Narcos México: hay coca después de Escobar

imagen destacada (2).jpg

Narcos es uno de los caballitos de batalla de Netflix, y en esta ocasión deja las cumbias parceras colombianas por los corridos chingones mexicanos. En una nueva lucha contra el narcotráfico, la trama nos adentra en los inicios del Cártel de Guadalajara en México.

Esta nueva temporada, aunque lleve el nombre Narcos y la misma canción de apertura (Rodrigo Amarante), se la podría considerar una serie complementaria o spin off debido a que el equipo técnico cambió (ya no está Chris Brancato) y porque la línea temporal vuelve a la década de los 80, cuando la tercera temporada termina a mediados de los 90 con el Cártel de Cali. Sin embargo, a pesar del cambio de escenario y personajes, la estructura, el ritmo y los recursos que utiliza para contarnos la trama son los mismos. La utilización de material de archivo y la voz en off de un agente de la DEA que narra los hechos son marcas registradas de la serie.

Como en las temporadas anteriores, las líneas del bien y el mal están bien marcadas. Los antagonistas por antonomasia. Por un lado, está Diego Luna en la piel de Miguel Ángel Félix Gallardo, el nuevo Padrino de Narcos y, por otro lado, tenemos a Michael Peña interpretando a Kiki Camarena, agente de la DEA metido a fondo para acabar con el narcotráfico que tan mal le hace a Estados Unidos (nunca se dirá que el consumismo de Estados Unidos hace muy mal a los países productores tercermundistas, sumiéndolos en una tormenta de violencia).

NARCOS_MEX_103_Unit_01785R.0

La historia nos adentra en los inicios de Miguel Félix Gallardo como un policía corrupto que contrabandea con marihuana junto a su socio Rafa Caro Quintero (Tenoch Huerta). Ambicioso como cualquier antihéroe, propone al capo de Sinaloa mudar el negocio a Guadalajara donde los dividendos crecerán. Pronto hará pactos con los federales mexicanos y políticos y asumirá el control de todo (luego de unificar a todos los cabecillas) comenzando a traficar con cocaína y convirtiéndose en el “Padrino” y en un miembro destacado dentro del espectro social más pudiente de México. Hasta ahí es una historia ya vista en muchas series y películas que toquen el narcotráfico, pero si tiene algo en particular la serie Narcos es que es adictiva. Se ven los capítulos de corrido.

Mientras vemos como Félix Gallardo crece y construye su Imperio Narco, Kiki Camarena lucha a sol y espada contra la corrupción de los políticos y policías mexicanos. Se infiltra en un campo por iniciativa propia y solo lo apoya su jefe. En esta temporada se apunta más a la corrupción estructural de un país, una corrupción que impide que los buenos (los yankees) hagan su trabajo para limpiar México y Latinoamérica. Esta es una falencia en la que Narcos cae desde la primera temporada, no es creíble que nunca haya un agente de la DEA o la CIA dentro de las coimas dadas por los capos de las drogas.

0005529508

Un punto alto son las actuaciones. Diego Luna cumple un muy buen papel a pesar de que su personaje no cuenta con el carisma que tenía el Pablo Escobar de Wagner Moura (sí, hay gran cameo de Medellín y Cali). Mientras que Michael Peña también cumple, es uno de esos actores que siempre le queda el papel de tipo bueno y honesto. Aunque el personaje más destacado sea el de Tenoch Huerta, su Rafa Caro Quintero opaca por momentos al resto al ser el más explosivo y con más chispa, puede ser debido a que el personaje en un momento queda embobado viendo Tony Montana, a partir de allí su vestimenta y actitudes se asemejarán al cubano que vimos en el Scarface de De Palma.

En conclusión, Narcos: México cuenta otra vez con grandes actuaciones, una música que acompaña al relato y nos pone en clima con la introducción de personajes que de seguro se irán desarrollando en las siguientes temporadas, como Amado Carrillo, La Reina del Pacífico, los Arrellano Félix, El Güero Palma, El Azul y el Chapo Guzmán, que nos darán, quizás, lo más crudo y sangriento de la guerra contra el narcotráfico, la proliferación de cárteles y la guerra entre cárteles. Claro, que los agentes del bien de la DEA seguirán siendo impolutos e incorruptibles, los monos con cuchillos somos los latinos. Esto es algo que supongo, ustedes dirán si estoy en lo cierto después de ver la última escena.

Anuncios