Berlinale: Cuarta tanda de reseñas

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Der goldene handschuh (Dir. Fatih Akin)

Hay un Quasimodo en Alemania y está en Der goldene handschuh.

Der goldene handschuh (El guante dorado), es un bar de mala muerte en la Alemania de los 70, en esta película que lleva el mismo nombre, dirigida por Fatih Akin, un alemán ya ganador del Oso de Oro en 2004 con la película Gegen die wand y también reconocido en Cannes en 2007 por el mejor guion con su película Auf der anderen Seite.

A quien llamo Quasimodo es Fritz Honka, un hombre de unos 30 años un poco indefinibles, con joroba, ojos desviados y asimétricos, nariz torcida; lleva anteojos y tiene el pelo grasuliento y siempre la misma ropa de mal aspecto. Repulsivo en su apariencia, en su mirada y en forma de hablar.

Este hombre es habitué de este bar de donde se lleva mujeres, no las que quiere tener, sino las que consigue: mujeres mayores de 50 años, solas en la vida, alcohólicas como él, son invitadas a su casa. Esa casa que huele tan mal… huele a los cuerpos putrefactos de esas mujeres que primero invita, después violenta sexualmente, luego mata, y corta en pedazos que envuelve en tela y mete detrás de la pared en el ático en el que vive.

Esta película que forma parte de la competición, basada en hechos reales en la historia del verdadero Fritz Honka, está construida en un tono que hace sentir una repulsión total, caracterizado él de una forma caricaturesca, e interpretado por un genial Jonas Dassler –algo cercano en la estética a Delicatessen y a como yo imagino La muerte en Trescientos Millones– pero con la crudeza de lo concreto: mujeres sexualmente violentadas y despedazadas por un misógino asesino serial. Un combo que hace de esta película, que cuenta una historia ya conocida, una original obra que vale la pena ver. Si de a ratos vienen ganas de vomitar, es normal, hasta el protagonista lo hace.

 

Ut og stjæle hester (Dir. Hans Petter Moland)

Para bajar de ese estado de alerta repulsivo a la vez que gracioso, entra a participar Ut og stjæle hester (Out Stealing Horses), también en la competición.

Cuenta la historia de un hombre de unos 70 años que decide ir a vivir en la soledad total a un pueblo alejado en Noruega, cubierto de nieve, después de la muerte de su esposa. No siente culpa, dice (ya que lo escuchamos relatar todo a él en voz en off).

En esta cabaña se encuentra con un vecino, un hombre que resulta ser alguien conocido de su infancia más tabú: Lars, un joven que en el pasado, y sin querer, mató a su hermana melliza.

Es a partir de la aparición de este hombre que la película viaja hacia el pasado y vuelve contando su verano de la infancia y la historia de amor de su padre, mezclada un poco con la ocupación nazi y resistencia, en una bella fotografía.

Se trata también de una adaptación, dirigida por el noruego Hans Petter Moland y protagonizada por el reconocido Stellan Skarsgård, actor sueco ya ganador del Oso de Plata en 1982 y mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 2002. Tiene un tempo relajado, muy de la soledad de un pueblo en el que solo hay que conseguir leña para la casa.

 

37 seconds (Dir. Hikari)

Y 37 segundos son los que se necesitan para enamorarse de Yuma, y una hora y media para descomprimir la conmoción y seguir descomprimiéndola durante media hora hasta el final.

Hay películas que para esto recurren al golpe bajo y a la patada en el pecho.

El film 37 seconds, de la japonesa Hikari, no. O por lo menos no hasta el final, para ser más objetiva.

Yuma es una chica de 23 años, artista dibujante de manga. Tiene una parálisis cerebral de nacimiento por lo que no puede caminar y se moviliza en silla de ruedas.

Este intenso drama cargado de humor no se detiene en el aspecto de la imposibilidad de la protagonista en sí mismo, pero sí lo expone y trata como un tema y parte, por supuesto, de su vida.

La jefa de Yuma es la prima, una chica que fraudulentamente se hace pasar por dibujante mientras la que hace el trabajo es Yuma, y tiene mucho éxito.

No obstante, Yuma es una ternura de persona pero obstinada. Y así es como emprende el viaje hacia la liberación, el crecimiento y el autoconocimiento. Con el deseo de tener sexo, se embarca en la búsqueda de un hombre, recorriendo la ciudad de Tokio por las noches y conociendo a quienes serán sus compañeros, todos del mundo de la prostitución, que la apoyarán y alentarán en su deseo de independencia.

La directora en la presentación de la película cuenta que realizó una gran cantidad de entrevistas y que eso hizo que fuera conociendo cada vez más aspectos de la vida de las personas con discapacidad, y que le llamó la atención como muchas cosas se repetían. Por ejemplo, la culpa de las madres y en consecuencia la necesidad de sobreprotección, representado muy bien en el personaje de la madre de Yuma. Es llamativo que al mirar la película una/o se pregunta si tiene alguna experiencia cercana en su vida y, si así fuera, lo difícil que es contar algo desde la propia vivencia. Cuenta también, cómo después de la cantidad de mujeres que audicionaron para el rol de Yuma (a quienes agradece en los créditos al final), junto con la ya elegida protagonista fueron ajustando y modificando cuestiones del guion para que se adaptara a su propia discapacidad.

Sobre el mundo en el que ella encuentra contención y colaboración, Hikari dice que en general se tiende a pensar que son personas más cerradas cuando no es así, y que es un mundo mucho más abierto de lo que se piensa, y así quería mostrarlo.

Por la profundidad con la que esta película aborda el tema de la sexualidad en las personas con discapacidad y lleva la historia por lugares que no son los comunes sino los sensibles, hay que decir gracias y disfrutar de la preciosa interpretación y sonrisa de Mei Kayama, quien nunca estudió actuación y sobre lo que la directora misma dice: “la experiencia para mí no es nada, lo que importa es la reacción ante las acciones y ella reaccionaba, y me di vuelta, y todo el equipo estaba llorando. Dije: La tenemos”.

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