Reseña: El emperador de París

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Eugène-François Vidocq fue un curioso personaje de la vida parisina de la primera mitad del siglo XIX. Inició su carrera como delincuente y hábil escapista de las temibles cárceles en las que fue alojado. Ante una nueva amenaza de ingresar a prisión cierra un trato con el jefe de la policía: a cambio de la amnistía pasa a colaborar con la policía. Comenzó así una larga trayectoria en el mundo policial. Influyó en la creación de la famosa Sûreté Nationale francesa e introdujo novedosos procedimientos en el campo de la investigación criminal. Su trato hacia los delincuentes no siempre guardó la debida corrección legal. Además creó su propia agencia de detectives. Todo un personaje de leyenda.

Se dice que Vidocq inspiró a Victor Hugo en Los miserables, así como a Honoré de Balzac y Edgar Allan Poe. Además, su vida fue llevada al cine numerosas veces, una de las más conocidas fue la interpretación de Gérard Depardieu en Vidocq, film dirigido por Pitof en 2001.

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El emperador de París (L’empereur de Paris) ubica el relato a principios del 1800, momento en que Napoleón Bonaparte acaba de coronarse emperador y Vidocq deja su actividad delictiva (por lo menos públicamente) y comienza a colaborar con la policía, ya a cargo del temible Joseph Fouché, un intrigante profesional que se amoldó a todos los gobiernos y las posiciones políticas y contribuyó a que tanto Luis XVI como Robespierre terminaran con sus cabezas bajo la guillotina.

La película compone una interesante recreación de época, con la semblanza de un París tumultuoso, cosmopolita, sobrepoblado; un ambiente gótico. Tanto en las locaciones como en el vestuario. Jean-François Richet, su director, opta por una iluminación que acentúa el clima de hacinamiento, la cámara, en constante movimiento, trabaja sobre todo con planos medios y de acercamiento. No están ausentes las tomas de panorámicas de los tejados de la antigua ciudad, de las cuales queda la duda acerca de si son drones o minuciosas maquetas muy bien diseñadas.

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La recreación de época resulta verosímil, pero no puede decirse lo mismo de la historia. Una exagerada utilización de la violencia y habilidades de superhéroe en la figura de Vidocq desdibujan el intento de un relato de recreación histórica para convertirlo en una película donde la violencia domina el centro de la escena, opacando la importancia de las intrigas y manejos políticos que se enuncian pero no se desarrollan.

La atención va decayendo a medida que el film va avanzando y concentra el hilo del relato en las acciones “justicieras” del protagonista.

La música incidental de Marco Beltrami acompaña la propuesta, tornándose efectista por momentos.

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Con las limitaciones de guion comentadas, son buenas las actuaciones de Vincent Cassel en el rol de François Vidocq, de Olga Kurylenko y de Freya Mavor en los roles de las dos mujeres que se encuentran cerca de Vidocq y de Fabrice Luchini en el rol del tenebroso Fouché.

En síntesis, una película que no termina de decidir hacia dónde apunta, si al drama de época, al thriller o un film de aventuras.