Game of Thrones S08E03: The Long Night

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Lleno de Spoilers

Nota: el nombre en la imagen destacada “The Battle of Winterfell” fue cambiado por el nombre oficial en el título: The Long Night. Toda la temporada está plagada de cambios en los nombres y de duraciones en los capítulos.

Se veía venir, y sin embargo es sorprendente. Tanto el capítulo en sí, como lo que significa para el arco narrativo. La serie empieza y se mantiene en sus trece: desde el Norte, más allá del muro, algo amenaza con hacer desaparecer a los Siete Reinos. Ver cómo, magistralmente, esa amenaza se resuelve, a 3 capítulos del final, es shockeante. Y correcto. Ahora sí que puede pasar cualquier cosa.

La sensación que causó “The Battle of Winterfell” es muy particular. Los niveles de angustia que manejamos como espectadores estaban al borde de lo soportable. En el capítulo anterior se velaban las armas. Se esperaba la arremetida. Cuando finalmente llegó, no decepcionó.

Todo el mundo lo habla, y voy a dar cuenta aquí, de la oscuridad del capítulo. La transmisión de HBO, la codificación que se usa, no es lo más apropiado para ese nivel de negros. Los distribuidores de cable comprimen la señal al máximo. Por eso no se ve nada y está todo lleno de “artifacts” (cubos negros y grises) en la oscuridad. Voy a dar una concesión y a dar una explicación. La concesión es: sí, en ciertos momentos se vio poco. Y esa decisión estética se vio perjudicada por la transmisión. Cuando salga el blu-ray se va a ver mucho mejor. Los ripeos que se están bajando hoy, se verán incluso peor que la transmisión (salvo alguna excepción). Es probable que lo que se suba a los streaming oficiales se vea mejor. Eso es técnico, en cuanto a estética, es lo contrario. Es una de las decisiones más valientes que he visto.

El relato, tanto en las series como en las novelas, utiliza la focalización primaria (múltiple o variable). El punto de vista de cada protagonista, que se da de manera sucesiva o simultánea. Se han repetido, hasta el hartazgo frases como “La noche es larga y llena de horrores”, “El invierno se acerca”. Tenemos todo un grupo de gente que se hace llamar “La guardia de la noche”. Es absolutamente razonable que, parados como los soldados en la batalla, no veamos nada. No hay claro de luna en estas noches. Solo la oscuridad que todo lo engulle. Y la marea de muertos es la mejor metáfora de esta oscuridad. Y contra ellos, el fuego. La confusión visual es deliberada. Es por eso que todo es tan desesperante.

La llegada de Melisandre, la bruja, y todo lo que hace en este capítulo, tiene épica. Es uno de los personajes que maneja magia en esta historia. Y en la fantasía, lo hemos hablado, la magia tiene un coste.

En un capítulo cargado de momentos memorables, el encendido de los arakhs de los Dothraki, y su carga cual Rohirrims, causa euforia. Ser Jorah, acompañado por Ghost, lidera la carga. Gran momento se da también cuando todas las armas se apagan allá lejos en la línea de horizonte. Un final terrible para esta tribu de forajidos, que vienen prometiendo traer la furia a caballo, a través del Mar Angosto, desde hace años. No les va mejor a los Inmaculados. Soportan con disciplina la carga de los muertos, dando tiempo para que los dragones lancen napalm sobre el Ejercito de la Noche.

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Melisandre, una de las grandes protagonistas, entra a Winterfell. Saluda a Gusano Gris. Valar Morghulis. Gusano Gris responde como debe: Todo hombre debe servir. Y aquí a miles de kilómetros de su casa, encuentra su servicio, como lo hicieron todos en esta historia. Ser Davos, asustado y enfurecido, pero pragmático, no la ejecuta, como había jurado. La bruja roja le asegura que al amanecer estará muerta. Davos no debe decir una palabra para hacernos sentir lo que piensa: todos vamos a estar muertos. Al final del camino Melisandre despliega su poder. Enciende las espadas, enciende las trincheras, y da a los personajes el reaseguro de su destino. Y después ¿qué importa del después? No queda nada. Es elegante que la sacerdotisa del fuego, luego de dar todo, se convierta en cenizas.

