Sick Note, una licencia ordinaria

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Para los que éramos del team de Ron (Harry Potter) y amamos la trilogía de Pegg-Frost (Shaun of the Dead, Hot Fuzz, The World´s End) no podía menos que entusiasmarnos la serie de Sky One que está disponible en Netflix. Sick Note, con una primera temporada de 2017 y una segunda que se estrenó en julio del año pasado, tiene un primer capítulo desopilante y muy prometedor. Daniel Glass (Rupert Grint) es un joven que trabaja en una empresa de seguros y vive cómodamente en la casa de su novia, donde no lava ni un plato y se la pasa jugando en línea. El doctor Iain Glennis (Nick Frost) es un médico algo torpe, cuya esposa lo maltrata sistemáticamente. Las cosas no parecen salirles particularmente bien a los dos personajes hasta que se cruzan. Daniel recurre al consultorio del doctor Glennis para justificar una licencia por un dolor de codo inventado, pero recibe una terrible noticia: tiene cáncer.

El mundo de Daniel parece derrumbarse. Pero la novia que estaba por dejarlo y el jefe que estaba por echarlo cambian de opinión y comienzan a tratarlo muy bien. La vida gris parece tomar otro color cuando recibe de todo el mundo muestras de interés y de afecto. Pese al durísimo golpe, Daniel se siente afortunado, hay gente que lo ama y se quedará a su lado en este difícil momento. Hasta que… el doctor Glennis lo llama a su consultorio para decirle que cometió un error: ¡excelente noticia, Daniel no está enfermo! Pero necesitaría que no se lo dijera a nadie, porque su propia carrera podría terminar de desbarrancarse con tremendo error. Si Daniel dice la verdad, su vida volverá a ser bastante desastrosa también, así que pactan seguir con la mentira de la enfermedad por un tiempo, para seguir recibiendo los “beneficios”. Cuando el joven vuelve a su casa, le cuenta todo a su compañero de juego en línea –quien es un confidente por su anonimato y sabe todo sobre la vida de Daniel–, pero lamentablemente, su mejor amigo, Ash (Tolu Ogunmefun) lo escucha. ¿Cómo? Es que Ash es también el amante de Becca (Pippa Bennet-Warner), la novia de Daniel, y como este había llegado anticipadamente a su casa de sorpresa, Ash decide escapar por la ventana. Daniel suma dos más dos cuando ve a su amigo parado del otro lado de la ventana y lo increpa. Ash cae al vacío.

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Apuesta provocadora, proponer la risa a partir de una enfermedad tan tremenda como el cáncer y la muerte. El humor negro se presenta claramente y marca las reglas del juego: en Sick Note nos vamos a reír de cosas que no son muy políticamente correctas. Los personajes secundarios refuerzan la apuesta, construidos también desde la exageración y el absurdo –el mejor, sin dudas, es el dueño de la empresa de seguros, Kenny West (Don Johnson), un desagradable extremo con grandes momentos en la serie–.

En el segundo capítulo Daniel y Glennis deberán volver a unir fuerzas para cubrir una segunda mentira, casi tan o más tremenda que la primera. La torpeza y “mala suerte” del doctor y la apatía de Daniel irán complicando todo cada vez más. Y más, porque Ash no está muerto y es testigo de la mentira y también del “intento de homicidio”. El falso enfermo y el incompetente doctor irán cubriendo sus mentiras con más mentiras y sus torpezas engendrarán nuevas torpezas, y así. Lamentablemente, cuando llegamos al tercer capítulo ya entendimos que no estábamos ante una original comedia británica de humor negro sino ante una típica comedia de enredos; aunque con grandes momentos, eso es innegable. Como cuando “fingen” aplicarle quimioterapia a Daniel o el oficial Hayward (excelente Daniel Rigby) comienza a cobrar protagonismo.

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La serie, escrita por Nat Saunders y James Serafinowicz, sigue funcionando como entretenimiento y tiene sus momentos para quienes gustamos del humor negro o incómodo. Plantea al final de la primera temporada un conflicto que permite abrir y desarrollar la segunda, con un personaje cuyas motivaciones no quedan del todo claras aunque sirve para generar nuevos enredos. Pero no despierta más la risa en voz alta o la sorpresa, porque la dinámica de “casi sale todo mal-se resuelve” por lo general hace muy esperables las escenas. Sin embargo, como dijimos, tiene sus muy buenos momentos. Grint está a la altura y Frost lleva al extremo el patetismo de su personaje. La aparición de Lindsay Lohan en la segunda temporada despierta el interés. Y los capítulos son de un promedio de veinte minutos, dinámicos. Vale la pena verla, pero sin esperar demasiado.