Period: Se va a caer

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Sabido es que el sistema patriarcal afecta tanto a las mujeres como a los hombres, sesga nuestras miradas sociales, modifica nuestras vidas personales. En solo 26 minutos, Period, el documental de Netflix ganador del Oscar, lo demuestra con un hecho contundente.

Rayka Zehtabchi (directora) y Melissa Berton (productora) nos cuentan cómo en Hapur, a solo 60 kilómetros de Nueva Delhi, la menstruación es un tabú, por lo incomprensible. Tanto hombres como mujeres piensan que es una enfermedad, no la vinculan ni con el ciclo reproductivo ni, ni siquiera, con un evento natural. En un momento del documental, un hombre dice algo así como que a “cualquiera le puede pasar”. O sea, ni siquiera parece ser algo exclusivamente femenino, aunque sí se sabe que afecta a la mayoría de las mujeres de cierta edad. Mujeres que deben dejar estudios, que no pueden trabajar y que cada 28 días deben recluirse para sangrar, lejos de la mirada que ve la menstruación como algo sucio, impuro y reprimible.

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Es que las toallitas femeninas son un producto solo accesible para cierta clase económica, son muy caras, así que la mayoría de las mujeres usan telas de descarte para sostener el sangrado. Pero se manchan, se sienten incómodas, y termina siendo una situación que afecta a todos, porque se ve. Impide, entonces, la menstruación a estas mujeres continuar con sus vidas, y resulta algo como un castigo comenzar a menstruar, implica nada menos que el exilio social.

Pero todo cambia en esta comunidad cuando un hombre crea una máquina para fabricar toallas a bajo costo, gracias a las donaciones de una campaña global, organizada por estudiantes de Oakwood School, en Los Ángeles. Algunas mujeres del pueblo aprenden a usarla y comienzan con una producción a mediana escala. El empoderamiento es doble: estas mujeres podrán continuar con sus vidas aun menstruando y la mayoría trabajará por primera vez en su vida. Mujeres jóvenes, casi niñas, otras mayores, casi ancianas, comenzarán a juntarse para con sus propias manos forjar un futuro mejor.

El subtítulo que nombra al documental, end of sentence, funciona a varios niveles. Es el punto final a la estigmatización del ciclo menstrual, es el punto y aparte a una de las formas de opresión femenina. Estas mujeres ponen fin al discurso de la menstruación como enfermedad, y por lo tanto, al de las mujeres como seres fallidos, débiles, enfermos. Dueñas de los medios de producción, ellas no solo fabrican las toallas sino que salen a venderlas, puerta a puerta, dialogando con otras mujeres, explicándoles, animándolas, pura sororidad.

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Lo mejor del documental es la concentración de tanto en tan poco, con un ritmo rápido, que integra voces disímiles, sin un narrador que organice. Son las y los (porque los hombres también ganan con estas mujeres fortalecidas) protagonistas que cuentan una historia bisagra, un antes y después esencial, una piedra menos en el muro del patriarcado.

The Pad Proyect” (la campaña) sigue vigente y todos podemos colaborar para que más máquinas como esta sean construidas y lleguen a comunidades como la de Hapur. Porque el documental cuenta una historia particular que es parte del cuadro general; con poco se nos muestra lo evidente: esto está sucediendo en todo el mundo, Hapur es uno entre tantos lugares donde el patriarcado ha hecho de las suyas, en este caso, subvertir el gran poder de dar vida en una condición de inferioridad.

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