RESEÑAS FESTIVAL “CINEUROPA 32” DE SANTIAGO DE COMPOSTELA. (Parte II)

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Panorama latinoamericano en el #Cineuropa32

Este festival ocupa cuatro semanas en el mes de noviembre en Santiago de Compostela, y no recuerdo una semana en que haya parado de llover. Es corriente ver reflejadas las luces en los charcos que se forman en sus empedradas calles y los paraguas destrozados por las ráfagas de viento, encajonado por los muros de granito de su casco histórico. Nunca se agradece este clima, pero sí que exista un festival que nos mueva a salir de casa.

Durante las últimas semanas, se proyectaron varias películas que podrían ser enmarcadas en el panorama latinoamericano, algunas de las cuales considero oportuno comentarlas a continuación. No así el caso de La flor, de Mariano Llinás, que fue proyectada en sus tres partes, y en tres días consecutivos, lo cual supone un desafío mayor a lo que pretende esta publicación. Esta película de 815 minutos goza de la particularidad suficiente como para extenderse más allá de una lectura ágil destinada a resaltar humildemente destellos de singularidad. Entonces, veamos cine:

NUESTRO TIEMPO (Dir. Carlos Reygadas, 177′)

Ya se ha visto, pero nunca es fácil el desafío de escribir, dirigir y actuar en una película. Carlos Reygadas crea una ficción de la mano de su familia, cumpliendo los mismos roles, sin ser autobiográfica. A través de una pareja en el campo mexicano, brinda un contraste entre lo moderno y lo antiguo, una visión que pule hasta llegar al deterioro de las relaciones más íntimas. Pone la ética en cuestión, mostrando el daño mutuo en la pareja a partir del desgaste de la convivencia más que del ejercicio de la violencia. Parece tener como principio utilizar los lenguajes para causar emoción, lo que se agradece como espectador para no caer en el efecto homogeneizante de la industria cinematográfica. En el transcurso de la película ejemplos sobran, desde el tiempo de duración, la lectura de cartas con voz en off, la utilización del espacio y el paisaje, hasta el ritmo lento que exige profundizar en la vida de dos personas en la construcción de una pareja que pretende no perder las libertades individuales.

El cambio de la comunicación a partir de internet, la imposibilidad de hablar a la cara de personajes que pretenden ser abiertos en su comprensión pero que terminan rompiendo en llanto frente a la adversidad ajena, para darse cuenta de que sus crisis personales se reflejan en sus relaciones. La película tiene reiterados disparadores en las imágenes y en las acciones de los personajes, que estimulan las asociaciones y la indagación personal. Según confiesa el director, estos no son tal, no están puestos deliberadamente para buscar un canal unívoco, sino que son analogías que el espectador construye en base a la película. Sin duda, la provocación es real y aconsejo dejarse llevar.

 

PRAÇA PARIS (Dir. Lúcia Murat, 110′)

Pensaba que desde la actuación de Sônia Braga en Aquarius (2016) no iba a tener otra actriz brasileña favorita, afortunadamente me equivoqué. Grace Passô interpreta de forma magistral a Gloria, quien decide tratar sus problemas personales en una consulta psicológica con Camila, estudiante portuguesa de post-grado en Río de Janeiro. Comienza así una relación que trasgrede el límite profesional y que da vida a una película que intriga al espectador hasta el final.

Se disputa de forma cinematográfica el protagonismo de la historia en forma oscilantemente asimétrica. En una primera parte, se construye un estereotipo de Gloria: ascensorista de una universidad, que creció y vive en una favela con un pasado que la atormenta. El personaje de Camila permanece expectante hasta que las diferencias socioculturales entre ellas inician un thriller, más acorde a la imagen creada hasta el momento que a una realidad de hechos. El miedo es un arma de tensión constante que se mantiene hasta el desenlace.

Tanto en el comienzo como en el final, la imagen es la misma, lo importante es el cambio que sucede sin quererlo dentro de los personajes a partir de su encuentro. El único testigo de esto es el espectador, que deberá poner en juicio si es conveniente este tipo de relaciones.

 

LAS HEREDERAS (Dir. Marcelo Martinessi, 97′)

Algo no salió bien en la casa, una deuda no pagada, una denuncia por estafa y la privación de la libertad para una de las dos mujeres de la pareja que, paradójicamente, simboliza la libertad de la otra. No era suficiente con vender los muebles heredados de la familia burguesa, hubo que poner en venta el auto, y he ahí otro punto de inflexión en esta historia. Con planos que nos permiten meternos casi dentro de los personajes, se percibe el cambio progresivo en Chela que, en su soledad, se ve forzada a decidir.

Con una sencillez admirable y un ritmo de pequeños pasos, la película transcurre cómodamente para el espectador. Sin necesidad de grandes sobresaltos ni enormes diálogos efusivos o drásticas revoluciones, la trama se revela. Una historia de emancipación de una relación, que no evidencia ser violenta hasta que se descubre la fuerza opresiva que ejercía sobre la personalidad de la protagonista. Argumentan más las miradas que los diálogos, y sobre el final las sensaciones son mucho más importantes que los hechos: la mía es que todo seguirá igual.

LA CENA BLANCA DE ROMINA (Dir. Hernán Martín y Francisco Rizzi, 62′)

Este documental está dividido en tres partes, pero centrado en el caso de Romina Tejerina, condenada por el asesinato de su hijo recién nacido, fruto de una violación y de la imposibilidad al acceso libre a la interrupción voluntaria de su embarazo.

El título refiere a la noche de festejos por la graduación del secundario en San Pedro en Jujuy. La primera perspectiva son las condiciones sociales y políticas por las que está regido el pueblo: la falta de acceso a la información sobre sexualidad; el aumento de casos de embarazo a temprana edad en los hospitales; la ambigüedad frente a las problemáticas, la condena social y posterior aceptación de la maternidad adolescente. Luego, abundan las entrevistas que dan reflejo de las distintas posturas frente al caso de Romina. Si se buscan las diferencias entre los encuadres de las entrevistas a los abogados que formaron parte del juicio, se detecta desde qué esquema ideológico se posiciona la película. A veces impresiona ver las reacciones en la comunidad, tanto en sentido positivo como negativo. La última parte del documental pone énfasis en la lucha actual por los derechos de la mujer.

WIÑAYPACHA (Dir. Óscar Catacora, 89′)

Es frecuente la asociación de la vejez con la soledad, y esta película no escapa de esta realidad tantas veces retratada en el cine. Sin embargo, las particularidades abundan en esta historia de una pareja de ancianos en los Andes de Perú. En un retrato de una vida austera y desolada, los protagonistas deben resolver su subsistencia sin contar con ayuda y con el peso del desgaste físico acumulado.

El relato se da con una sucesión de planos fijos que permiten maravillarnos del entorno e, incluso, nos deja la sensación de estar allí mismo, dentro de la escena. Es constante la prepotencia de querer encontrar soluciones, aparentemente evidentes para el espectador, a las problemáticas de los protagonistas, pero estas serían del todo ajenas al mundo que se nos presenta. Si sabemos apreciar las diferencias como una virtud, esta película sembrará la semilla de querer entender la cultura aimara con más profundidad. Este concepto será clave a la hora de valorar y disfrutar la experiencia hasta el final.

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