Reseña: Bird Box

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Con spoilers. Pero no te prives de leerla por eso. No hay misterios en esta película.

A priori, lo más raro de Bird Box es su megacampaña publicitaria. Películas flojas salen todos los días. Netflix es un especialista en producirlas. Pero que tooooodo el mundo sepa que hay una película nueva de Sandra Bullock, esa de “los ojos vendados”, es lo que la convierte en un evento notable.

¿Existiría Bird Box si no hubiera sido exitosa A quiet place (John Krasinski – 2018)? No es fácil contestarlo. Lo más seguro es que el guion de Bird Box haya estado reposando en un cajón durante años y el algoritmo que rige los destinos del gigante rojo haya decidido elegirlo para producción.

Narrativa y estructuralmente, Bird Box funciona como media temporada de The Walking Dead o de Falling Skies. Como cualquier película postapocalíptica estándar. Incluso, el evento disruptivo, los suicidios inducidos por algún evento natural (o sobrenatural, en este caso), estaban ya en The Happening (M. Night Shyamalan – 2008), tal vez la segunda peor película del maestro hindú.

Bird Box Movie

Sandra Bullock es Malorie, una pintora embarazada, que va a control médico junto con su hermana Jessica –una desaprovechada Sarah Paulson– cuando se desencadena una serie de suicidios en masa en la ciudad. Jessica muere pronto y Malorie termina encerrada en la casa-refugio, con el consabido grupo de características variopintas. Los suicidios se ocasionan a raíz de ver algo, que jamás se sabrá qué es, pero que varía según quien lo vea. Hay un pifie importante aquí, que no se puede dejar pasar. Al inicio, solo algunos pueden ver al ente que ocasiona una alucinación que los hace suicidarse. Unos minutos después, absolutamente todos pueden alucinar. Todos, menos los espectadores, claro.

Voy a autocitarme, pero sabrán disculpar. El tiempo es tirano y las películas parecidas. Y a veces es necesario copiar y pegar, en vez de redactar todo de nuevo. Hace unos años escribí un artículo llamado La ciudad muerta, en el que decía esto:

El cine y las series, siguiendo a los maestros de la ciencia ficción en su vertiente ucronía apocalíptica, han imaginado muchas veces el fin de la civilización. La forma más usual es el relato situado luego del quiebre. Las peripecias se suceden en un mundo que lleva años devastado. Las reglas ya han sido reescritas y durante el relato vamos descubriendo el nuevo orden, al mismo tiempo que los personajes, o a través de ellos. Pensemos en The Road (John Hillcoat – 2009), The Book of Eli (Albert y Allan Hughes – 2010), I am Legend (Francis Lawerence – 2008), incluso en La Jetée (Chris Marker – 1962) y Waterworld (Kevin Reynolds – 1995).

Una vertiente menos común es situarnos en el grado cero de la debacle. La primera Mad Max (George Miller – 1979) nos ubicaba en un entorno que se iba desintegrando. El estado australiano perdía el control de las carreteras, en manos de pandillas, todo esto en base a una crisis por la falta de combustible. Rise of the Planet of the Apes (Rupert Wyatt – 2011) andaba por un camino parecido. Buscando una cura para al Alzheimer, un científico termina creando una droga que vuelve a los simios tan o más inteligentes que los humanos, iniciando la caída de la civilización. Children of Men (Alfonso Cuarón – 2006) plantea un mundo donde las mujeres no pueden quedar embarazadas, la población está envejeciendo y la humanidad comienza el camino hacia la extinción.

El ejemplo más claro sería la diferencia entre The Walking Dead y Fear the Walking Dead, ambas de Robert Kirkman. En TWD, Rick se recupera del estado de coma, en el Hospital de una ciudad pequeña y periférica, tiempo de después del brote zombie, cuando la sociedad ya ha sucumbido. En Fear the Walking Dead vivimos el brote en Los Ángeles, la reacción del gobierno, las pequeñas batallas que, una a una, son perdidas hasta que nos adentramos en el mundo apocalíptico.

En la primera modalidad, el apocalipsis es un marco; es un espacio de la acción. Condiciona las situaciones. Define y modela la psiquis de los personajes. En la segunda modalidad, el apocalipsis es un hilo esencial de la trama, por su cronología, y la relación causa y efecto. Las reglas del juego se escriben frente a nosotros y los personajes las aprenden al mismo tiempo.

