Reseña: Shazam

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La nueva apuesta de DC finalmente renovó las esperanzas perdidas de todos los fans cansados de los intentos fallidos de las películas anteriores.

Un problema común de esta época del capitalismo es que lamentablemente muchas obras de arte del cine pasan a ser productos. A la larga, las grandes empresas necesitan que algo sea taquillero para generar una reacción. Por eso, hoy por hoy, los autores que son capaces de encontrarle la vuelta de tuerca al producto para convertirlo en una excelente obra y al mismo tiempo dejar a la mayor parte del público conforme tienen la mitad de la batalla ganada… y muchos corazones conquistados. Si bien Aquaman ya fue la punta de lanza para empezar con otra forma de encarar la perspectiva, esto es justamente lo que pasa con Shazam. Tiene el sello del DC actual que pretende destacar por su adultez y que, por fin, dejó de intentar imitar la fórmula de MCU.

Ahora, en la tarea titánica de tener que adaptar principalmente para adultos un cómic donde el personaje principal es un niño en el cuerpo de un hombre, me habría parecido la forma más original de arrancar la labor de diferenciarse con el pie izquierdo; pero la verdad es que me ha cerrado la boca. Shazam tiene todo lo que necesita una película para cubrir la cuota de original, divertida, inocente, adulta, dramática y cómica. Y además, ahora tengo ganas de que DC me traiga más disfrute de donde vino eso.

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En el caso de Shazam, hubo muchas cosas que me gustaron un montón, pero mi favorita fue la forma en la que abordaron un tema que cruza a chicos y grandes en un sólo conflicto: la crianza. Esta es una historia que transmite la importancia de la relación entre los niños y los adultos como referentes, así como el desarrollo de una infancia rodeada de afecto o de ausencias. Por eso, aunque en cierto sentido con una estructura bastante clásica, Shazam no falla. Él y su antagonista son niños que sufrieron abandono o maltrato familiar, no eran hijos deseados y por esto sus corazones se llenan de resentimiento. Sin embargo, la historia marca sus caminos a la distancia y cómo se van alejando. Billy es un niño que se comporta de manera egoísta y rebelde, pero tiene la suerte de toparse en su camino con la familia Vasquez, que de a poco irá ablandando su corazón, conteniéndolo incluso pese a los conflictos que les genere. Es esta familia la que, a la larga, terminará hallando al verdadero Billy, quien está comprometido con su labor como héroe y quiere hacer algo más que simplemente firmar autógrafos y verse genial. El doctor Sivana, por su parte, tendrá a su disposición a su padre y a su hermano, pero a la distancia. Sumido en el aislamiento y la tristeza, no hallará más salida que dejarse llevar por el poder, su único aliado frente a la desazón, liberando a los Siete Pecados Capitales y no por nada dirigiéndose a atacar a su familia antes que a nadie más.

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El resto de la película será el clásico camino del héroe que se construye con unos ligeros ajustes fundamentados bajo el denominador de familia; pero esto no hace que la película empeore sino que, por el contrario, cobre otro significado.

Mi única crítica a la película es que quizá la construcción de personaje ocupa demasiado tiempo en comparación con el nudo y el desenlace, lo que hace que la primera hora de la película parezca una eterna seguidilla de gags explicativos sobre los poderes nuevos de Billy y su consecuente relación con la fama. Quizá estos ajustes se puedan ver mejorados en una futura entrega de la película, donde ya interiorizados en los personajes, podamos disfrutar de conflictos más elaborados pero siempre bajo el desafío de la vida de un niño que se convierte en adulto. Lo demás que les pueda decir ya es spoiler.

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