Hacer un recuento de todos los momentos de la batalla es fútil. Esta vez hay una clara decisión de dirección de sumir al espectador en el desasosiego absoluto. El punto de derrota inminente es tan alto, que casi nadie veía luz al final del camino.

Bran se refugia justo al árbol corazón, custodiado por Theon y los nacidos del hierro (más lindo en inglés “The Ironborn”). Mientras tanto, las columnas de Brienne y Jaime, de Beric, Tormund, el Perro, Ser Jorah y Sam, y de los Inmaculados que quedan, retroceden al interior del castillo. Sansa, Varys, Tyrion y Gilly, junto a los viejos y los niños, van a las criptas de Winterfell, a tratar de mantenerse con vida, entre los muertos. Sansa y Tyrion encuentran la reconciliación aquí, frente a la muerte inminente. Y es aquí también que se traza el piso: solo los separa la lealtad a Daenerys.

Afuera, el bueno de Ed el Penas muere. La Guardia de la Noche se queda sin Lord Comandante. La pequeña Mormont resiste en la puerta. Antes de morir, logra cargarse a un gigante. Su final es esencial para el futuro: el trono de hierro. Ella jamás iba a hincar la rodilla. Representa, de alguna manera, el fin de los Señores del Norte. Solo queda Sansa.

Jon y Daenerys entablan el duelo aéreo con el Rey de la Noche. Montan a Rhaegal y a Drogon respectivamente La secuencia es confusa. Pasa de todo. La resolución es que tanto Jon como el Rey de la Noche son derribados de sus respectivos dragones. Con Daenerys aún en vuelo, Drogon recibe la orden: DRACARYS.

Ya nos lo había anticipado la Wikipedia de Westeros, es decir Bran: nunca se usaron dragones contra los White Walkers. Acá les dejamos a los Maestres de Antigua un dato para el futuro: contra el Rey de la Noche, no sirven para nada.

Jon, una vez más, intenta un ataque cuerpo a cuerpo. Solo logra que el Rey de la Noche levante a todos los muertos de la batalla, y sume a los de la cripta. Capaz es hora de preguntarse si meter a todos los que no pueden defenderse en tu cementerio privado, fue una buena idea. Plantado y recuperación: se viene hablando de las criptas desde hace capítulos. Y nada que se reitere tanto es al divino botón.

Jon es salvado por Daenerys, en el último instante. ¿Pero quién va a salvar a Daenerys?. Por supuesto, Ser Jorah. Siempre pensé que el destino de Ser Jorah era custodiar el muro. La realidad es que su camino estaba cumplido. Sus pecados como esclavista fueron purgados liberando esclavos junto a la Reina Dragón. Conspiró contra Daenerys, y la salvo en varias ocasiones. Como un verdadero Lord Comandante de la Guardia Real, terminó su vida protegiéndola.

Arya demuestra sus habilidades de combate, mientras que el Perro tiene un ataque de pánico debido al fuego. En una extraña secuencia, propia de The Walking Dead, se muestra a Arya en la Biblioteca de Winterfell. Todos sus entrenamientos se hacen presentes en este capítulo. Es una bailarina en el agua. Y es invisible. Y es nadie.

Arya logra escapar, por poco, de los caminantes. Cuando estaba por ser atrapada, es salvada por Ser Beric Dondarrion, quien no sabía porque había sido revivido tantas veces por el Señor del Fuego. Tal como se plantó hasta el hartazgo: “todo lo que hiciste te trajo hasta aquí” , le dice Bran a Theon. Y es verdad para Ser Beric y todos los demás. Dondarrion vivió para tirar ese espadazo flameando y salvar a Arya. Es apuñalado con los brazos abiertos, como crucificado. Una imagen icónica.

“¿Qué le decimos al Dios de la Muerte?” pregunta Melisandre a Arya. Y la catarata de recuerdos empieza a fluir. Todo lo que hizo Arya la llevó hasta ahí: Syrio Forel. Y Jaqen. Y el Perro. Y entrenar con Brienne. Y ser ciega. Y esa escena, hace años, cuando Melisandre se llevaba raptado a Gendry para usar su sangre en sacrificio ritual, y una Arya, todavía pequeña, la enfrenta, y Melisandre puede leer que ella es la cara de El Desconocido, y ve ojos marrones, verdes y azules que se cerrarán para siempre. Ve la muerte personificada, justo en ese momento: ¿quién sino la muerte podría matar a un Dios?

