Shoplifters: la familia no se elige, ¿o sí?

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Estamos ante la presencia de una de las candidatas a mejor película extranjera en los próximos Oscar, a disputarse este domingo. Luego de ganar más de veinte premios, incluyendo el Palma de Oro en Cannes, esta cinta de Hirokazu Koreeda viene a competirle a la gran favorita, Roma, y tiene con qué. Me parece bastante curioso como ambas tratan, en gran parte, del concepto de “familia”. En este caso, la historia se centra en un grupo de personas que conviven en una casa bajo la supervisión y cuidado de “La abuela” (interpretada de manera sublime por Kirin Kiki, siendo este el último papel de su carrera, dado su fallecimiento el septiembre pasado), una señora que, luego de enviudar, decidió ser la madre de esta familia ensamblada, acobijando a todos bajo su techo, donde los lazos generados no son tanto sanguíneos como de historias, con pasados solitarios relacionados con el abandono y la marginalidad.

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En este grupo variopinto se encuentran trabajadores de distintos rubros que, dada la situación económica que llevan y las cabezas que hay que alimentar, se ven en la obligación de complementar sus bajos ingresos mediante el robo a tiendas. Son, así como el título lo indica, “shoplifters” (lo que acá se conocería como “mecheros”, gente que roba principalmente alimentos o artículos pequeños, fiándose del descuido de quienes manejan los distintos negocios). La película comienza realmente cuando, luego de robar en una tienda, Osamu (el “padre de familia”) y “su hijo” Shota, se encuentran a la pequeña Yuri escondida detrás de un volquete de basura y deciden llevarla a esta casa comunitaria para que pase la noche allí. Al día siguiente, cuando tratan de llevarla con sus padres, descubren que estos están discutiendo fuertemente, lanzándose objetos y echándose la culpa por lo sucedido. En plena discusión escuchan que jamás quisieron tener a Yuri y que es una carga para ambos. Esto, sumado a las cicatrices en el cuerpo de la pequeña, genera que Osamu y su compañera Nobuyo tomen la decisión de integrarla a su peculiar familia, alejándola de sus padres abusivos. Luego de varios días, los padres hacen la denuncia en la policía y el caso cobra notoriedad, por lo que Yuri es buscada intensamente y su nueva familia decide bautizarla bajo el nombre de Lin.

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Este va a ser el puntapié del argumento y el marco en el cual se desarrolla esta historia, mientras que el hilo principal de la película girará en torno a las vivencias de los personajes y su interrelación dentro de este personaje colectivo que es esta familia. Entretanto Shota le enseña el oficio a su nueva hermana (relación por demás enternecedora) y los adultos tratan de sobreponerse a una realidad que se torna cada vez más adversa. Sin embargo, esta película es más que eso. Se permite explorar las dinámicas intrafamiliares de un modo muy humano y no se esconde detrás de una cortina de moralidad ni juzga a estos personajes, sino que trata de entender y desandar los porqués alrededor de la conformación de esta familia y su modo de vida. Para esto suele adoptar (de manera muy acertada, a mi entender) el punto de vista de Shota, la mirada crítica de un niño que en plena transición hacia la adolescencia comienza a comprender los sucesos de otra manera y empieza a cuestionar la realidad que conoce, y esta mirada se va complejizando a medida que este crece y su entorno va mutando también.

Es un film con mucho corazón, que trata con delicadeza y profundidad el día a día de los protagonistas y los límites que se cruzan constantemente, poniendo en juego conceptos como lealtad, normalidad y amor, manifestando que en la mayoría de los casos, este último se trata fundamentalmente sobre comprender y acompañar.

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