Bird Box

Fin de la cita. Más de la mitad de Bird Box pertenece al segundo subtipo. El 75% de la película, de por sí bastante larga con sus 124 minutos, sucede cerca del grado cero del apocalipsis. Es muy parecida a World War Z (Marc Foster – 2013) en ese sentido. Los guionistas gustan de decir “empieza y empezó”. Pronto, Malorie, embarazada, se encuentra refugiada en una casa, rodeada por un grupo de extraños, con características diferentes. Este grupo, o raid, se complementará para lograr la supervivencia. Tenemos al brusco Douglas (John Malkovich), al galante Tom (Trevante Rhodes), al solidario Greg (BD Wong), a la anciana Cheryl (Jackie Weaver), al esclarecido Charlie (Lil Rel Howery), a la autoridad Lucy (Rosa Salazar) y al adicto Felix (Machine Gun Kelly). Cada uno de ellos tendrá un papel en el devenir de los acontecimientos.

Esta estructura de “grupo de supervivencia en espacio cerrado” es un género en sí mismo. Estaba en El Eternauta (H. G. Oesterheld y Francisco Solano López – 1957). Estaba en Night of the Living Dead (George A. Romero – 1968). Cientos de relatos con múltiples variaciones usaron este recurso: lo hizo 10 Cloverfield Lane (Dan Trachtenberg – 2016), The Mist (Frank Darabont – 2007), The Abyss (John Cameron – 1989), y con variaciones The Purge, The Thing, y muchas, muchas más.

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Estos relatos tienen siempre acontecimientos comunes antes del fin: el aprendizaje de las nuevas reglas, la salida a buscar provisiones, cualquier cosa, desde comida, agua, aire, municiones, energía o medicamentos. Y la llamada a la puerta, en la que deben decidir si abren o no abren. El grupo siempre resolverá mal una de estas situaciones y esto será el punto alto del segundo acto. Para que estos relatos funcionen, tienen que tener un grupo de personajes interesantes. Buenos diálogos. Actores y actrices involucrados con el libro. Tiene que haber tensión en el ambiente. Tenemos que lograr tensión interna en el grupo. Eso que The Walking Dead hizo bien durante años. Una vez protegidos del mundo exterior, la tensión se vuelve al interior, al confinamiento. En esto Bird Box fracasa. No nos interesa esta gente. No empatizamos con nadie. Y sabemos, porque lo vimos mil veces, que Douglas / Malkovich, que es el hijo de puta antipático, interpretado por alguien que ya interpretó a unos 75 hijos de putas antipáticos, tiene razón. Y sabemos que no le van a dar bola. Y sabemos que todo se va a ir al demonio.

El aprendizaje es lo que da nombre a la película: los pajaritos perciben a los entes. Se ponen frenéticos y preanuncian su llegada. La supervivencia se logra vendándose los ojos, es decir, NO MIRANDO. Todo esto sería suficiente si no fuera por el factor disonante, presente en la mayoría de los relatos apocalípticos: el grupo de humanos descarriados. En este caso, los enfermos mentales, que aman al ente y quieren que todos lo vean. Extrañamente estos locos, escapados del asilo, son capaces de organizarse en milicias, realizar búsquedas, asaltar las casas y obligar a los sanos a ver al ente, y por ende a suicidarse. Bastante bien para gente que días antes comía papilla con los dedos. Se desconoce si esta capacidad destructiva está inducida o no por el ente. Ya que se desconoce absolutamente todo del ente.

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Hubiera sumado que la película tuviera una idea visual. La subjetiva de los ojos vendados es una tela –UN PEDAZO DE TELA– sobre el lente de la cámara. Las ventanas tapadas no traen demasiada oscuridad interior. Para ser una película en la que se cuenta que la salvación está en NO ver, en las sombras, en cerrar los ojos, tiene, notoriamente, una falta de imaginación visual que molesta. Es chata y sencilla. Esto sería tolerable si, de alguna manera, la trama fuera apasionante. Creo que mi opinión sobre eso ya es clara, pero por las dudas la digo: no lo es.

La película está construida en dos líneas narrativas. El pasado en grupo, del que ya escribí, y una línea más corta del presente, en la que Malorie junto con un niño y una niña emprenden un viaje en bote a través de un peligroso río, con los ojos vendados, para llegar a una suerte de santuario. La meca, ciudad grande, espacio protegido, que es también una constante de estos films. Viajando con dos niños pequeños, sería una rareza de la peor mala leche que no lograse su cometido. Estaríamos hablando de otra película, y esto es algo que se nota desde el inicio.

Netflix le encargó esta película a Susanne Bier, que venía de dirigir la miniserie The Night Manager (2017), basada en la novela de John Le Carré. Anteriormente y entre otras, Bier dirigió In a Better World, ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera 2011. El guion es de Eric Heisserer, responsable de la excelente Arrival (Dennis Villeneuve – 2016) y de la correcta Lights Out (David Sandberg – 2016). No tengo respuestas sobre qué trataron de hacer con Bird Box, una película agotada, que vimos cien veces, que no hace nada ni diferente, ni nuevo, ni mejor. Una película filmada con los ojos vendados, los oídos tapados y la boca… que la boca se te haga a un lado.

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