Sicario: Day of the Película Innecesaria

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Cualquiera podría pensar que el título de esta nota es un disparo de resentimiento y una diatriba superflua que pone frente a frente Sicario (2015), del interesantísimo Denis Villeneuve, y Sicario: Day of the Soldado (2018), de Stefano Sollima. Pero no tendría sentido, y sería injusto hacer una reseña comparando, así que solo voy a decir que una es un Gold Label con dos hielos y la otra un Criadores, puesto dos horas al sol de enero en un vaso de cumpleaños sucio.

Bueno, tal vez exageré. Esta segunda parte tiene elementos que concuerdan con su predecesora. Hay marcas de estilo que buscan parecerse, como ser los planos que acompañan el andar de los vehículos por las rutas de frontera o los personajes en apariencia ambiguos, que no llegan a ser ni siquiera antihéroes.

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Nuevamente nos encontramos con Josh Brolin en la piel de Matt Graver, quien debe hacerse cargo de operaciones llenas de mugre por parte del gobierno estadounidense. Para ello convoca al siempre eficaz y despiadado Alejandro, interpretado por Benicio del Toro. El objetivo: los carteles mexicanos, quienes ahora no solo pasan droga por la frontera, sino también personas, entre los que se encuentran terroristas islámicos.

La primera mitad de la película avanza de forma correcta, planteando la tensión con una fabulosa escena en un supermercado que tiene los elementos justos para dar el puntapié inicial. Es el tempo de un thriller, esa sensación de no saber qué ni cómo ni cuándo va a pasar lo que sea que tenga que pasar. Es en la segunda mitad, cuando tiene que empezar a resolverse todo, que aparecen los problemas. Porque no mantiene esa tensión del principio y se vuelve una película de acción entretenida, pero no mucho más.

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El guion se enreda. El combo terrorismo + narcotráfico hace aguas, y no terminamos de convencernos de los tiroteos típicos de una película de acción noventosa, con la aparición estelar de muchos extras dispuestos a morir. Resulta extraño que algo así haya salido de la cabeza de Taylor Sheridan, alguien que suele elegir la sutileza por sobre lo evidente.

Por otra parte, falta un personaje guía, alguien que nos vaya ayudando a descubrir el mundo en donde se desarrolla la historia. En la primera Sicario, el papel era de Emily Blunt. Acá, hay un montaje paralelo de un adolescente con ínfulas de mafioso que, sin saber cómo ni porqué, tendrá un final extraño y difícil de entender.

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En este desfile de personajes que terminan realizando acciones fuera de su lógica, el sentimentalismo barato será un recurso inservible para tratar de darle cierre a la historia. En la última media hora no se encuentran justificativos en las decisiones de los protagonistas, siendo la más absurda la del personaje de Brolin.

En síntesis, el punto fuerte de Sicario: Day of the Soldado está en su música y en el crescendo de una acción que se acerca más a Jason Bourne que a Transformers. Es una película irregular pero entretenida, con momentos vivos y picos de tensión; pero que consta de un guion bien hollywoodense que solo querrá conformar a todos sin saber que, obviamente, eso es imposible. Recomiendo volver a ver la primera Sicario y fue.

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