Reseña: Hi Score Girl

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Uno de mis gustos más culposos son los animes de comedia romántica. Los japoneses tienen una cierta habilidad para construir historias de amor verdaderamente tiernas. Tal vez no muy identificables porque nuestras culturas son bastante diferentes con respecto a las relaciones amorosas. Mientras que acá el contacto físico y la abierta demostración de sentimientos es algo común (e incluso se exagera), los japoneses son todo lo contrario, con momentos que para los no iniciados pueden parecer confusos. A la vez, esta ausencia notable de demostraciones es la que termina haciendo más valiosas las que sí se visibilizan.

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Y en Hi Score Girl son mínimas. En 1991, nuestro protagonista Haruo Yaguchi se encuentra donde mejor se siente. La sala de fichines de su barrio. Acaba de salir el Street Fighter II y con su habilidad prodigiosa, una fila de contrincantes espera su turno. Ninguno parece lograrlo hasta que en la pantalla de selección de personajes eligen al inusual ruso estalinista amado por el pueblo: el enorme Zangief. Haruo pronostica una pelea fácil al mando de Guile, su cerdo imperialista preferido. Sin embargo, es derrotado duramente. Y luego otra vez. Y una vez más. Y así. Hasta que por fin le gana una pelea a su misterioso contrincante que enojada sale de detrás de su máquina y se revela; su bella, inteligente, millonaria y totalmente silenciosa (no dice una palabra en toda la serie) compañera de curso Akira Oono. La sorpresa de Haruo es mayúscula. Él es tonto, feo como una blasfemia y totalmente sin futuro. Lo único que tiene son los videojuegos.

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Es así que ambos comienzan una relación con Street Fighter –cuyas secuelas de alguna manera temporizan la trama– y los dos millones de videojuegos de los cuales Haruo es fanático (y campeón). En otro desfasaje cultural que nos desorienta, de una chica como Oono se espera mucho en la sociedad japonesa y es por eso que su fanatismo por los videojuegos es algo secreto. De este modo, debe transitar su hobby mediante Haruo que la lleva a conocer lugares y la invita a jugar videojuegos a su casa donde es común que se aparezca su madre de forma entrometida en varios de los momentos más graciosos de una serie que tiene miles.

Por supuesto que aparece otra chica para formar esos triángulos amorosos que son tan entretenidos en esta clase de series y que lo son aún más por el estado de ignorancia supina del protagonista.

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Hi Score Girl posee numerosas cualidades muy caras a este género en particular. Algunas ya nombradas. Una de las que no tiene mucho que ver con lo bien que evoca una época particular, muy génesis de los videojuegos y la notable representación de Haruo como gamer, cosa no menor y que mucho debe tener que ver el autor del manga Rensuke Oshikiri, al cual imagino totalmente en los pies de Haruo en su infancia, es que la serie está plagada de momentos extraídos directamente de los juegos con un nivel de detalle asombroso.

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Retomo con las dos cualidades anteriores detalladas. El año 1991 debe tener dos connotaciones muy importantes. La primera tiene que ver seguramente con lo ya dicho, la edad del autor y el momento en el cual los videojuegos hicieron mella en su vida. La segunda, por lo importante que fue el inicio de los 90 para este hobby. La guerra de consolas entre Super Nintendo y Sega (Haruo en un toque brillante es usuario de PC Engine o Turbografx). La ola innumerable de grandes títulos que en Japón empezaban a salir, con el Street Fighter ya nombrado pero también los Final Fight, Splatterhouse, Final Fantasy, Mortal Kombat, Darkstalkers, Samurai Shodown y millones más. La novedad de las consolas portátiles y las revistas de información sin internet del cual valerse y salir corriendo detrás de la novedad. Se me ocurren pocas situaciones históricas para situar la serie y ninguna objetivamente mejor que la elegida.

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La otra cualidad señalada tiene que ver con Haruo. Pocas veces (o ninguna), un gamer fue representado con tanta fidelidad. Suelen mostrarnos (sí, yo soy gamer en algún nivel) y describirnos como unos paquebotes desprovistos de alguna noción de realidad y en general como el comic relief. Y tampoco hemos tenido una sana representación. Personajes aislados, aquí y allá. Pocas veces el protagonista excluyente. Haruo ama los videojuegos y sabiéndose bastante inútil ve en ellos una posible forma de ganarse la vida de manera no muy distinta a los miles de youtubers con tres suscriptores que pretenden monetizarse con videos de 15 minutos de ellos mismos jugando al Fortnite / Apex / o League of Legends. Haruo de alguna manera fue Daigo Umehara (¿no saben quién es? Busquen Daigo Umehara comebacks en YouTube y prepárense para emocionarse como no pensaban que se podía) antes de ser Daigo. Todo gamer que se precie quiere serlo, así como cualquiera que pasa veinte horas diarias pateando en un potrero se ve saliendo por la manga del estadio de su club. Y nunca fue representado de forma tan real, porque sacando ese fanatismo, Haruo es normal. Mucho más que Akira, dicho sea de paso.

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Por todo esto, y por todo lo graciosa y tierna que es, los doce capítulos (más tres OVAS que salen YA) de Hi Score Girl son de lo mejor que vi en materia de anime en mucho tiempo. Y se ven en un ratito.

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