Green Book: más allá de las etiquetas

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Green Book narra el viaje de un eximio músico afroamericano y su chofer italoamericano por el sur profundo de EE. UU. durante los años 60. El cuadro “perfecto” para mostrar la composición de la comunidad estadounidense de aquella época sumada a las implicancias sociales y culturales que suponía cualquier tipo de desobediencia a la diferencia en los derechos civiles de las personas.

Esta es una de las nominadas a los premios Oscar, por lo que se puede asumir que tendrá mayor audiencia de lo que hubiese tenido, al menos en Argentina, de no ser así; lo que nos dificulta verla sin ese peso. Quizás sea una de esas “buenas, pero no para el Oscar”; si bien hace años que sabemos que la nómina de películas candidatas al mayor galardón no siempre garantizan buen cine, sino una mezcla de eso y algo de las temáticas en tendencia.

Con Trump a la cabeza de una de las mayores potencias del mundo y con parte de ese mundo mirando la entrega anual de los premios de la Academia de Ciencia y Artes, no es extraño ver que pueda haber una elección intencionada en Green Book.

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La película lleva el nombre de una suerte de guía para viajes por el sur de EE. UU. que exponía aquellos lugares que eran amigables en el ingreso de afroamericanos. En este caso, la pareja dispareja utiliza el libro con la intención realizar un viaje seguro.

A pesar de todas las señales en contra, Don Shirley (Mahershala Ali) decide hacer una gira por el lugar más racista del país, para lo cual contrata a una persona que pueda servirle de chofer y brindarle servicios de protección personal, en caso de que se presente alguna situación difícil. En Nueva York, las personas que frecuentan la vida nocturna de bares recomiendan a uno solo: Tony Lip (Viggo Mortensen).

El relato empieza a ser interesante no solo ante las posibilidades de riesgo y aventura que un viaje así puede traer, sino muy especialmente a partir del encuentro de las dos norteaméricas en un mismo auto, representadas por estos dos hombres.

'Green Book' Film - 2018

Tony es la encarnación del sueño americano: blanco, con raíces italianas, un padre de familia que se las rebusca para mantenerla aunque ello implique golpear, mentir o comer muchos hotdogs.

Don, por su lado, es todo aquello no esperado por un hombre “que se precie” en EE. UU. Es un afroamericano que logró tener éxito a pesar de las innumerables trabas que la sociedad le puso, orgulloso de ostentar ese éxito a través de sus gustos tan excéntricos como vivir en un penthouse encima del Carnegie Hall o emplear personas blancas para su servicio. Tampoco tiene ni pertenece a una familia tipo. Su sola existencia representa una provocación a aquel sueño americano.

Estos dos hombres emprenderán un viaje que tendrá situaciones esperables con un tono algo edulcorado, pero con suficiente rango como para pintar parte del cuadro de la discriminación e intolerancia que sigue siendo actual.

En este sentido, Green Book es una película fácil de llevar para todo tipo de público, con condimentos cómicos, lo que hace que se mezcle con otras del estilo como The Help/Historias Cruzadas (Tate Taylor, 2011), por ejemplo. Este dato llama más la atención considerando que el director es nada más y nada menos que Peter “uno de los hermanos Farrelly”, quien junto con su hermano Bobby creó algunas de las películas más incómodas pero eficientes en comicidad y mensaje como Dumb and Dumber/Tonto y Retonto (1994), There’s Something About Mary/Locos por Mary (1998), Shallow Hal/Amor Ciego (2001) o Stuck on You/Pegado a ti (2003), protagonizadas todas por personas que están por fuera de la norma y hegemonía cultural: tontos, siameses, gordas, obsesivos, etc. a quienes se les permite tener aventuras, enamorarse y hacerse un lugar en esta sociedad tras romper con ciertas estructuras, empezando por generar empatía con la audiencia.

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Las películas de los Farrelly siempre se distinguieron por generarnos incomodidad en un principio para luego permitirnos cuestionar lo tradicionalmente dado como certero. Sin embargo, en este caso, el relato es bastante complaciente y, si bien aborda el tema con una perspectiva crítica, termina por envolver todo bajo el manto de un relato de amor amistoso bastante único que oculta la parte más dolorosa de la historia norteamericana y no tiene el filo que sí tuvieron otras películas de ambos hermanos.

Dejando esto de lado, Green Book se destaca en la descripción de estos personajes únicos, ambos protagónicos, si bien Ali fue nominado como actor de reparto y Mortensen como principal. Don Shirley aparece como un desclasado que no es “ni suficientemente negro, ni suficientemente blanco, ni suficientemente hombre”… entonces ¿qué lugar le queda? Por lo que se muestra al principio, solo le queda una vida solitaria en un castillo y un modo de vida único, en los cuales puede lucirse para una de esas clases que lo quiere arriba del escenario pero no abajo entre ellxs. Él tampoco acepta mezclarse con la otra clase que disfruta de la música popular y el entretenimiento de quien toca canciones divertidas a lo loco con su vaso de whisky sobre el piano. No obstante, tiene especial interés en hacerse notar y romper estructuras en esa parte del país. Mahershala Ali lo interpreta de manera magistral, sabiendo cuándo dejar los modismos de refinamiento a un lado para dejar pasar la emoción.

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Si bien Tony aparenta ser el más simple del dúo, al mostrarse burdo y despreocupado, también tiene cierta complejidad. Este hombre sabe de dónde viene. Tal como dice es el hombre que vive en el Bronx, donde nació su padre, donde vive con su familia y donde seguirán viviendo sus hijos cuando crezcan. En ese sentido, se identifica con la clase social y el lugar que la sociedad le ha asignado a sí y a sus semejantes. Sin embargo, hay ciertas elecciones que debe hacer frente a la obligación de mantener a la familia y ser respetado por sus pares a la vez. Tony se enorgullece de sus raíces pero se avergüenza de su apellido, Vallelonga, haciéndose llamar “Lip”, que tal vez sea más parecido al de un matón que el primero. Tony fluctúa entre el padre de familia que tiene que pagar las cuentas, el matón que disfruta de su propio ego y la persona con sentimientos que puede ver más allá de las etiquetas. Durante el viaje cuesta saber cuál de estas caras es la que prima, lo cual no impide que se vaya construyendo la empatía del espectador.

Green Book es de esas películas que, a través de una historia agradable y llevadera, expone un tema polémico pero sin golpes bajos ni cuestionamientos tan fuertes que nos hagan movernos demasiado de la silla asignada.

Si logramos, al igual que los personajes de esta historia, trascender las etiquetas que solemos colocar durante la temporada de premios, seguramente sea una de esas películas que volvamos a ver un par de veces más, apreciando otro tipo de aspectos que en la primera se pasan de largo, como el rol de la compañera de Tony, Dolores (Linda Cardellini), los hermosos paisajes y la ambientación que rodean toda la historia, así como el jazz bastante particular que tocaba el famoso Don Shirley.

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