Sorry to Bother You: capitalismo desenfrenado

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Hay un boom de películas alegóricas, lo venimos diciendo desde hace un tiempo. El cine independiente o industrial de bajo costo aparece en los últimos años como una trinchera y un espejo en el que vemos reflejadas las principales problemáticas del mundo en el que vivimos y aquellas que se vienen en un futuro cercano. La lucha del movimiento de mujeres, los conflictos raciales, el miedo a la utilización de las armas químicas, son solo algunos ejemplos.

En esta línea, casi tocando todos los ejemplos del párrafo anterior se ubica Sorry to Bother You, la ópera prima del rapero Boots Riley y uno de los hits del indie estadounidense en 2018.

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Al igual que sucedió con Get Out en 2017, Riley se encarga de construir un relato que comienza con cierto anclaje realista para luego transformarse en un delirio hermoso y una alegoría irónica y ácida sobre la industria del trabajo en el capitalismo moderno.

Sorry to Bother You se centra en la vida de Cassius Green (Lakeith Stanfield, el pibe del sombrero de paja en Get Out), un lumpen afroamericano que tiene serios problemas para llegar a fin de mes y está a punto de quedar en situación de calle. Cassius consigue un empleo muy precarizado como telemarketer para RegalView, una empresa que en Argentina llamaríamos “consultora”, es decir, una prestadora de servicios para otras compañías que ofrecen productos o servicios.

Conseguir este empleo no parece mejorar mucho la vida de Cassius y su novia Detroit (la siempre correcta Tessa Thompson). La empresa no paga y las ventas no son buenas, todo eso genera un malestar en los empleados que comienzan a conversar para sindicalizarse. Este proceso de organización laboral es comandado por nuestro protagonista y sus amigos Squeeze (Steven Yeun, sí, el querido Glenn de The Walking Dead) y Salvador (el comediante Jermaine Fowler).

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El quid de la cuestión y donde la trama comienza a enrarecerse se da cuando Cassius recibe de su compañero de escritorio, un avejentado Danny Glover, el consejo que lo cambia todo: para vender y tener éxito hay que hablar como un blanco. Sí, eso mismo, poner la voz de un blanco.

No es necesario adentrarse en mayores spoilers o precisiones argumentales, solo alcanza con dejar en claro que en ese quiebre Sorry to Bother You irá subiendo la apuesta con el correr de los minutos, volviéndose cada vez más ácida, política y alegórica, con el objetivo de ridiculizar cómo se dan las relaciones humanas y laborales en este capitalismo voraz en el que vivimos. Por supuesto, alguno ya saldrá a decir que la película no ofrece ninguna solución a esto. Esto es cierto, ahora bien, ¿es esta la tarea de una película? En lo personal, creo que no.

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En resumen, Sorry to Bother You es una película muy pequeña, de escaso presupuesto. Una de esas ideas que cualquier cineasta quisiera tener por su facilidad y fiabilidad productiva. Cada dólar de más está más que bien gastado en decisiones productivas que ayudan a mejorar la eficacia narrativa y dramática de una película que, a modo de comedia delirante, ofrece una de las expresiones políticas más fuertes del cine en 2019. Para aquellos que aman las funciones de trasnoche del Ambassador programadas por el querido Pablo Conde, este filme les resultará ideal y una bocanada de aire fresco, mientras esperan nuevamente que llegue noviembre y las largas filas por la calle Córdoba.

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