Titans: Algo más que sidekicks

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Por Hernán Castaño, con aportes de Fabio Vallarelli

Hace un tiempo y previo a su estreno, publicamos un panorama general de series superheroicas acá en la 24 Cuadros. Titans entraba en el casillero de lo que nos intrigaba. A priori y por las imágenes reveladas parecía que esta primera serie de DC Universe, el servicio de streaming de DC iba a tener unos valores de producción mediocres. Ningún actor de renombre en el cast, un vestuario decadente y un CGI que se presentaba muy flojo en los teasers nos llevaban a esa presunción. Y, pare ser sinceros, no sumaba nada bueno el apellido Berlanti detrás. Eppur si muove. No podíamos habernos equivocado más.

Titans es la mejor serie de DC en el aire y una de las mejores superheroicas o basadas en un cómic en general. Todo lo que temimos eran fruslerías y cháchara de fan descreído. El cilicio será apretado fuerte a la noche rezándole a Geoff Johns. Sangraremos profusamente y así se honrará toda la sangre que la serie nos dedicó.

Titans es un supergrupo histórico creado por Bob Haney y Bruno Premiani a comienzos de los 60, que sería redefinido y reinterpretado de forma definitiva por Marv Wolfman y George Perez a comienzos de los 80. En sus orígenes tenía como fin darle lugar a los sidekicks, ayudantes de los principales héroes del sello. Con el paso de los años y sobre todo gracias a los años que Wolfman y Perez estuvieron a cargo de la franquicia, Titans (o Teen Titans) adquirió renombre e importancia propia dentro del panteón de los supergrupos de DC. Incluso obtuvo una galería de villanos propia, diferenciándose con los superhéroes a los que otrora secundaban.

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Uno de esos villanos es el padre de Raven, el demonio interdimensional Trigon, personaje misterioso (para aquellos despistados que no vieran la serie animada de hace más de una década) que es el responsable del gran arco argumental inconcluso de esta temporada, quizá nuestra mayor y única crítica al show.

Con Raven empieza la serie y con ella concluye. Teagan Croft es la actriz que da vida a esta adolescente conflictuada por poderes sobrenaturales que no puede manejar. Su rol como Rachel Roth (la futura Raven) es probablemente el punto más flojo a nivel actoral. De todos modos, tiene crédito para futuro porque Raven es durante mucho tiempo un personaje bastante “monoemocional” y puede ser que, en ese fin, funcione.

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Los primeros cinco minutos de la serie nos presentan el seteo de la trama. Rachel huye de una escena de crimen que la ha dejado huérfana para terminar en las capaces manos del detective Dick Grayson (Brenton Thwaites) de la policía de Detroit, que un poquito sabe de ser un adolescente solo en el mundo.

Mientras tanto, Koriand’r (Anna Diop) despierta sin memoria mental pero con la suficiente memoria física para derrotar a unos rivales que la atacan. En uno de sus pocos recuerdos, comprende que tiene como objetivo encontrar a Rachel porque, al mejor estilo héroes, recuerda el famoso mantra: “Save the cheerleader, save the world”. Por su parte, Beast Boy (Ryan Potter) es la adición al grupo con menos fundamento y más tirada de los pelos tras un encuentro fortuito con Rachel en una casa de videojuegos. Claro que Beast Boy pertenece a la Doom Patrol, otro grupo de héroes de DC y la próxima serie original de la plataforma por estrenarse, que tendrá un capítulo para mostrarse dentro de Titans, funcionando como una suerte de episodio “piloto” escondido.

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El grupo de Dick, Kori, Rachel y Beast Boy queda unido de momento contra un enemigo común sin rostro que los ataca y los persigue. A lo largo de los capítulos aparecerán y saldrán de escena otros personajes míticos del universo DC y también de los Titanes. Hawk y Dove en su segunda iteración post Crisis (con Dawn en vez de Donny); Donna Troy, que seguro será la tercera en discordia entre Dick y Kori; Jason Todd, el segundo Robin; la ya nombrada Doom Patrol y, para finalizar, una aparición mentirosa pero muy bien lograda del mismísimo e intocable Batman.

