Reseña: Polar

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El dron de Netflix sobrevuela una suerte de bosque con montañas de fondo. Un sobreimpreso reza que estamos en alguna parte de Chile, donde en una mansión, un grupo de asesinos apenas abandonando la adolescencia acechan sigilosamente a un hombre que toma sol, y merca y champagne, acompañado de una señorita. El señor entrado en años es interpretado por Johnny Knoxville (¿?) que no llega ni a los créditos de presentación sin ser convertido en un blanco de polígono de tiro.

Así empieza este disparate que se llama Polar.

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Mads Mikkelsen es Duncan Vizla, o “el kaiser negro”, un asesino que pertenece solo por unas semanas más a la organización “Damocles”. De Vivian (la desaprovechada Katheryn Winnick de Vikingos) recibe su último encargo antes del retiro. Un mexicano que según Damocles ha estado asesinando a sus activos entre los que se encontraba Johnny Knoxville. El mismo se encuentra en Bielorrusia. Vizla duda sobre el encargo y antes de hacer nada revisa sus cuentas y finanzas y hace un retiro a su casa perdida en medio del frío Montana, donde conoce a su vecina Camille (Vanessa Hudgens).

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La trama rápidamente se convierte en la que hemos visto tantas veces que merece ser un subgénero en sí mismo. El asesino perseguido por su propia organización que nos otorga cuantiosas chances de ver a Mads en una máquina de achurar soldados sin rostro y adolescentes multiétnicos que podrían haber tenido alguna clase de desarrollo argumental.

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La película, basada en una webcomic (y luego cómic), acusa numerosos problemas de tono que son fáciles de asumir que tienen que ver con su director y crew europeos pero también en el hecho de que el cómic homenajea a cierto cine y refiere a algunos mangas. El pastiche de influencias sale mal parado porque Mads Mikkelsen, que es un gran actor, está interpretando Le Samouraï, el director (Jonas Akerlund) está haciendo una de Guy Ritchie, el montajista está haciendo una de Danny Boyle, y la fotografía, banda sonora y el resto de los actores no tienen la más puta idea de cuál es el tono general. ¿Es “funny”? ¿Es sombrío? ¿Es una de acción con subtexto? Imposible de determinar en el quilombo general. No ayuda que mientras Mads actúa con su sutileza habitual, los villanos están muy over-the-top, exagerando el rol (no digo que sea culpa de los actores).

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La película dura veinte minutos más de lo que debería, tiene una larga escena de gore de tortura que no debería estar, una escena de sexo de Duncan con una asesina que podría haberse evitado, y un plot twist que se sacan del culo y que debería haber tenido bastante más prolegómenos.

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Aun así logra entretener sin demasiada pretensión si están buscando una de acción a la “John Wick” o cualquiera de la saga Bourne. Mads Mikkelsen logra llevar adelante esto sin tanto esfuerzo (mental al menos), y redondeando una actuación digna aunque despareja con respecto al resto.

Conclusión

Si tienen un par de horas y quieren un divertimento banal, no pierden nada.

Para el debate posterior quedará por qué Netflix destina tantos fondos en producir garompas así cuando directores como Cuarón demostraron que pueden hacer cosas geniales con un presupuesto similar. Se entiende que no todas las películas pueden ser Roma o Mudbound o la próxima El irlandés. No se comprende justo lo contrario. Abundan las “Polar”, “The Kissing Booth” y decenas más que hemos reseñado (o hate reseñado) en esta misma web. Es difícil ganar apostando a los caballos. Pero la chance crece si apostás a caballos ganadores. Cuarón, Scorsese, los Coen son apuestas fuertes, necesarias y, muchas veces, ganadoras. Dejen de tirar flores a los chanchos.

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