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Junto al árbol corazón, solo Theon queda defendiendo a Bran. El Rey de la Noche y sus generales se hacen presentes. En su primer gesto humano desde que es el Cuervo de Tres Ojos, Bran perdona a Theon. Le dice “Gracias, eres un buen hombre”. Theon entiende que es su marca para la carga final.

Aquí en el Árbol Corazón, junto a los Dioses de los Niños del Bosque, espera el gran mago de esta creencia a su enemigo mortal, custodiado por un seguidor del Dios Ahogado: lo que está muerto no puede morir. Justo cuando la mano del Rey de la Noche se apresta a dar muerte a Bran y con él a la memoria del mundo, El Desconocido, una representante de la Fe de los Siete, que ha sido salvada por un hombre revivido por la Fé de R´hollor, el Señor de la Luz, asesta el golpe con un puñal de acero valyrio –hasta ahora sin nombre, otro desconocido- que se convierte en Portadora de Luz, arma legendaria. Todas las religiones eclosionan en un solo punto cuando Arya Stark, Azor Ahai revivida, mata al Rey de la Noche. Las religiones del pasado. Las del presente. Las del futuro.

“Llegará un día, tras un largo verano, un día en que las estrellas sangrarán y el aliento gélido de la oscuridad descenderá sobre el mundo. En esa hora espantosa, un guerrero sacará del fuego una espada llameante. Y esa espada será Portadora de Luz, la Espada Roja de los Héroes, y el que la esgrima será Azor Ahai renacido, y la oscuridad huirá a su paso.”

Arya es Azor Ahai. Y es el Desconocido. Y es Nadie. Y su arma era la única sin nombre en un mundo donde las armas de acero valyrio tienen nombre. Y su viaje hacia ella es largo. Fue el arma que se uso para intentar matar a Bran. Se acusó de ser propiedad de Tyrion. Fue propiedad de Meñique. Se la pusieron al cuello a Ned. Retornó al Norte, y pasó a poder de Bran, quien se la legó a Arya.

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Su movimiento para terminar con el Rey de la Noche había sido plantado en su entrenamiento con Syrio Forel. Ese entrenamiento se replica años después con Brienne. “Dijiste derecha” reprocha una pequeña Arya a Syrio “Pero fuiste a la izquierda”. “Y ahora estás muerta” responde Syrio.

Tal vez, solo podemos adivinar, esa es la clave que le da Melisandre a Arya. “¿Qué le decimos a la muerte?”. Y ella recuerda.

El sentido del relato después de esta batalla es incierto. Fue un momento épico de la fantasía épica. Pero, siempre hay un pero, “Canción de Hielo y Fuego” es mucho más que eso. Nunca fue una historia como otras. Sus largos pasajes de intriga política y de guerra fría y despiadada por el Trono de Hierro fueron siempre su corazón. Solo Jon Snow estaba consciente que eso era secundario, frente al Ejército de Muertos. Una vez que eso ha sido superado ¿cuál es su propósito? ¿ser el Rey? ¿servir a Daenerys?. Nada puede ser más relevante que lo que hizo. Toda lucha posterior parece mezquina. Es el tiempo de los ausentes en estos capítulos. Los intrigantes. Los inteligentes. Salimos de la era de los guerreros y héroes, y nos espera la lucha de Varys y de Tyrion contra lo que se venga. Tire y pegue: nadie es del todo digno al trono, salvo Jon. Pero ese sería un final felíz. Y… ya sabemos. No será el caso.

No tengo certezas, ni datos, pero si “Canción de Hielo y Fuego” es una historia que replica al pasado, y tenemos a Varys y Tyrion contra un ejército de mercenarios que protegen “Desembarco del Rey”, la clave se encuentre en los pormenores de la caída de Aerys, el rey Loco.

Pasará algún tiempo hasta que nos recuperemos de la Batalla de Winterfell. Gracias a los Siete, y a R´Hollor, y al Dios Ahogado y los Niños del Bosque por este viaje. Lo que venga, son bises.

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