a través de sus canciones en vivo arriba de las tablas.

El documental está conformado por imágenes que filmó alguien más y que Scorsese logró unir con un estilo propio sin que se perdiera el sentido de semejante evento cultural. Hay declaraciones de quienes protagonizaron el momento y de quienes estaban flotando en ese entorno enrarecido del ’75 en EEUU donde casi todos los cimientos de su fundación estaban poniendose a prueba y el arte operaba como reflejo y repetidor del simbronazo.

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La mano del Director está presente y no se oculta. El inicio con un truco de magia de principios del Siglo XX (sea simulado u original poco importa) basado en la edición de las imágenes lo dice todo. El mago hace desaparecer y volver a traer a una mujer bajo una manta gracias a la “magia” de la edición del film y desde ahí se da inicio a este viaje acompañado por señalética de estilo circense nos prepara para lo que vamos a ver.

Al ir al circo nos entregamos por completo sabiendo que allí vamos a ver trucos, no magia. Que esta última no existe pero que pagamos una entrada para ver de qué manera una persona habilidosa nos puede acercar a algo que está unos centímetros por encima de la realidad. De paso también veremos personajes con disfraces, malabaristas, contorsionistas y otros talentos esperando en algún momento olvidar que estamos dentro de una carpa jugando a estar en un mundo de fantasía.

Dylan editado puede ser tantas cosas como querramos. Sus dichos y declaraciones dan para todo. Pero su música no miente y por eso Scorsese nos permite ver entrevistas que pueden confundir pero siempre vuelve al escenario, a él con su cara pintada, ese icónico sombrero con flores y sus letras.

Construcciones para fans

Si hay algo que nos deja Rollling Thunder Revue es que lo real es la construcción que cada quien pueda hacer sobre Dylan y eso es lo que él mismo permite al mostrarse tan ambiguo. Esa es su magia. Su falta de definición hace que tengamos que trabajar para definirlo o quedarnos con la incomodidad de no hacerlo.

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Quizás sea demasiado trabajo para pedirle a alguien que no es fan de Bob Dylan pero evidentemente hay una multitud rondando por ahí, de lo contrario, no existiría este documental que muestra solo un pequeño fragmento de su larga trayectoria.

Sea como sea, si elegimos quedarnos con su música y letras dejando de lado todo imaginario sobre su persona, podremos seguir emocionándonos con temas como Shelter from the Storm, Girl from the North Country o It ain’t me babe. Se lo dice él a Joan Baez cuando hablan sobre sus respectivos matrimonios, expresando que no hay que enrrollarse tanto con el pensamiento… el pensamiento te va a arruinar (“thought will fuck you up”). Mejor disfrutemos del espectáculo que ya es un montón.

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