Reseña: Lazzaro felice

imagen destacada (2)

Observar sin juzgar. Si uno se lo pregunta en los tiempos que corren es casi imposible. El ojo escrutador de la sociedad está para señalar, demonizar, criticar y juzgar (y después hacer algo igual o peor pero sin que mire esa misma sociedad). Observar sin juzgar solo pueden los animales… y Lazzaro.

Lazzaro felice (2018), ganadora a mejor guion en Cannes, es la última película de la italiana Alice Rohrwacher, directora de El país de las maravillas (2014) y Corpo celeste (2011).

Lazzaro parte de una historia basada en hechos reales en que una marquesa de Italia mantenía en el engaño y la ignorancia a campesinxs en un Estado semifeudal, aislados de la sociedad para poder explotarlos en la producción de tabaco. Digo parte, porque la mezcla de fantasía que introduce metáforas con Lázaro de Betania (el de “Lázaro, levántate y anda”), Tancredo de Galilea (caballero templario) y la historia de San Francisco de Asís y el lobo de Gubbio da los toques para hacer de esta algo original y conmovedor.

lazzaro-felice

La película puede dividirse en dos partes. La primera es cuando la historia transcurre dentro del pueblito, aislados de las ciudades por tres décadas tras el derrumbe de un puente y una oportunista marquesa.

En la primera parte vemos a Lazzaro, interpretado por Adriano Tardiolo, como miembro de la comunidad pero siempre alejado. Lxs campesinxs son explotados por la marquesa, sin embargo ellxs explotan al inocente Lazzaro. No quiero ahondar en la trama porque lo bello de este largometraje es el descubrimiento y la reflexión. Esta primera parte podríamos considerarla como una alegoría de las cavernas contra el capitalismo, donde el aullido de los lobos señala que el peligro se encuentra por fuera de la comunidad aunque no se vea.

La construcción de las puestas en escena es tremenda al mostrarnos a un Lazzaro aislado a pesar de vivir en comunidad. El modo de vida de estas personas aisladas del mundo que interpretan las luces de una antena de telefonía desde sus experiencias y mitos me hace recordar a Shunko, de Lautaro Murúa, en que los chicos explican desde sus tradiciones un eclipse lunar. También en esta primera parte hay un uso magistral de tomas aéreas y planos generales, dignos para dar como ejemplos en toda escuela de cine.

thumb_59339_media_image_1144x724

La segunda parte evoca más un tono religioso. En síntesis, pasa el tiempo para todos menos para Lazzaro. La comunidad campesina se muda hacia la ciudad, donde ya no hay una marquesa pero hay un sistema social que la margina, ignora y la vuelve invisible. Ahora los lobos son los bancos y el capitalismo. Pero Lazzaro sigue observando sin juzgar. Presencia un robo, pero no juzga. Su mirada inocente solo lo empuja a ayudar. Su mirada es pureza. Pureza e inocencia de la que se aprovechará la sociedad, la comunidad. Aunque podría decir que sí, Lazzaro roba, pero roba con su aire de santidad cuando en la iglesia le prohíben ingresar para escuchar la música, al irse su aura angelical atrae la música hacia fuera de la iglesia ante la incredulidad de curas y monjas. Lazzaro observa sin juzgar, su status santo se rompe cuando llora al apreciar la belleza de la naturaleza al salir de la iglesia. Unas lágrimas para interpretar y reflexionar: ¿llora por la belleza natural?, ¿llora por la sociedad corrompida?, ¿llora por la pérdida de la nobleza humana?

La película marca la explotación histórica de las clases pudientes contra las pobres, una oda a la amabilidad perdida por el ser humano, una reflexión religiosa (por algo el productor ejecutivo es el gran Martin Scorsese) y con uno de los mejores finales que vi en los últimos años. Sin duda, yo no soy Lazzaro, observo y juzgo: Lazzaro felice es la mejor película del 2018.

Anuncios