Reseña: Border  

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Tina (Eva Melander) pisa la tierra mojada y el musgo que se posa sobre las raíces de los árboles. Recoge un insecto con su mano y lo coloca sobre una hoja, devolviéndolo a su hábitat. Camina por el bosque y respira hondo, como si lo hiciera después de haber estado encerrada por mucho tiempo. Se desnuda y nada en una laguna a pesar del frío y la llovizna. Es un elemento más en la naturaleza y los animales se le arriman de manera orgánica, sin que ningunx se sorprenda.

Esta es Tina en la soledad de lo salvaje. Al acercarse a la civilización, todo cambia. Sus gestos, su postura y su comodidad. Viste un uniforme abrochado hasta el cuello, casi no habla y se pasa el día tiesa en el pasillo de la aduana.

9b3b19cb-b891-47f6-a9a8-4c22e204ed4d-Vore_Eero_Milonoff_and_Tina_Eva_Melander_in_BORDER._Courtesy_of_NEON.

Una extraña habilidad o don le permite a Tina destacarse como empleada en el paso de frontera, ya que, con tan solo olfatear a la distancia a las personas que pasan, puede detectar si están transportando sustancias ilegales, así como otras situaciones por las cuales podrían ser detenidas. Ella no solo huele el alcohol o la cocaína, sino también la vergüenza o la ira.

La imagen tosca y adusta de esta mujer se contrapone a una sensibilidad extrema que al principio solo se traduce a través de este sentido hiperdesarrollado, el cual, sin embargo, no le impide salir lastimada a raíz de ciertos vínculos con otras personas ya sean familiares u otras que ha elegido en una libertad relativa.

El aspecto extraño de Tina la coloca en un lugar de vulnerabilidad a la hora de relacionarse. La sensación de ser distinta es confirmada por la mirada de quienes se cruzan con ella de manera efímera en el trabajo. Si bien ha logrado construir amistades, su relación de pareja y convivencia no está fundada en un afecto clásico sino que parece más una elección pragmática por parte de ambxs, aunque ella sea quien cargue con todo el esfuerzo por mantener el hogar. Por su parte, la relación con su padre (Sten Ljunggren) es de naturaleza compleja, más allá de la incipiente demencia senil. El afecto está presente, pero también lo está la falta de información necesaria para que ella pueda conocerse y sentirse completa.

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Al parecer, Tina solo encuentra reposo en ese bosque húmedo, donde abunda el verde, el agua y la fauna en sus diversas formas, lo cual nos remite a una fábula o cuento de hadas. Tina lo hace explícito tras encontrarse con Vore (Eero Milonoff), un ser tan extraño y parecido a ella a la vez.

Aquel encuentro será un punto de inflexión en su vida y en la película. Si la historia había comenzado como una suerte de melodrama, aquí se abrirá a elementos fantásticos, sin dejar de lado la trama policial que también se había introducido en el primer tercio de la historia, gracias al trabajo de sabueso de Tina.

Las fronteras son la parte clave del relato. Por momentos operan para exponer el límite entre lo legal e ilegal, pero también para dar cuenta de la fina línea que separa lo humano de lo no-humano, lo real de lo irreal, lo afectivo de lo conveniente, lo ideal de lo posible y lo correcto de lo deseado.

El borde es tan fino como el filo de una navaja y Tina lo recorre a pesar de las heridas que le genera. Se atreve, lo traspasa y vuelve. A su alrededor, habrá quienes se manejen dentro de la zona de lo que les resulta cómodo o provechoso, mientras que otxs se mantendrán en la zona “perturbada”, esa zona provocadora que causa incomodidad del otro lado.

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Tina está en el borde, en la frontera y la traspasa a costa suya solamente.

El director Ali Abbasi nos lleva por este recorrido que parte del drama para pasar al thriller y lo fantástico, sin dejar ninguno de los géneros a medias, de una manera magistral, casi sin darnos cuenta.

La trama también juega con el interior y el exterior. Adentro Tina está oprimida y afuera se libera. Su exterior es duro y genera rechazo entre el común de la gente; mientras que en su interior tiene una calidez que solo quienes estén más cerca de la naturaleza podrán sentirla. Ella es callada por fuera pero guarda un grito ahogado dentro de sí.

Los contrapuntos en Border son constantes pero, a nivel de los personajes, no hay nada dicotómico. Cada personaje está implicadx en los diversos mundos que lxs rodean, con todas sus contradicciones. Algunxs se zambullen en ellas, mientras que otrxs las eluden pero allí están, para ponernos en jaque, para incomodar y obligarnos a tomar acción. Tal como el rostro de Tina… podemos pasar de costado, mirándola por el rabillo del ojo, sintiendo su presencia “monstruosa” pero sin enfrentarla, podemos fijar la mirada de manera hipnotizante o podemos eludirla, cambiando el rumbo de nuestra caminata. De una forma u otra, estaremos optando y actuando.

Algo similar sucede con Tina frente a la monstruosidad de este mundo y de todos los mundos que, aparentemente, conviven en el planeta. La genialidad de la película está en acompañar a esta extraña protagonista en la búsqueda de su mejor opción frente a lo que se le presenta.

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