Operación Meh

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Por muy poco no hago esta reseña con memes. Operación Final me generó la misma apatía que un disco nuevo de Fito Páez. La tibieza del guion sumada a una dirección inefectiva que no se decide para dónde ir la vuelven una película fácilmente mirable y al mismo tiempo olvidable.

La historia se enfoca en el reconocimiento y la posterior captura de Adolf Eichmann (Ben Kingsley), el llamado “arquitecto” de la Solución Final que exterminó miles de judíos en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Eichmann ha conseguido escapar y vive en Argentina bajo la identidad falsa de Ricardo Klement, pero un dato activa al Mossad, el servicio de inteligencia israelí, y un grupo de agentes liderados por Peter Malkin (Oscar Isaac) viajará a nuestro país para capturar a uno de los criminales de guerra más buscado.

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Un argumento interesante que se aborda con indecisión. ¿Estamos ante un thriller? ¿Una película histórica? ¿Un drama? El primer acto intenta ser una película de espionaje, e incluso logra ciertos momentos de tensión, pero las deliberaciones de los agentes en las oficinas del Mossad se parecen a la redacción de un diario. El único que le aporta intensidad a todo eso es Isaac, porque tiene que llevar la voz cantante, hacer de héroe compungido que tiene en su recuerdo a una mujer asesinada en manos de soldados nazis. No está mal a pesar de los clichés.

Pero si el film arranca trastabillando, al desarrollarse el segundo acto vemos la inútil necesidad de pretender abarcar todo y al final no contar nada. Después de la captura de Eichmann (llevada adelante con un suspenso de cartón), habrá momentos en los que la película tratará de decirnos que tengamos cuidado, que los agentes israelíes violaron tratados internacionales y su misión peligra en caso de que se entere el gobierno argentino. Está el hijo de Eichmann que ronda, preocupado por la desaparición de su padre, junto con un grupo de nazis que podrían llegar a desbaratar la operación.

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Después, con unos saltos de guion y un clima que no hace pie en nada, parece que nos quieren contar la relación de Isaac y Kingsley, la confianza y comprensión entre captor y capturado. Para ello se recurre a unas líneas de diálogo superfluas y carentes de sentido a esa altura de la película, que lo único que hacen es desviar el foco de atención hacia otro lado. Se le da algunas pinceladas a la personalidad de Eichmann como alguien razonable e íntegro, y se da cierre a la necesaria empatía del espectador con el agente Malkin cuando este cuenta el aspecto más traumático de su vida, el cual lo llevó a estar en ese momento y lugar.

Hacia el final empieza la carrera contrarreloj que debería interesarnos, pero lo cierto es que a esa altura sabemos que nada va a sorprendernos. El pulso narrativo está tan enrevesado que no podemos esperar otra cosa más que un final seguro y un epílogo acorde.

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Cabe agregar que hay una historia de amor que tiene como protagonistas a los personajes de Oscar Isaac y Mélanie Laurent. En teoría ella es un personaje importante para la misión, aunque al final veamos que está ahí para quedarse embarazada y demostrar que el ciclo de la vida debe continuar, no vaya a ser cosa que se extinga la raza humana.

Operación Final no es una película mala con todas las letras, pero sí errante y básica. Tiene un apartado técnico preciso y una música de manual. Es de esas que te recomienda tu compañero de laburo que no ve cine, diciéndote “está buena, mirala”, pero vos ya viste el tráiler y sentís que es de medio pelo. Sin embargo, por cortesía (y un ápice de esperanza) la ves igual y le decís: “sí, zafa, está buena”. Y ahí queda todo.

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