Todos estos personajes irán conformando un universo singular que podría tranquilamente cruzarse con el arrowverse, en principio porque es todo de la misma compañía productora. Nuestro editor, que aquí escribe, tomaría cicuta antes de ver ese cruce. Los estilos son demasiado distantes. Mientras Arrow y compañía están filmadas para el público teen de The CW, Titans es oscura, sangrienta y súper violenta. Mientras que las peleas del arrowverse se asemejan a un show amateur de la WWE, las de Titans homenajean a The Raid (y, por qué no, a Daredevil). Las diferencias de estilo y producción están entonces demasiado marcadas como para que un cruce de este tipo prospere.

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Si algo vale la pena destacar de Titans es el gran trabajo que hace para captar la esencia de los personajes y su interacción como grupo. Mientras que la Liga de la Justicia, el supergrupo por excelencia de DC, siempre tuvo como un elemento crucial la problemática de la confianza entre sus miembros, los titanes siempre fueron una familia. Ese elemento es importante en la serie pero no aparece subrayado de forma innecesaria, todo se construye con mucha naturalidad. Las caracterizaciones de los personajes son excelentes, el programa logra tener la suficiente muñeca para darle cierta verosimilitud a su construcción “en un mundo real” y conservar a la vez los elementos centrales de los cómics que lo definen.

Dick Grayson, protagonista por excelencia de la serie, es de lo mejor que puede verse de todo el DCEU. Brenton Thwaites logra con mucha personalidad darle vida a uno de los personajes más importantes de DC y plasma su conflicto de identidad con mucha claridad. Dick no es Batman, no está tan roto por dentro y quiere otra cosa para él. A diferencia de Bruce Wayne, él no usa su verdadera identidad como álter ego. Toda esta temporada es de alguna manera acerca del camino que Dick debe transitar para dejar de una vez por todas de ser Robin y asumir su nuevo rol como Nightwing, a esta altura su identidad superheroica más recordada.

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Uno de los mejores arcos argumentales de Titans (y en un top histórico de cómics) es “The Judas Contract”, que los ve enfrentarse a uno de sus enemigos más particulares y presentes: el enorme Deathstroke, que es fija que tiene que aparecer. ¿Llamaran a Manu Bennett, quien diera vida al personaje en Arrow? Si es así, otras apariciones no serían descabelladas. La otra opción es que Titans sea canon del DCEU (¿existe aún?) y el elegido sea Joe Manganiello (¡sería maravilloso!).

Como podemos observar todo está demasiado en pañales todavía, con excepción de esta primera temporada que gracias a un pacing que no molesta ni está estirado sin razón termina en un anticlimático episodio 11, dejando un cliffhanger grande como una casa que nos hace pedir por más.

Conclusión

La única crítica razonable a la serie es que Titans iba a cerrar su arco argumental en el capítulo trece y, tras una serie de reshoots y un montaje hábil, fue recortada hasta terminar en un episodio once que nos muestra a Dick en Gotham buscando a un enloquecido y asesino Batman. El capítulo se desvía de la trama principal por 40 sólidos minutos para concentrarse –de forma correcta– en el protagonista de la serie. El tema es que el plot que se había cocinado lenta pero decentemente queda del todo trunco y a la espera de una segunda y lejana temporada. No hay mucha razón para esa decisión, para nosotros, errada.

Más allá de eso, lo único claro es que gracias a un mix de un buen guion, un correcto desenvolvimiento de los personajes con atractivas actuaciones, una excelente dirección y grandes escenas de acción, a Titans le bastó para erigirse por encima del resto. Algunos dirán que es bastante poco, y puede ser que así sea, pero no deja de ser algo más que aceptable si se lo compara con la media de este tipo de producciones.

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